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La contaminación del aire se asocia con un mayor riesgo de ingresos hospitalarios por diferentes trastornos neurológicos, incluida la enfermedad de Parkinson, la enfermedad de Alzheimer y otras demencias. Son los datos de un estudio a largo plazo llevado a cabo en más de 63 millones de adultos mayores estadounidenses, dirigido por investigadores en la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard. El trabajo es el primer análisis a nivel nacional del vínculo entre la contaminación por partículas finas (PM2.5) y las enfermedades neurodegenerativas en EE.UU. y contiene una cantidad de datos incomparable en comparación con cualquier estudio anterior sobre la contaminación del aire y los trastornos neurológicos. El estudio se publica en «The Lancet Planetary Health». Los investigadores analizaron durante 17 años (2000-2016) los datos de ingresos hospitalarios de 63.038.019 beneficiarios de Medicare en EE. UU. Los investigadores relacionaron estos datos con concentraciones estimadas de PM2.5 en función de su código postal. Teniendo en cuenta los posibles factores de confusión como el nivel socioeconómico, lo científicos encontraron que, por cada aumento de 5 microgramos por metro cúbico de aire (μg / m3) en las concentraciones anuales de PM2.5, había un incremento del 13% en el riesgo de ingresos hospitalarios para la enfermedad de Parkinson y para el alzhéimer y demencias relacionadas. Las mujeres, los blancos y las poblaciones urbanas eran particularmente susceptibles, encontró el estudio Este riesgo se mantuvo elevado incluso por debajo de los niveles supuestamente seguros de exposición a PM2.5, que, según los estándares actuales de la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU., es de una media anual de 12 μg / m3 o menos. Las mujeres, los blancos y las poblaciones urbanas eran particularmente susceptibles, encontró el estudio. El riesgo más alto de ingresos hospitalarios por primera vez por enfermedad de Parkinson se detectó entre adultos mayores en el noreste de EE. UU.; en el caso de alzhéimer y demencias relacionadas, los adultos mayores en el Medio Oeste tenían el mayor riesgo. «Nuestro estudio muestra que los estándares actuales no protegen lo suficiente a la población estadounidense que envejece, lo que destaca la necesidad de estándares y políticas más estrictas que ayuden a reducir aún más las concentraciones de PM2.5 y mejorar la calidad del aire en general», concluye Antonella Zanobetti, investigadora principal y coautora principal del estudio.

Un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) ha descubierto qué hacen las células del melanoma para pasar desapercibidas por el sistema inmunológico, que no las ataca y incluso se transforma en un aliado. El estudio, publicado en «Nature Medicine», puede tener implicaciones clínicas y sus hallazgos pueden aplicarse a otros tipos de cáncer. El sistema inmunológico reconoce y destruye las células cancerosas mediante un proceso de monitoreo llamado vigilancia inmunológica. Sin embargo, como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde, el sistema inmunológico a veces adquiere una personalidad alternativa y favorece el desarrollo de tumores en lugar de destruir las células cancerosas. Este comportamiento dual dificulta la detección de indicadores de pronóstico y objetivos para el desarrollo de fármacos. De hecho, uno de los grandes desafíos en oncología es el desarrollo de una inmunoterapia mejor y más eficaz. En los últimos años, se han realizado notables esfuerzos para mejorar la capacidad de las células inmunitarias para combatir el cáncer. Sin embargo, aunque en algunos casos las inmunoterapias tienen un gran éxito, este enfoque debe desarrollarse más. Por ejemplo, ha demostrado ser ineficaz en el tratamiento del cáncer de páncreas, mientras que en el caso del melanoma, alrededor del 60% de los pacientes responden al tratamiento. En los últimos años, se han realizado notables esfuerzos para mejorar la capacidad de las células inmunitarias para combatir el cáncer «Nuestros resultados nos ayudan a comprender por qué el melanoma metastásico se asocia con un mal pronóstico y, especialmente, por qué algunos pacientes no responden a la inmunoterapia», explica Marisol Soengas, jefa del Grupo de Melanoma.- Las diferencias en la respuesta tumoral a la inmunoterapia llevaron a clasificar los tumores como calientes o fríos. «Algunos tumores calientes no responden completamente al tratamiento, un hecho que antes no podíamos entender -asegura Daniela Cerezo, primera autora del estudio-. Nuestros datos contribuyen a explicar las razones por las que esto es así, y ayudarán a aumentar la eficacia de la inmunoterapia para estos tumores». En 2017, los investigadores del CNIO descubrieron que la proteína MIDKINE juega un papel fundamental en la metástasis del melanoma, tanto que su activación determina el potencial de metástasis del tumor. Recientemente, han dado un paso importante al descubrir un nuevo papel de la proteína en el sistema inmunológico, que en lugar de atacar las células del melanoma aumenta la inflamación y promueve el crecimiento del melanoma. Nuestros datos contribuyen a explicar las razones por las que esto es así, y ayudarán a aumentar la eficacia de la inmunoterapia para estos tumores Quitar los frenos de una respuesta inmune, es decir, usar inhibidores de puntos de control inmunitarios, no es suficiente «Examinamos bases de datos de seis estudios separados y encontramos un grupo de genes asociados con la expresión de la proteína MIDKINE en pacientes que no responden o desarrollan resistencia a la inmunoterapia», señala Soengas. Las observaciones se probaron en modelos animales: «Cuando bloqueamos MIDKINE, dos tipos importantes de células inmunes (macrófagos y linfocitos T) empezaron a funcionar normalmente de nuevo y atacaron el tumor», explica Soengas. «Esto significa que, en el tratamiento de pacientes con melanoma, debemos adoptar un enfoque terapéutico dual». Quitar los frenos de una respuesta inmune, es decir, usar inhibidores de puntos de control inmunitarios, no es suficiente. «MIDKINE debe inhibirse también, para que el sistema de defensa pueda recuperar sus funciones normales».

Todos los días puede oírse en las noticias el número de personas infectadas de SARS-CoV-2, algunas asintomáticas y otras que padecen Covid-19. Tan acostumbrados empezamos a estar que llegamos a insensibilizarnos y obviamos que, detrás de los números, hay personas. Pero es que, además, esas cifras tienen implicaciones importantes para las actuaciones que se deben tomar. Los indicadores que se suelen utilizar son o bien números absolutos o bien incidencias acumuladas (IA) –los «famosos 500». Los primeros se refieren a todos los casos desde el primer momento de la pandemia y no reflejan la evolución en el tiempo. Sobre todo, les falta la dimensión poblacional, ya que no se acompañan del tamaño de la población específica de la que provienen. El segundo indicador, la IA, nos indica el cambio (los nuevos casos) que se produce en el tiempo. La IA suele referirse a los últimos 7 o 14 días, haciendo, además, referencia a una población concreta (100 000 habitantes). Pero ninguno de los dos mide, realmente, la carga de la enfermedad. Para ello debe utilizarse la prevalencia, un indicador que sí que revela cuántas personas enfermas hay con una perspectiva poblacional. Si se habla de seroprevalencia, entonces no sólo se tiene en cuenta a las personas que han tenido o tienen síntomas, sino también a las que han desarrollado anticuerpos contra el SARS-CoV- Las cifras en España En España se puso en marcha el estudio nacional de seroprevalencia, ENE-COVID. Ya ha realizado tres sucesivas oleadas de seguimiento de datos y, por el momento, ha documentado una seroprevalencia del 5% de la población española. También ha puesto de manifiesto que un tercio de las personas con anticuerpos contra el SARS-CoV-2 no han tenido síntomas. Además, el estudio sacó a relucir una heterogeneidad geográfica importante, con una prevalencia más elevada en la provincia de Madrid y las colindantes (10%) que en las provincias costeras (inferior al 3%). Si consideramos la población española registrada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), un 5% corresponde a más de 2 millones trescientas mil personas. Que serían las afectadas por el virus –no todas al mismo tiempo– antes del verano. Habida cuenta de que se estima que la prevalencia para considerar que se puede hablar de inmunidad de grupo oscila en una horquilla que va desde el 20% al 60%, se está muy lejos en España de haberla alcanzado en la fecha del estudio. Tomemos ahora las cifras de casos confirmados en España, más de 900 000 a fecha de hoy, y supongamos que esos fueran los sintomáticos –algo que ahora sabemos que no es así–. Significaría que, según los resultados de ENE-COVID, serían solo dos tercios de los casos existentes. Por lo que se deberían sumar casi 300 000 casos más, elevando la cifra de personas ya afectadas por el virus a 1 200 000. Ni aunque se hubieran triplicado estas cifras se estaría cerca de haber alcanzado el umbral de la inmunidad de grupo. El caso de Manaos En la ciudad brasileña de Manaos se publicó, en un artículo científico todavía sin revisar por pares, que existe una seroprevalencia de entre el 44% y el 66% de la población. Este hecho se ha relacionado con haber alcanzado, en esa ciudad, una menor transmisión del virus en los meses de verano. ¿Inmunidad de grupo entonces? Está en duda. Porque parece que ahora se está viviendo allí un nuevo incremento. Por otro lado, estudios recientes efectuados en Brasil comunican una seroprevalencia en ciudades del país entre el 0% y el 25,4%. Mencionan, eso sí, que la ribera del Amazonas, donde se encuentra Manaos, presenta las más altas cifras. La dificultad de tener cifras incuestionables Casos como el de Manaos representan un ejemplo de lo difícil que resulta disponer de cifras incuestionables, algo que a muchos les extraña. Pero, ¿por qué? Hay varios factores a tener en cuenta: La identificación de casos requiere la realización de una prueba diagnóstica y una indicación para hacerla marcada en un protocolo (de vigilancia o de estudio). Si no se realiza la prueba, no hay caso. El retraso en la notificación que puede producirse. Cuantos más casos hay, más sobrecarga se produce en todos los puntos (identificación de casos y contactos, validación, notificación, análisis…) del sistema encargado de la vigilancia. Que, para colmo, está mermado en recursos y agotado tras meses de sobreesfuerzo, lo que propicia retrasos en la comunicación de los datos. Los objetivos para efectuar las mediciones son heterogénos. No es igual tener como objetivo la vigilancia para la actuación inmediata en salud pública, que la realización de un estudio (aunque sea de seroprevalencia). Se utilizan medidas diferentes. Y cada medida (número absoluto, IA, prevalencia) tiene una finalidad y una interpretación. Tener en cuenta estos aspectos es crucial para interpretar correctamente los indicadores. La vigilancia en salud pública, aunque algunos parecen pensar lo contrario, no es una tarea fácil, ni inmediata, y requiere formación y experiencia. ¿Único indicador como objetivo? Disponer de un número total de personas afectadas es importante, pero el objetivo no puede ser sólo el de conocer lo cerca, o lejos, que se está de alcanzar la inmunidad de grupo. Recientemente, además, se ha argumentado lo inapropiado de basar la estrategia ante la pandemia en tratar de alcanzar ese umbral de inmunidad. Hay que considerar diversos indicadores, y no solo uno, para conocer la situación y las actuaciones a ejecutar. Téngase en cuenta. Óscar Zurriaga. Profesor Titular. Dpto. de Medicina Preventiva y Salud Pública (UV). Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

La hipertensión arterial es la comorbilidad más frecuente en el paciente Covid-19 (50,9% de los casos), seguida de lejos por la diabetes (19,1%) y la fibrilación auricular (11,2%). Se asocia además con un mayor riesgo de mortalidad por cualquier causa, con independencia de otras comorbilidades, sexo y edad. Estas son las conclusiones de una reciente investigación vinculada al Registro Clínico SEMI-COVID-19 de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), que acaba de publicar el «Journal of Clinical Medicine». La investigación está firmada por 25 internistas, y ha analizado datos de 12.226 pacientes con infección confirmada por SARS-CoV-2 de 150 hospitales, reclutados entre el 1 de marzo y el 24 de junio y con una edad de entre 18 y 106 años El objetivo de esta investigación era, por un lado, comprobar si la hipertensión representaba un factor de riesgo independiente de muerte en pacientes hospitalizados con SARS CoV-2 o si, por el contrario, su elevada prevalencia simplemente reflejaba la edad avanzada de la mayoría de los pacientes. Y, por otro, examinar el efecto que el tratamiento antihipertensivo anterior al ingreso con inhibidores de la ECA y antagonistas del receptor de la angiotensina II (ARA2) –los antihipertensivos más utilizados– podía tener sobre estos pacientes, a raíz de un estudio especulativo, publicado al inicio de la pandemia en una revista de impacto elevado, que sugirió que estos fármacos podían potenciar la susceptibilidad y/o gravedad de la infección por SARS-CoV-2. Ahora, el estudio liderado por SEMI revela que el tratamiento previo con fármacos antihipertensivos del tipo IECA/ARA2, en comparación con otros medicamentos, no altera los resultados en pacientes hipertensos y que los pacientes tratados con bloqueadores de los receptores de angiotensina II (ARA2) p resentaban el menor riesgo de mortalidad por todas las causas de todos los antihipertensivos. Como se muestra en este estudio, la mortalidad aumentó en pacientes que no continuaron su tratamiento previo con fármacos IECA/ARA2 durante su estancia hospitalaria. Destaca el hallazgo de que el grupo de pacientes tratados con ARA2 antes de su ingreso mostraba una tendencia a mejorar la supervivencia a partir de la segunda semana de estancia. «Esta investigación supone un avance importante para comprender la relevancia de la hipertensión arterial y de su tratamiento previo al ingreso hospitalario en la infección por SARS-CoV-2, pues en una población muy extensa, y con datos robustos de mortalidad global, fusiona con datos clínicos dos hipótesis hasta ahora controvertidas en la bibliografía: una, la microinflamación sistémica como nexo de unión entre hipertensión y Covid-19; y dos, la importancia de la degradación de la angiotensina II en fases avanzadas de la enfermedad. Este estudio otorga visibilidad científica a la labor asistencial que en la práctica llevan a cabo los internistas en esta pandemia», asegura el doctor Enrique Rodilla, primer firmante de la investigación, presidente de la Sociedad de Medicina Interna de la Comunidad Valenciana (SMICV), facultativo de la Unidad de Hipertensión del Hospital de Sagunto y profesor de la Universidad Cardenal Herrera-CEU en Valencia. Esta investigación forma parte de las más de 70 en marcha ligadas al Registro SEMI-COVID-19, que contiene datos de más de 17.000 pacientes con infección por SARS-CoV-2 confirmada y en el que participan casi 900 médicos internistas de 214 hospitales de todo el país.

Hoy día, una de cada ocho mujeres va a padecer un cáncer de mama. Por eso es imprescindible que la mujer tenga concienciación de este hecho y trate de evitarlo o, si aparece, superarlo sin secuelas. En primer lugar, podemos evitarlo y, en caso de aparición, diagnosticarlo muy pronto, en estadíos tempranos, que es cuando se puede curar con operaciones nada traumáticas, que no exigen hospitalización y que deja la mama afecta, en la mayoría de los casos, intacta tras ser intervenida. Vamos a explicarlo. Las medidas de prevención están relacionadas con la alimentación, los hábitos y el régimen de vida. Así sabemos que predisponen a tener el cáncer de mama: la alimentación rica en grasas, la obesidad y el sobrepeso ya que la grasa es fuente principal de estrógenos que tanto influyen. El sedentarismo y los hábitos nocivos como el tabaco son también factores predisponentes. Lógicamente hemos de combatirlos con una alimentación sana, sin grasas, evitando la obesidad y el sobrepeso y alimentándonos de frutas y verduras preferentemente. El ejercicio físico, evitando la vida sedentaria, es también de tener en cuenta, lo mismo que de alguna manera los embarazos tempranos y la lactancia. Respecto a la precocidad del diagnóstico, se basará en primer lugar en la concienciación del problema y el autoexamen mensual. Todas las mujeres con periodo menstrual, una vez terminado este, o si ya no lo tienen, una vez al mes, deben de realizarse autoinspección y autoexploración de los senos. En caso de notar alguna anomalía, deben acudir a las Unidades de Mama que existen en casi todos los hospitales públicos y privados, en donde no hay listas de espera ni la mujer, una vez llegado allí, tiene que hacer desplazamiento alguno, teniendo la confianza de que van a ser atendidas por un grupo de profesionales que actúan con un protocolo común y sólo se dedican a la patología mamaria. Además, son necesarios los chequeos periódicos a partir de determinadas edades, cuando se debe acudir a estas Unidades de Mama para la realización de mamografías, ecografías o demás métodos diagnósticos que existen en estas unidades y que orientarán a la mujer en todo momento. Si se actúa así, en caso de que apareciera la enfermedad, se diagnosticaría en estadío muy temprano. De esta manera la paciente es operada hoy día con técnicas muy sofisticadas, realizadas por profesionales de experiencia en estas Unidades. Así, estas operaciones hoy día son muy poco traumáticas, la paciente no requiere ingreso en la mayoría de los casos y la mama operada queda como estaba sin necesidad de prótesis ni reconstrucciones en la mayoría de los casos. Hemos pues de poner una nota de optimismo ante esta enfermedad y poner en conocimiento de la mujer los pasos a seguir por la propia paciente que de esta manera fácilmente superará la enfermedad sin traumas ni secuelas. Dr. Antonio Sierra. Director de la Unidad de Mama del hospital Beata María Ana. Director de los Cursos que se celebran actualmente en el Colegio de Médicos sobre Actualización del Cáncer de Mama.

El diagnóstico del cáncer de mama ya no es tan precoz. De momento, es solo una percepción. Casos que salpican las consultas de oncología de toda España para los que no ha habido tiempo aún de poner cifras y han hecho saltar las alarmas de los oncólogos. No hay especialista al que se pregunte que no muestre su preocupación por las secuelas que el coronavirus está dejando en el cáncer. Los servicios de Oncología nunca cerraron consultas durante la primera oleada, pero los pacientes no llegaban por miedo a acudir al hospital y, también, porque la búsqueda activa del cáncer en los programas de detección precoz se desactivó hasta que se puso fin al estado de alarma y se recobró... Ver Más

Hace unos pocos años, al inicio del siglo, pensábamos que el dolor infantil crónico era el “gran desconocido”, porque realmente persistían cuatro ideas científicas equivocadas: “Les dolía menos a los niños…”, “No tenía consecuencias…”,” era imposible de valorar…” y “No existían tratamientos disponibles…” Hoy en día sabemos que la inmadurez neuronal, característica de los niños especialmente entre la semana 20 de gestación y los primeros meses, afecta más al componente inhibitorio que al excitatorio [del dolor]. Esto provoca una mayor vulnerabilidad de fetos (en el los últimos meses de gestación) y de recién nacidos ante cualquier estímulo doloroso. Además, los niños en sus primeros años de vida presentan un “periodo crítico de plasticidad neuronal” que puede facilitar cambios morfológicos definitivos en las neuronas nociceptivas facilitando la cronificación del dolor infantil hasta la edad adulta. Por eso no es de extrañar que al estudiar la prevalencia del dolor crónico infantil nos hayamos encontrado con una prevalencia mayor de la que presenta el dolor crónico en la población adulta (al menos en los países occidentales). Recientemente, tres sociedades científicas (Sociedad Española del Dolor, Asociación Española de Pediatría y la Sociedad de Medicina de Familia) auspiciadas por Fundación Grunenthal presentaron un estudio acerca del tratamiento en España del dolor crónico infantil. Este estudio se hizo aprovechando las nuevas tecnologías y, básicamente, las redes sociales como fuente de investigación epidemiológica y consiguió reclutar a 150 padres o madres cuyos hijos tenían dolor crónico. El dolor crónico tenía una duración media más de un año de evolución y, además, era un dolor que se presentaba todos los días en 8 en cada 10 niños Lo primero que vimos es que la edad de los hijos tenía un predominio claramente preadolescente (por debajo de los 12 años). El dolor crónico tenía una duración media más de un año de evolución y, además, era un dolor que se presentaba todos los días en 8 en cada 10 niños. La causa más frecuente de este dolor era desconocida, sólo en pocos casos se asociaba a una causa bien definida como el cáncer o una cirugía. Además, gracias a un estudio previo del 2017 se observó una excelente correlación entre la puntuación que daban los hijos con las que daban sus padres. De este modo pudimos constatar que el 75% los niños con dolor crónico tienen, afortunadamente, dolor leve o muy leve (puntuaciones de 1 a 4) pero el 25% restante presentaban dolor moderado-intenso (>5 del 0 al 10). Dado que la calidad de vida es un indicador de la intensidad del dolor crónico también se indagó acerca de la calidad de vida observándose una afectación importante de la calidad de vida de los pacientes, especialmente, en el estado de ánimo, la capacidad de ocio, el comportamiento en casa o la participación en actividades escolares. Era al preguntar por el tratamiento analgésico seguido cuando nos encontrábamos con la sorpresa de que 2 de cada 10 pacientes no recibían tratamiento alguno, y de los que lo recibían sólo la mitad era de tipo analgésico. La formación en dolor de los estudiantes de medicina españoles ha sido evaluada recientemente y se ha comprobado que reciben un 30% menos de horas de formación en este campo que, por ejemplo, los estudiantes españoles de veterinaria. Hay, pues, un desconocimiento de los adelantos en los tratamientos analgésicos, pues, estamos pasando de una situación “orfandad terapéutica” a una situación en que tannto la Food and Drug Administration (FDA) o la Europan Medication Agency (EMA) han favorecido que las nuevas moléculas sean siempre ensayadas también en la población pediátrica, permitiendo conocer, por ejemplo, las farmacocinética, la seguridad y la eficacia de fármacos nuevos como el tapentadol en todos los grupos de edades pediátricas. Todavía mayor ha sido el desarrollo han tenido los tratamientos no farmacológicos como los videojuegos (que han demostrado disminuir el dolor, el consumo de morfina y proteger frente al estrés en los niños con cáncer) o aplicaciones informáticas para que los niños jueguen mientras se trata y valora su dolor. También, las técnicas invasivas y técnicas de bloqueos regionales se están viendo facilitadas por el uso la ultrasonografía. Debemos incrementar los recursos para existan más unidades de tratamiento multidisciplinar de dolor infantil que aseguren un fácil acceso a todos los niños españoles que las necesiten En cualquier caso, todas estas técnicas no son efectivas (desde el punto de vista de la medicina basada en la evidencia científica) sino se aplican en el contexto de un “TRATAMIENTO MULTIDISCIPLINAR”. Este tratamiento tiene que integrar al menos tres aspectos: el físico (tratamiento fisioterapéutico), el psicológico (psicoterapia) y el médico con el concurso de un anestesiólogo y una enfermera. Desgraciadamente, en el estudio de referencia solo 8 niños de los 150 encuestados recibían este tipo de tratamiento multidisciplinar… La escasez de unidades de dolor infantil parece ser la causa de esta dificultad de los niños con dolor crónico de acceder al tratamiento adecuado. Por tanto, pasadas dos décadas, siguen existiendo unos retos o desafíos respecto al dolor crónico infantil: (1) no podemos ignorar su prevalencia y sus consecuencias en la población pediátrica española, (2) debemos mejorar la formación académica de nuestros estudiantes de medicina, y, (3) por último, debemos incrementar los recursos para existan más unidades de tratamiento multidisciplinar de dolor infantil que aseguren un fácil acceso a todos los niños españoles que las necesiten. Francisco Reinoso Barbero es Jefe del Servicio de Anestesiología y Reanimación Infantil del Hospital Universitario La Paz

Sat, 17 Oct 2020 08:08:00 +0200

Durante los primeros meses de la pandemia de COVID-19, una de las esperanzas de la sociedad y las administraciones era que la transmisión del virus SARS-CoV-2 tuviera carácter estacional, como ocurre en el caso de la gripe estacional. Esto haría que la incidencia del virus fuera menor en verano debido a las altas temperaturas. Multitud de estudios científicos han analizado la relación entre las condiciones ambientales (principalmente temperatura y humedad relativa) y el número de casos o la mortalidad de la COVID-19 en diferentes países o regiones, antes de que hubiera ningún tipo de restricción a la movilidad o confinamiento. En general, los trabajos, en muchos casos publicados sin revisión por pares, sugieren que el número de contagios era mayor si el ambiente era frío y seco (temperatura y humedad relativa bajas). Esta relación parecía existir a nivel global, en las diferentes comunidades autónomas o en Barcelona, por ejemplo. Lamentablemente, muchos de estos estudios presentaban algunos errores metodológicos: A nivel estadístico, no consideraban otras variables que también pudieran tener influencia en la transmisión. No tenían en cuenta el desfase temporal que había en los primeros meses de la pandemia entre el día del contagio y el día de la notificación oficial del caso después de realizar la prueba PCR (entre 5 y 10 días en función del país). Olvidaban que la temperatura y la humedad relativa no son variables independientes y, en general, confundían correlación con causalidad. Si se analiza la posible relación entre temperatura/humedad (representada por la temperatura de punto de rocío) e incidencia considerando provincias (o entidad administrativa similar) en España, Italia, Suecia y Alemania durante las semanas previas a las restricciones de movilidad, y se tiene en cuenta el retraso entre el contagio y la comunicación oficial del resultado positivo de la PCR, se observa que, si hay relación, ésta no es nada evidente (ver gráfica). Además, la influencia de los factores ambientales en la transmisión es menor que el efecto de las restricciones de movilidad o la disminución de las relaciones sociales. The Role of Temperature and Humidity in the Early Evolution of SARS CoV-2/UPCIncidencia IA14 (casos/100 000 habs. en los últimos 14 días) y IA14 normalizada por la superficie de la provincia de cada país 10 días después del comienzo de la epidemia. En cada caso, en función de la temperatura y temperatura de punto de rocío media de la provincia entre el 14 de febrero y el 15 de marzo de 2020. El asterisco azul es Lombardía (IT) que está claramente fuera de la curva de ajuste para Italia si se tiene en cuenta su superficie. Los contagios no han disminuido durante el verano en el hemisferio norte. Esto ha ocurrido especialmente en aquellas regiones con poca o nula promoción de las medidas higiénicas de contención del virus, como los estados del sur de EE. UU. Además, ha habido y hay incidencias muy elevadas de la enfermedad en regiones tropicales. En el caso de España, la segunda ola se ha producido en pleno verano. Para responder a esta pregunta, hay que tener en cuenta que las condiciones ambientales influyen en la transmisión de la enfermedad, y de muchas otras, según tres aspectos diferentes. Entonces, ¿cuál es la influencia de la temperatura, la humedad y la radiación solar en la transmisión del SARS-CoV-2? Las condiciones ambientales modifican nuestros hábitos de vida. En verano solemos pasar menos tiempo en interiores. Esto debería haber ayudado a disminuir la transmisión, pues se ha demostrado que el riesgo de contagio de la COVID-19 puede ser hasta veinte veces mayor en interiores. Esto puede deberse a que la transmisión se produce, no solo mediante gotas balísticas que caen rápidamente al suelo, sino también a través de partículas líquidas más pequeñas llamadas aerosoles que exhalamos al respirar, hablar, toser o cantar y que pueden contener virus activos. Los aerosoles pueden permanecer suspendidos en el aire durante varios minutos en función de su tamaño y de las condiciones ambientales (los movimientos de aire que haya). Esto implica que la COVID-19 puede transmitirse también a distancias mayores de 2 m, especialmente en interiores mal ventilados con mucha gente sin mascarilla, si se habla alto, se canta o se respira con intensidad. Las condiciones ambientales también influyen en el tiempo que el virus se mantiene activo en el aire o sobre una superficie, aunque esta última vía de contagio (a través de fómites) parece que es menos importante de lo que se creía. En un ambiente hospitalario se ha encontrado SARS-CoV-2 en el aire hasta 4 m de distancia del paciente y sobre diversas superficies, donde puede permanecer activo entre unas horas y más de un día, dependiendo de la superficie. Sin embargo, otro estudio detectó el virus en el aire y sobre diversas superficies de las habitaciones de planta, pero no en las tres habitaciones de UCI analizadas. En un ambiente hospitalario se ha encontrado SARS-CoV-2 en el aire hasta 4 m de distancia del paciente y sobre diversas superficies, donde puede permanecer activo entre unas horas y más de un día, dependiendo de la superficie Es importante señalar que, para que se produzca infección, no basta con que el virus esté presente en el aire o sobre una superficie; también tiene que estar activo. Después de un tiempo, que depende de la superficie, el virus queda inactivo, es decir, no causa la enfermedad. De manera similar, una persona, a pesar de tener aun una PCR + (se detecta virus o fragmentos de virus en una muestra), si no tiene síntomas, puede salir del aislamiento después de 10-14 días del comienzo de los síntomas o del resultado de la prueba porque no puede transmitir la COVID-19. Se ha demostrado que la radiación ultravioleta del sol inactiva el virus después de unos pocos minutos. En función de la intensidad solar, a 21 % y 40 % de humedad relativa, el virus en el aire puede pasar de estar activo 1 hora a 2 minutos. Debido a los anteriores factores, los parques durante el día son entornos con un riesgo de transmisión bajo. Cerrarlos, una medida sin respaldo científico hasta ahora, puede ser incluso contraproducente: las interacciones sociales entre niños serán entonces en interiores, donde no hay radiación solar y la ventilación es menor. Los parques durante el día son entornos con un riesgo de transmisión bajo. Cerrarlos, una medida sin respaldo científico hasta ahora, puede ser incluso contraproducente: las interacciones sociales entre niños serán entonces en interiores. Por otra parte, la radiación ultravioleta (UV) C –no presente en la luz solar que llega a la superficie terrestre– también inactiva el SARS-CoV-2. Por eso se ha propuesto como método para reducir la concentración del virus en interiores con mucha gente y sin ventilación efectiva. No obstante, es necesario comprobar que este tipo de radiación no produce lesiones cutáneas. La temperatura y la humedad relativa también influyen en el tiempo de inactivación de los virus que se transmiten por vía aérea. En el caso del SARS-CoV-2 tenemos estimaciones del tiempo de vida tanto sobre superficies interiores como en el aire, aunque su efecto es menor que el de la radiación solar. En general, la vida media del virus es mayor en ambientes fríos, especialmente cuando la humedad relativa es baja. Esto, junto a una mala ventilación, probablemente explique algunos brotes registrados en industrias de procesado de alimentos, principalmente cárnicas. El fenómeno también podría explicar por qué la incidencia ha aumentado en regiones, como el sur de los EE. UU., con altas temperaturas, donde el aire acondicionado (que también disminuye la humedad relativa) es habitual y la vida se hace mayoritariamente en el interior. En este sentido, se recomienda mantener la humedad relativa en valores altos, pero siempre dentro de los rangos de confort. En cualquier caso, si no se respeta la distancia en interiores, el efecto de la temperatura o la humedad sobre la vida media del virus y, por lo tanto, sobre la transmisión de la COVID-19, es reducido. Factores fisiológicos Finalmente, aunque no hay prácticamente estudios específicos sobre COVID-19, se ha comprobado que la temperatura, la humedad y la radiación solar modifican nuestra susceptibilidad a contagiarnos de una enfermedad infecciosa respiratoria. Estas variables cambian nuestra capacidad para impedir que los virus entren en las vías respiratorias o mejoran nuestro sistema inmunitario. Esto es un factor fundamental para explicar la estacionalidad de algunas infecciones respiratorias debidas a virus, como la gripe. La radiación solar, a través de la UVB, favorece la generación de vitamina D en la piel. La vitamina D mejora la respuesta inmune y ayuda a reducir el riesgo de contagiarse o morir por una enfermedad infecciosa. Por su parte, respirar aire a bajas temperaturas disminuiría la temperatura del epitelio nasal, reduciendo la efectividad de las defensas respiratorias locales. Esto haría que las fosas nasales pierdan en parte la capacidad de impedir que las partículas que transportan el virus entren en las vías respiratorias. ¿Qué pasará durante los próximos meses? En resumen, el efecto de la radiación, la temperatura y la humedad en el SARS-CoV-2, y en nuestro cuerpo, así como el cambio de hábitos cuando llega el frío, pueden facilitar la transmisión del virus en otoño e invierno. Esto podría explicar en parte el aumento de casos actualmente en Europa, y lo que ocurre con muchas otras enfermedades infecciosas respiratorias (incluida la pandemia por gripe de 1918). Por eso algunos científicos pronosticaron la segunda ola de la COVID-19 para el otoño en el hemisferio norte. Sin embargo, hay muchos otros factores, como por ejemplo las medidas de prevención, la realización de pruebas PCR y el estudio de contactos posterior y, sobre todo, la falta de inmunidad de la población, que muy probablemente afecten más a la transmisión de la COVID-19, como lamentablemente hemos podido comprobar en España este verano. El autor agradece al Dr. P. J. Cardona (IGTP, @pjcardona) su inestimable ayuda para comprender cómo la temperatura y la humedad influyen en las condiciones de las vías respiratorias superiores. Artículo publicado originalmente en THE CONVERSATION.es. <img src="https://counter.theconversation.com/content/148039/count.gif?distributor=republish-lightbox-advanced" alt="The Conversation" width="1" height="1" style="border: none !important; box-shadow: none !important; margin: 0 !important; max-height: 1px !important; max-width: 1px !important; min-height: 1px !important; min-width: 1px !important; opacity: 0 !important; outline: none !important; padding: 0 !important; text-shadow: none !important" />

Fri, 16 Oct 2020 12:39:25 +0200

El fármaco remdesivir de Gilead Sciences no parece haber demostrado tener un efecto sustancial en la supervivencia de los pacientes con covid-19, según el ensayo clínico Solidarity de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Tal y como informa el Financial Times, el antiviral, uno de los primeros en ser usado como tratamiento para el covid-19, fue uno de los medicamentos usados para tratar la infección por coronavirus del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El informe del Financial Times cita los resultados de este ensayo clínico de la OMS, que evaluó los efectos de cuatro posibles regímenes de medicamentos, incluyendo el remdesivir, la hidroxicloroquina, la combinación de lopinavir/ritonavir e interferón, en 11.266 pacientes hospitalizados en 405 hospitales en 30 países, entre ellos España. Aproximadamente 4.100 no recibieron tratamiento farmacológico. La hidroxicloroquina y el lopinavir/ritonavir se suspendieron en junio después de que resultaron ineficaces, pero las otras pruebas continuaron en más de 500 hospitales y 30 países. El estudio no encontró que ninguno de los tratamientos «afectara sustancialmente la mortalidad» o redujera la necesidad de ventilar a los pacientes, según el Financial Times. La OMS no ha hecho comentarios sobre el informe y han asegurado que los resultados del estudio aún no eran públicos. El estudio no encontró que ninguno de los tratamientos «afectara sustancialmente la mortalidad»o redujera la necesidad de ventilar a los pacientes, según el Financial Times A principios de este mes, Gilead afirmó que el remdesivir redujo el tiempo de recuperación de covid-19 en cinco días en comparación con los pacientes que recibieron el placebo en un estudio de 1.062 pacientes. Los resultados fueron publicados en el New England Journal of Medicine. En un comunicado emitido por Gilead en relación a los datos que se han hecho públicos antes de su revisión por pares y publicación en una revista científica, la compañía asegura que los datos no son consistentes con los resultados del ensayo ACTT-1 impulsado por el NIAID y que fueron publicados la semana pasada en el New England Journal of Medicine. En él, se concluía que los pacientes hospitalizados que remdesivir redujo la probabilidad de que los pacientes evolucionaran a etapas más graves de la enfermedad en las que necesitarían oxígeno nuevo o adicional. En el grupo de pacientes que recibieron remdesivir, un menor número de ellos progresaron a la necesidad de oxígeno suplementario o niveles más altos de soporte respiratorio, como ventilación mecánica. Remdesivir actúa reduciendo la capacidad del virus para replicarse en el cuerpo, afirman En el comunivcado también señalan que durante los últimos meses se han generado una amplia cantidad de datos clínicos sobre los beneficios de remdesivir, en base a los que este antiviral ya cuenta con aprobación o autorización para su uso temporal para tratar a pacientes con COVID-19 en más de 50 países. Sin embargo, este nuevo estudio, que aparecerá en breve también publicados en esta revista, realizado en más de 12.000 pacientes, muestra que el medicamento de Gilead «no aporta nada», señala a ABC Salud Vicente Estrada, del hospital Clínico de Madrid coordinador del estudio Solidarity en España. «Pensábamos que reducía la gravedad, pero ya sabíamos que no tenía efecto sobre la mortalidad. Se usaba porque no había otra alternativa», asegura Estrada. Los científicos creen que el covid-19 severo se debe en gran parte a una respuesta inmune excesivamente exuberante que comienza varios días después de que el virus infecta el cuerpo. Antes de que eso suceda, un antiviral podría aplastar el virus lo suficiente como para proteger a una persona del fuego amigo del sistema inmunológico. Con este, ya será el cuarto estudio del Solidarity que tiene que interrumpirse por falta de resultados Administrar remdesivir después de ese punto puede no tener sentido, dijo a NYT Ilan Schwartz, de la Universidad de Alberta (Canadá). Aunque el estudio no se ha parado, Estrada afirma que lo hará cuando se publiquen los resultados. Con este, ya será el cuarto estudio del Solidarity que tiene que interrumpirse por falta de resultados. El ensayo Solidarity de la OMS estaba probando la eficacia contra el SARS-CoV-2 de distintas alternativas: los antimaláricos cloroquina e hidroxicloroquina, remdesivir, y los antirretrovirales lopinavir y ritonavir, usados contra el VIH, y el interferón. Ninguno de estos fármacos ha mostrado efectos significativos en la reducción de la mortalidad, ha confirmado la OMS en un comunicado. Pero Solidarity va a continuar probando otros medicamentos, como los anticuerpos monoclonales que parecen estar dando buenos resultados. «Confíamos que España siga participando en esos estudios», añade Estrada.

La Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene (SEMPSPH) ha asegurado que si todas las personas se lavaran las manos de forma rutinaria se evitarían un millón de muertes al año en todo el mundo, incluido el Covid-19. «Una vez que la pandemia finalice esperamos que la población no pierda el hábito de realizar una medida tan coste O y efectivo para la salud de todos. Que la higiene de manos, junto el uso de mascarilla y el distanciamiento social, sean las medidas básicas de prevención del Covid-19 ha puesto el acento en esta medida que todo el mundo puede realizar», ha dicho la organización. Como todas las temporadas, con la llegada del otoño y el invierno se espera un incremento de las infecciones respiratorias y, en este sentido, los especialistas en Medicina Preventiva y Salud Pública han recordado que lavarse las manos puede reducir el riesgo de infecciones respiratorias en un 16 por ciento. Un porcentaje que se incrementa hasta el 50 por ciento si se refiere a la reducción de muertes asociadas a enfermedades diarreicas. Por ello, la SEMPSPH ha insistido en que ya sea con agua y jabón o con geles hidroalcohólicos, lo importante es lavarse las manos con frecuencia y hacerlo con una técnica adecuada. «Una higiene de manos no protocolizada, que no sigue los 11 pasos recomendados por la OMS, implica que ésta no afecta a toda la superficie de las manos y que, por tanto, la higiene no será totalmente efectiva», ha avisado. En concreto, el agua y el jabón se deben utilizar cuando hay suciedad visible en las manos, ya que su función es la de arrastrar las partículas de suciedad y eliminarlas de nuestra piel. Además, al realizar la higiene de manos con agua y jabón la medida es también eficaz contra microorganismos resistentes al gel hidroalcohólico, como podría ser el caso del Clostridium Difficile, un microorganismo que causa infecciones intestinales. En estos casos, apostilla la organización, el gel hidroalcohólico no es tan y eficaz, ya que no arrastra las partículas, sino que las inactiva al contacto con ellas, siendo por tanto útil para inactivar los microorganismos cuando las manos se ven visiblemente limpias, aunque microscópicamente nunca lo están. La ventaja principal de los geles hidroalcoholicos, y el motivo por el que poco a poco van sustituyendo a la higiene de manos tradicional con agua y jabón, es la facilidad y rapidez de su uso. Si bien, desde la SEMPSPH han insistido en que los geles hidroalcohólicos son tan eficaces como el agua y el jabón cuando las manos están visiblemente limpias. Essity y Cruz Roja lanzan Los Manosucias, una iniciativa para que más pequeños aprendan a lavarse bien las manos Essity en colaboración con Cruz Roja han puesto en marcha la iniciativa Los Manosucias, con la que pretenden convertir el lavado de manos en un momento divertido para los niños, al ritmo de una canción, y que pretende dar recursos a padres, cuidadores y educadores. «Si no nos lavamos las manos siguiendo los pasos que recomiendan las autoridades sanitarias, no lo estamos haciendo bien. En Essity consideramos que es importante fomentar el diálogo sobre la importancia de la higiene y la salud en el bienestar de las personas», afirma José Ramón Iracheta, Country Manager de Essity. Por su parte, Paula Rivarés, directora estatal de Cruz Roja Juventud, señala que «es importante continuar sensibilizando sobre las medidas de prevención contra el COVID-19 porque son esenciales. Es imprescindible, además, que se haga en un tono adaptado a los niños y niñas para que se sientan identificados y lo integren en su rutina». Los protagonistas de la iniciativa son un grupo de monstruos cuyas rutinas se asemejan a las de cualquier niño: juegan y tocan todo lo que les llama la atención. Sin embargo, siempre hay un efecto no deseado: sus grandes manos se ensucian continuamente. Para solucionarlo, sin que lavarse las manos suponga un alto en la diversión, los protagonistas se han inventado una forma diferente de hacerlo: cantando y bailando. El Baile de los Manosucias es una canción original que pretende convertir el lavado de manos en la última tendencia entre los más pequeños. Los movimientos que acompañan a la canción están inspirados en la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para un lavado de manos eficaz y el estribillo, enumera los pasos necesarios y tiempo recomendado para ayudar a niños y niñas a aprender la forma correcta de hacerlo mientras que les ayuda a adoptar el hábito. «Sabemos que para los más pequeños aprender a lavarse las manos puede resultar un reto. El principal objetivo de la iniciativa Los Manosucias es que ayude a educar a niños y niñas en buenos hábitos de higiene de manos como medida de prevención para una buena salud. Es un hábito esencial que esconde un gran poder», afirma José Ramón Iracheta, Country Manager de Essity Iberia.

Las náuseas matutinas graves, conocidas como hiperemesis gravídica (HG), son una enfermedad debilitante que afecta a alrededor del 1-2 por ciento de las mujeres embarazadas en el Reino Unido. Mucho más grave que las náuseas matutinas «normales», es una de las razones más comunes de hospitalización durante el embarazo y puede continuar hasta el nacimiento. Las mujeres que las sufren pueden estar postradas en la cama durante semanas, sufrir deshidratación y pérdida de peso y, a menudo, no pueden trabajar o cuidar de otros hijos. El estudio, realizado por investigadores del Imperial College London y el Imperial College Healthcare NHS Trust, ha encontrado que casi la mitad de las mujeres con HG sufrían depresión prenatal y casi el 30 por ciento tenía depresión posnatal. En las mujeres sin la afección, solo el seis por ciento experimentó depresión prenatal y el siete por ciento sufrió depresión posparto. La doctora Nicola Mitchell-Jones, especialista en obstetricia y ginecología y autora principal del estudio, cree que ni los profesionales de la salud ni el público en general se toman lo suficientemente en serio el impacto psicológico de la afección. «Nuestro estudio muestra que las mujeres con HG tienen alrededor de ocho veces más probabilidades de sufrir depresión prenatal y cuatro veces más probabilidades de tener depresión posparto», señala. «Algunas mujeres del estudio incluso tuvieron pensamientos de autolesión mientras sufrían HG. Estas cifras son impactantes y deberían reflejarse en el tratamiento que reciben las mujeres --añade--. Necesitamos hacer mucho más que simplemente tratar los síntomas físicos de HG. La evaluación de la salud mental y el apoyo también debe ser una rutina para cualquier mujer con esta afección». El estudio reclutó a 214 mujeres en tres hospitales de Londres: Chelsea and Westminster Hospital NHS Foundation Trust, Queen Charlotte's and Chelsea Hospital y St Mary's Hospital (ambos parte del Imperial College Healthcare NHS Trust), en el primer trimestre del embarazo.La mitad fueron reclutados al ingreso al hospital con síntomas de HG, y se reclutó un grupo de control de tamaño similar, sin náuseas ni vómitos significativos. Las mujeres fueron evaluadas por su bienestar psicológico en el primer trimestre del embarazo y seis semanas después del parto. Ninguna de las participantes del estudio había sido tratada por problemas de salud mental en el último año. Las mujeres fueron evaluadas por su bienestar psicológico en el primer trimestre del embarazo y seis semanas después del parto. De las mujeres con HG, el 49 por ciento experimentó depresión durante el embarazo en comparación con solo el seis por ciento en el grupo de control. Solo el siete por ciento del grupo de control tenía depresión posparto, en comparación con el 29 por ciento en el grupo con HG. La mitad de las mujeres con HG se vieron obligadas a ausentarse del trabajo durante cuatro o más semanas durante o después del embarazo Fotolia Aunque el estudio no encontró un vínculo directo entre la HG y el vínculo entre madre e hijo, otras investigaciones han demostrado que la depresión puede tener un efecto negativo en este vínculo. Lamentablemente, ocho mujeres con HG reclutadas para el estudio interrumpieron sus embarazos, a pesar de que originalmente expresaron su deseo de quedarse con el bebé. «Aunque no podemos decir que HG fue la razón principal de esas decisiones, ciertamente puede haber jugado un papel que es desgarrador», apunta la doctor Mitchell-Jones, quien sufrió de HG durante su primer embarazo en 2018. Con demasiada frecuencia, sus parejas, parientes o compañeros de trabajo no les brindan el apoyo que necesitan porque no comprenden el gravedad de lo que están pasando estas mujeres. «Estuve entrando y saliendo del hospital, pasé casi seis meses en cama, pero tuve la suerte de tener un empleado y una familia que me apoyaran --recuerda--. Muchas mujeres no pueden permitirse esa cantidad de tiempo libre del trabajo o son madres que se quedan en casa con niños pequeños que cuidar. Con demasiada frecuencia, sus parejas, parientes o compañeros de trabajo no les brindan el apoyo que necesitan porque no comprenden el gravedad de lo que están pasando estas mujeres. Necesitamos educarlas, así como a los profesionales de la salud». La doctora Mitchell-Jones espera que sus hallazgos puedan ayudar a mejorar la comprensión de la HG y cambiar las pautas clínicas sobre cómo se trata a las mujeres con la afección, para incluir un examen psicológico y la derivación a un especialista en salud mental cuando sea necesario.

La exposición ambiental al SARS-CoV-2 fue responsable de la mayoría de las infecciones detectadas en recién nacidos. Sin embargo, los hallazgos, publicados en Nature Communications, sugieren que el 30% de los casos reportados pueden haber sido adquiridos de la madre. Daniele De Luca y su equipo del hospital Universitario Paris Saclay (Francia) han llevado a cabo un metanálisis de casos de infección por SARS-CoV-2 en recién nacidos (dentro de los primeros 30 días de vida), según lo definido por al menos una prueba de frotis nasofaríngea positiva y / o la detección de anticuerpos específicos. en la sangre. En total, se analizaron 176 casos, que habían sido notificados hasta el 30 de agosto de 2020. Los autores encontraron que el 70% de los casos se debió a exposición ambiental. El treinta por ciento probablemente fue el resultado de la transmisión vertical (transmisión del virus de la madre al bebé) y se confirmó que alrededor del 9% de los 176 casos fue el resultado de la transmisión vertical con una infección adquirida antes o durante el parto. El 55% de los lactantes (97) desarrolló covid-19. Los autores señalan que los síntomas clínicos parecen ser similares a los reportados en pacientes mayores, incluyendo respiratorios (52% de los casos), fiebre (44% de los casos) ), síntomas gastrointestinales (36%) y neurológicos (18%). En total, se analizaron 176 casos, que habían sido notificados hasta el 30 de agosto de 2020. Al observar las infecciones que ocurrieron al menos 72 horas después del nacimiento, los investigadores encontraron que los bebés de la muestra que se quedaron en una cuna junto a su madre en el hospital (en habitación) parecían tener una mayor incidencia de infecciones por SARS-CoV-2. En su opinión, si madre y bebé comparten habitación, se deben poner a disposición medidas de higiene y equipo de protección adecuados para reducir el riesgo de transmisión como resultado de la exposición ambiental. Los autores también afirman que la lactancia materna no se asoció con la infección por SARS-CoV-2 y sugieren que la transmisión viral a través de la leche es rara, si es que ocurre. Sin embargo, concluyen, se necesitan más estudios para confirmar esto.

Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Ministerio de Sanidad todavía no lo consideran una evidencia contrastada, la transmisión del coronavirus por aerosoles es una teoría que cada vez gana más peso. Tomar cualquier precaución resulta clave para reducir el riesgo de contagio. Los aerosoles son partículas suspendidas en al aire que pueden ser transportados por el mismo. En nuestro día a día, y fuera del ámbito sanitario, las emitimos al hablar, cantar, gritar, además de al toser o estornudar. «Los organismos oficiales correspondientes todavía no asumen la vía área como vía de contagio del Covid-19, pero desde la Organización Colegial de Enfermería queremos informar a la población de qué son los famosos aerosoles porque consideramos que cualquier medida de prevención es importante para frenar la expansión de esta pandemia», señala Florentino Pérez Raya, presidente del Consejo General de Enfermería. Las partículas que emitimos suelen clasificarse en función de su tamaño. Los aerosoles tienen un tamaño menor de cinco micras y pesan menos, por lo que pueden permanecer suspendidos más tiempo en el aire y transmitirse hasta los seis metros. Las gotículas son de mayor tamaño: se consideran gotículas pequeñas si su tamaño es entre cinco a diez micras y gotículas grandes las que llegan hasta 100 micras. Éstas, al pesar más, caen antes al suelo, aunque pueden alcanzar hasta 1,5 o 2 metros de distancia. Además, hay que tener en cuenta que los aerosoles no se comportan igual en espacios interiores que exteriores. En los espacios cerrados sin ventilación estas partículas permanecen suspendidos en el aire y, por tanto, hay más probabilidades de que sean inhalados por los que están en la misma sala. En cambio, cuando se ventila un espacio interior, la circulación de aire hace que se dispersen los aerosoles disminuyendo su concentración y por lo tanto disminuyen las posibilidades de inhalarlos. «Ese riesgo es aún menor en espacios exteriores donde se respeta la distancia social y existe ventilación, ya que los aerosoles se dispersan y las posibilidades de inhalarlos son más reducidas», comenta Pérez Raya. Para evitar inhalar estas partículas, el Consejo General de Enfermería recomienda: -Ventilar con aire exterior frecuentemente abriendo puertas y ventanas. -Utilizar mascarillas bien ajustadas a la cara y llevarlas el máximo tiempo posible. -Fomentar actividades al aire libre. -Reducir los grupos de personas y el tiempo en espacio interiores. -Hablar en tono bajo. -Guardar la distancia de seguridad. Además, se debe evitar: -El uso de mascarillas que se caigan, no ajusten bien o no cubran la nariz. -Los espacios con ruido o música que nos obliguen a gritar y acercarnos a terceros, cantar o gritar en grupo dentro de espacios cerrados y permanecer en espacios cerrados sin renovación de aire. «Queremos recordar a todos que seguir las recomendaciones sanitarias pueden prevenir los rebrotes», puntualiza Pérez Raya. <iframe width="560" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/qbUp7W5Iyc4" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen style="width:100%;height:100%;"></iframe>

Los pacientes de Covid-19 que fueron tratados con ciclosporina en el Hospital Universitario Quirónsalud Madrid tuvieron un 81 por ciento menos de probabilidad de fallecer que aquellos enfermos que no recibieron este fármaco. Esta es la principal conclusión a la que ha llegado el Grupo de Investigación en Covid-19, liderado por el Servicio de Medicina Interna de dicho hospital, junto con la Universidad Europea, tras realizar un estudio retrospectivo que analiza los tratamientos de más de 600 pacientes con coronavirus ingresados en este centro sanitario desde el 10 de marzo hasta el 15 de abril de 2020. Los resultados se publican la revista «E Clinical Medicine», del grupo «The Lancet». «Los pacientes incluidos en este estudio sufrían afectación respiratoria suficientemente importante para necesitar ingreso hospitalario. Hemos analizado sus características clínicas y hemos analizado tratamientos que recibieron. Nuestros pacientes no difieren en las características de otras series publicadas y los factores pronósticos son similares (edad, gravedad y extensión de la afectación pulmonar y algunos parámetros inflamatorios). En relación con los tratamientos recibidos hemos descubierto que la supervivencia de los pacientes que fueron tratados con ciclosporina era mayor respecto a los enfermos que no fueron tratados con este tratamiento. De hecho, en nuestra serie, los pacientes que recibieron ciclosporina tuvieron un 81 por ciento menos de probabilidad de fallecer que los pacientes que no recibieron este tratamiento», explica el doctor Daniel Carnevali, jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid y profesor de la Universidad Europea. El Covid-19, además de producir síntomas iniciales fruto de la replicación viral, puede agravarse de forma que, entre el octavo y el décimo día, algunos pacientes desarrollan neumonía y predomina un efecto inflamatorio en el que la propia respuesta inmunológica del enfermo es la que daña al pulmón. Con el objetivo de combatir esta inflamación se han postulado varios fármacos para reducir la activación del sistema inmune en esa etapa de la enfermedad. En el Hospital Universitario Quirónsalud Madrid se han utilizado esteroides, tocilizumab y ciclosporina. Este último es un fármaco que posee, por un lado, una acción antirreplicativa del virus y, por otro, modifica la respuesta inmune. El equipo de investigación Covid del hospital, formado por especialistas en Medicina Interna, Radiología, Neumología, junto con otros servicios médicos del hospital, el área de enfermería y con la colaboración del Grupo de Asesoramiento Metodológico y Estadístico de la Universidad Europea, ha analizado las características de todos los pacientes del estudio y los tratamientos recibidos. «Hemos apreciado que las características de nuestros pacientes son similares a las descritas por otros grupos: 69 años de media, predominantemente varones, con tasas de comorbilidad asociadas similares (47% hipertensión; 16% diabéticos; 22% enfermos cardiacos; 19% enfermos respiratorios). Hemos evaluado estadísticamente las variables que podrían estar asociadas al fallecimiento o supervivencia al alta», describen. El doctor Carnevali advierte de que la enfermedad por coronavirus «aún no tiene un tratamiento estándar». «Durante la primera etapa de la pandemia utilizamos terapias sobre las que teníamos una razonable esperanza de que tuvieran efecto, pero sin ensayos clínicos que los avalaran. Se utilizaron antimaláricos como la hidroxicloroquina, antivirales como el Lopinavir-ritonavir; antibióticos; corticoides y fármacos que actúan en la fase inflamatoria de la enfermedad como el tozilizumab y la ciclosporina», explica. «El hallazgo más sorprendente de nuestro estudio es que los pacientes que recibieron ciclosporina tuvieron una supervivencia mayor respecto a los que no la habían tomado. Sin embargo, los resultados hay que tomarlos con precauciones. Nuestro estudio es retrospectivo, no es un estudio randomizado doble ciego que comparara fármaco a fármaco. Lo que sí hemos comprobado es que los pacientes que han recibido ciclosporina no son esencialmente diferentes al resto de pacientes, sufrían unas comorbilidades similares y sin embargo, su resultado clínico ha sido mejor», concluye. Para llevar a cabo este estudio se analizaron diferentes variables que pudieran influir en los resultados de los pacientes afectados por Covid-19. «Realizamos un análisis de factores que pudieran influir sobre la mortalidad del paciente como la edad, el score radiológico, la necesidad o no y el tipo de ventilación mecánica utilizada, los tratamientos… primero en un modelo univariante y luego en un modelo ajustado y observamos que el hecho de que los pacientes fueran tratados con ciclosporina protegía frente a la mortalidad. De hecho, los pacientes que no habían recibido ciclosporina tenían 4,22 veces más posibilidades de morir que los que habían recibido este tratamiento», detalla Israel J. Thuissard, miembro del Grupo de Asesoramiento Metodológico y Estadístico de la Universidad Europea. El doctor Carnevali asegura que han encontrado «indicios que la ciclosporina podría ser un fármaco prometedor. «Para confirmar esta hipótesis sería necesario un ensayo clínico en el que se pudiera aleatorizar entre pacientes que tomaran ciclosporina o placebo», concluye.

España encabeza la lista de países donde más muertes se produjeron por cualquier causa entre mediados de febrero y mayo. Le sigue de cerca Inglaterra y Gales, según los datos de una investigación que se publica en «Nature Medicine» que concluye que, en los 21 países analizados (19 de Europa, Australia y Nueva Zelanda), hubo un total de 206.000 muertes más de las que se esperaban si no hubiera ocurrido la pandemia. Este número es similar al número de muertes por cáncer de pulmón en países en todo un año y más del doble del número de muertes por diabetes o cáncer de mama en todo un año. La investigación, que ha sido liderada por Majid Ezzati, del Imperial College London, revela que, en ese periodo, España tuvo de media 98 fallecimientos por cada 100.000 habitantes, un 38 % más que sus cifras habituales previa a covid-19. Eso significa, siempre según este estudio que en España habría fallecido, en dicho periodo, 45.800 personas a causa del coronavirus. Los datos discrepan con los del Ministerio de Sanidad, que habla de más de 33.000 personas desde el inicio de la pandemia, y se acercan a los que anunció el Instituto Carlos III: 43.014 fallecimientos en el periodo que va del 13 de marzo al 22 de mayo. Y según este mismo Instituto, en esta segunda oleada, desde el 28 de julio hasta hoy, murieron en España 5.188 personas, una cifra superior a lo habitual. En todo el mundo, ha muerto más de 1 millón. Por ello, comprender el impacto total de la pandemia en cuanto a la mortalidad es importante para evaluar su impacto total en la salud pública y para diseñar respuestas de los gobiernos. Ezzati y sus colegas han empleado los datos semanales sobre fallecimientos desde 2010 hasta mediados de febrero de 2020 de los 21 países con el objetivo de crear un modelo que podría predecir el número de muertes que habrían ocurrido en mayo de 2020 si no hubiera habido una pandemia. A continuación, compararon esta cifra con las muertes reales reportadas en los países estudiados para calcular el exceso de muertes que resultaron de la pandemia, ya sea por covid-19 u otras causas. Además de España, Inglaterra y Gales, los países analizados son: Austria, Bélgica, Bulgaria, la República Checa, Dinamarca, Finlandia, Francia, Hungría, Italia, Países Bajos, Noruega, Polonia, Portugal, Escocia, Eslovaquia, Suecia, Suiza, Australia y Nueva Zelanda,. El informe señala que Bulgaria, Nueva Zelanda, Eslovaquia, Australia, República Checa, Hungría, Polonia, Noruega, Dinamarca y Finlandia experimentaron cambios en mortalidad que fueron desde pequeños retrocesos a incrementos de un 5 % o menos. Otros, como, Austria, Suiza y Portugal, tuvieron un incremento bajo y Francia, Países Bajos y Suecia, medio. Aparte de España, Inglaterra y Gales, Bélgica, Italia y Escocia también sufrieron un incremento relevante en cuanto a fallecimientos inesperados. De acuerdo con el estudio, la mortalidad fue similar en cuanto al sexo: con 105.800 muertes en hombres y 100.000 en mujeres. Las diferencias en la mortalidad entre los 21 países, señalan los autores, reflejan la variabilidad en las características de las poblaciones, las respuestas políticas a la pandemia, la preparación de los sistemas de salud pública y de los sistemas sanitarios y de atención a mayores, lo que incluiría los programas de detección y rastreo de contagios. Para los investigadores, la razón del elevado número de muertes adicionales en España puede deberse a una combinación de comportamientos generales de salud y su sistema sanitario y de atención social. «España (e Italia y el Reino Unido), en general, iniciaron un confinamiento tardío en comparación con los países del norte de Europa o Nueva Zelanda», señala a ABC Salud Ezzati. Además, añade, «tenía, y sigue teniendo, un sistema más débil de pruebas y rastreo de contactos que algunos otros países. Por último, tenemos entendido que tuvo un gran número de muertes en residencias. Todos estos factores habrían contribuido a su gran número de fallecidos». Ezzati advirte de que esos sistemas podrían ser aún vulnerables, «por ejemplo en relación al ritmo de propagación de la infección en las residencias» de cuidado de mayores u otros grupos. Pero también destaca el documento la relevancia de las medidas para el control de la expansión del virus. La temprana o tardía introducción del confinamiento en la primera ola, escriben los investigadores, fue importante, aunque reconocen que países con un buen sistema de rastreo de contagios pudieron permitirse un confinamiento más corto o menos estricto. Este número es similar al número de muertes por cáncer de pulmón en países en todo un año y más del doble del número de muertes por diabetes o cáncer de mama en todo un año En este sentido, apunta que tanto Italia, España, Países Bajos, Francia y Reino Unido introdujeron medidas de confinamiento solo cuando el número de casos y muertes había alcanzado tales niveles que la epidemia continuó durante semanas. Por último, los investigadores argumentan que, además de controlar la transmisión, existe la necesidad de implementar vías de atención integradas a nivel de la comunidad y de instalaciones que manejen los casos de covid-19 más leves y permitan que otras afecciones agudas y crónicas se clasifiquen y atiendan de manera rápida y adecuada, así como de instalaciones sanitarias y de cuidados a largo plazo. Para algunos países, ello puede requerir «redistribuir o aumentar la inversión en los servicios de sanidad y atención social», sobre todo si ha habido una financiación previa insuficiente, concluyen los expertos.

Dos estudios publicados en «Blood Advances» sugieren que las personas del grupo sanguíneo O pueden tener un riesgo menor de infección por covid-19 y una menor probabilidad de resultados graves, incluidas complicaciones, si se enferman. Desde el inicio de la pandemia existe una necesidad urgente para identificar los factores de riesgo del coronavirus y las posibles dianas terapéuticas. Hace unos meses se sugirió el potencial papel del grupo sanguíneo en la predicción del riesgo y las complicaciones de la infección. Ahora, estos dos nuevos estudios añaden evidencia de que puede haber una asociación entre el tipo de sangre y la vulnerabilidad al covid-19; sin embargo, se necesita más investigación para comprender mejor por qué y qué significa para los pacientes. Según estos dos trabajos las personas con tipo de sangre O pueden ser menos vulnerables a la infección por COVID-19 El primer estudio, realizado de forma retrospcectiva afirma que el tipo de sangre O puede ofrecer cierta protección contra la infección por covid-19. Los investigadores compararon los datos del registro de salud danés de más de 473.000 personas a las que se les realizó la prueba de covid-19 con los datos de un grupo de control de más de 2,2 millones de personas de la población general. Los resultados sugieren también que las personas con los tipos de sangre A, B o AB pueden tener más probabilidades de infectarse con covid-19 que las personas con el tipo O. Entre las personas que dieron positivo para covid-19, encontraron menos personas con el tipo de sangre O y más con los tipos A, B y AB. Los investigadores no encontraron ninguna diferencia significativa en la tasa de infección entre A, B y los tipos AB. Dado que las distribuciones de grupos sanguíneos varían entre subgrupos étnicos, los investigadores también controlaron el origen étnico y mantuvieron que menos personas con el tipo de sangre O dieron positivo al virus. «Es importante considerar el grupo de control adecuado porque la prevalencia del tipo de sangre puede variar considerablemente en diferentes grupos étnicos y diferentes países», señala el autor del estudio Torben Barington, del Hospital Universitario de Odense y la Universidad del Sur de Dinamarca. «Tenemos la ventaja de contar con un grupo de control fuerte: Dinamarca es un país pequeño, étnicamente homogéneo con un sistema de salud pública y un registro central de datos de laboratorio, por lo que nuestro grupo control se basa en la población, lo que da a nuestros hallazgos una base sólida». El segundo trabajo, realizado en Canadá, concluye que los grupos sanguíneos A y AB se asocian con un mayor riesgo de resultados clínicos graves de covid-19. El estudio señala, asimismo, que las personas con los grupos sanguíneos A o AB parecen exhibir una mayor gravedad de la enfermedad COVID-19 que las personas con los grupos sanguíneos O o B. Los investigadores examinaron datos de 95 pacientes con covid-19 en estado crítico hospitalizados en Vancouver y descubrieron que los pacientes con los grupos sanguíneos A o AB tenían más probabilidades de requerir ventilación mecánica, lo que sugiere que tenían mayores tasas de lesión pulmonar por covid-19. También vieron que más pacientes con grupos sanguíneos A y AB requirieron diálisis por insuficiencia renal. En conjunto, estos hallazgos sugieren que los pacientes de estos dos grupos sanguíneos pueden tener un mayor riesgo de disfunción o insuficiencia orgánica debido a COVID-19 que las personas con tipos de sangre O o B. Los pacientes de estos dos grupos sanguíneos pueden tener un mayor riesgo de disfunción o insuficiencia orgánica debido a COVID-19 que las personas con tipos de sangre O o B. Además, mientras que las personas con tipos de sangre A y AB permanecieron en el hospital más tiempo que aquellos con tipos O o B, en la unidad de cuidados intensivos (UCI) durante un tiempo promedio más largo, lo que también puede indicar un mayor nivel de gravedad de COVID-19. «La parte única de nuestro estudio es nuestro enfoque en el efecto de gravedad del tipo de sangre en el COVID-19. Observamos este daño pulmonar y renal y, en estudios futuros, querremos descubrir el efecto del grupo sanguíneo y del COVID-19. en otros órganos vitales», afirma el autor del estudio Mypinder S. Sekhon, de la Universidad de Columbia Británica.

Los pacientes asmáticos con Covid-19 no tienen mayor riesgo de ser hospitalizados respecto a los no asmáticos y su riesgo de ser intubados no es mayor al conjunto de pacientes que ingresan por coronavirus en un hospital, según un estudio en Annals of the American Thoracic Society (ANNALATS). Aun así, los asmáticos deben seguir extremando las medidas preventivas frente al Covid-19 consistentes en las 3 M (metros de distancia, lavado de manos y uso de mascarilla) y 3 C (evitar lugares cerrados, concurridos y contacto cercano). Las personas con enfermedades respiratorias no están exentas del uso de mascarilla, según las recomendaciones de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR). «Los resultados de este estudio son de interés para nuestros asmáticos, porque señalan que no tienen mayor riesgo que la población general de ser hospitalizados e intubados y, por lo tanto, pueden ayudar a disminuir la angustia de estos pacientes frente a la Covid-19. Pero no deben llevarlos a bajar la guardia, porque pueden acabar en el hospital como otros pacientes con Covid-19 y, por tanto, los neumólogos debemos recalcar que no están exentos de utilizar mascarillas, como otros pacientes con otras enfermedades respiratorias», señala la doctora Marina Blanco Aparicio, neumóloga y coordinadora del Área de Asma de la SEPAR. Existen factores de riesgo para padecer Covid-19 grave, como son la obesidad, la hipertensión o la diabetes. Hasta ahora, el CDC (Center for Disease Control) de Estados Unidos, asumía que las personas con asma tenían un riesgo más alto de ser hospitalizadas o de sufrir formas graves de Covid-19, pero el escaso número de asmáticos entre los hospitalizados en muchos estudios internacionales lo ha puesto en duda y ha llevado a estudiar si este riesgo está sobreestimado. Por ello, el ANNALSATS ha comparado la prevalencia del asma entre los pacientes hospitalizados por Covid-19, reportada en 15 estudios procedentes de distintos países del mundo, con la prevalencia de la enfermedad en la población general y la prevalencia promedio del asma en pacientes hospitalizados por gripe en los últimos 4 años. Durante la temporada de gripe 2019-2020, el 24,1% de las personas hospitalizadas con gripe tenían asma, siendo ligeramente superior al promedio de 4 años anteriores, de 2016-2020, en que fue del 21%. Esta prevalencia es mucho más alta que la estimación de prevalencia combinada de asma en ingresados por Covid-19 en los 15 estudios analizados, que fue del 6,8%. «Parece que la proporción de asmáticos entre los pacientes hospitalizados con Covid-19 es similar a la prevalencia de asma de la población en cada lugar donde se han hecho estudios, a pesar de la preocupación inicial por la comorbilidad y mortalidad de los pacientes con asma y Covid-19. En cambio, los asmáticos sí tienen más probabilidades de ser ingresados por gripe, ya que más del 20% de los hospitalizados por gripe en los EE.UU. tienen asma. Es crucial que sigan extremando sus cuidados preventivos, más en este contexto de pandemia, que lleven mascarilla, tomen su medicación habitual y que se vacunen de la gripe», añade la doctora Blanco. Menos intubaciones El nuevo estudio en ANNALATS también ha hecho un análisis transversal de 436 pacientes de Covid-19 ingresados en el Hospital de la Universidad de Colorado sobre la probabilidad de intubar a asmáticos frente a los no asmáticos. De estos 436 pacientes, 239 eran hombres y 195 mujeres, con una edad media de 54,7 años y un rango de edad de los 19 a los 100 años. El 12% tenía asma, lo que coincide con la prevalencia en la población general. De todos los pacientes, el 67,2% no necesitaron intubación por la Covid-19 frente al 32,8% que sí la necesitó. Cabe destacar que respecto a este promedio de la muestra en general, los pacientes asmáticos necesitaron menos la intubación: solo fue necesario en el 27,9% de los asmáticos, respecto al 72,1% que no la necesitaron. En cambio, hubo más no asmáticos que necesitaron la intubación, el 33,6%, frente al 66,4% de no asmáticos que no la necesitaron. Ingresos en UCI Por otra parte, el 39,6% de los pacientes tuvo que ingresar en una unidad de cuidados intensivos (UCI), mientras que el 60,4% no ingresaron. Proporcionalmente, hubo menos ingresos de asmáticos en la UCI, el 34,1%, mientras que el 65,9% no ingresaron. Por contra, ingresaron más pacientes no asmáticos en la UCI, el 40,4%, mientras que el 59,6% de los no asmáticos no precisaron en este recurso asistencial. Los autores señalan que una posible explicación de por qué el Covid-19 no se asocia a mayores tasas de hospitalización es porque estas pueden depender de la distribución del receptor ACE2 en el epitelio de las vías respiratorias. En la diabetes y la hipertensión pueden aumentar la expresión de ACE2, mientras que los corticosteroides inhalados (ICS), que se emplean para tratar el asma, pueden disminuir la expresión de ACE2, lo que dificultaría la entrada viral. Los pacientes con asma, en general, y en particular los asmáticos con un fenotipo predominantemente alérgico, pueden tener una expresión significativamente menor de ACE2. A diferencia del asma, tener enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) sí que aumenta el riesgo de formas más graves de Covid-19 severo entre los pacientes hospitalizados y esta comorbilidad se asocia a un aumento de la expresión de ACE2 en el tejido pulmonar y las vías respiratorias pequeñas. No obstante, los autores dicen que la contribución del receptor ACE2 a los niveles de expresión, a la susceptibilidad general a la COVID-19 y a la gravedad de esta enfermedad no está clara y todavía hay que investigar más en el asma y en general. También admiten que sus hallazgos provienen de una muestra insuficiente y que se precisa investigar más sobre asma y el riesgo de intubación por Covid-19 para confirmar sus hallazgos.

Médicos de Reino Unido han reportado en la revista «BMJ Case Reports» el primer caso de pérdida auditiva permanente repentina relacionada con Covid-19 en su país. Se trata de un efecto segundario poco común del coronavirus, pero los autores consideran importante conocerlo porque el tratamiento precoz con esteroides puede revertir esta condición incapacitante. Los otorrinos observan con frecuencia casos de pérdida auditiva repentina, con alrededor de 5 a 160 casos por cada 100.000 personas cada año. No están claras las causas, pero puede aparecer tras una infección viral, como gripe, herpes o citomegalovirus. A pesar de la gran cantidad de investigaciones publicadas sobre la pérdida de audición de aparición repentina, solo se han reportado unos pocos casos asociados con Covid-19, y ninguno en el Reino Unido, hasta ahora. Los médicos describen el caso de un hombre de 45 años con asma que fue derivado al departamento de otorrinolaringología después de experimentar repentinamente una pérdida de audición en un oído mientras estaba hospitalizado por Covid-19. Había sido ingresado tras diez días con síntomas de coronavirus y tuvo que ser trasladado a cuidados intensivos porque tenía dificultades para respirar. Durante 30 días necesitó un ventilador para respirar y como resultado desarrolló otras complicaciones. Fue tratado con remdesivir, esteroides intravenosos y una transfusión de sangre, después de lo cual comenzó a mejorar. Pero una semana después de que o desintubaran y dejase la unidad de cuidados intensivos, notó un zumbido (tinnitus) en su oído izquierdo seguido de una pérdida auditiva repentina en el mismo oído. Nunca antes había experimentado problemas de audición y, a parte del asma, estaba bien y en forma. El examen de los conductos auditivos reveló que no tenía obstrucciones ni inflamación. Pero una prueba de audición mostró que había perdido sustancialmente la audición en el oído izquierdo. Tras recibir tratamientos con tabletas e inyecciones de esteroides, recuperó su audición parcialmente. Se le realizaron pruebas para comprobar si tenía que ver con otras causas potenciales, incluida la artritis reumatoide, la gripe y el VIH, pero dio negativo. Esto es lo que que llevó a sus médicos a concluir que su pérdida auditiva estaba asociada con la infección por Covid-19. «A pesar de la considerable literatura sobre Covid-19 y los diversos síntomas asociados con el virus, hay una falta de discusión sobre la relación entre Covid-19 y la audición», señalan los autores del informe. «La pérdida de audición y el tinnitus son síntomas que se han observado en pacientes con Covid-19 y el virus de la gripe, pero no se han destacado». El primer caso de pérdida auditiva que menciona solo el Covid-19 se dio a conocer en abril de este año. Se cree que el SARS-CoV-2, el virus responsable del Covid-19, se fija en un tipo particular de células que recubren los pulmones. Y el virus también se ha encontrado recientemente en células similares que revisten el oído medio, explican los autores del informe. La respuesta inflamatoria que genera Covid-19 y un aumento de las sustancias químicas también se han relacionado con la pérdida auditiva. «Este es el primer caso informado de pérdida auditiva neurosensorial después de la infección por Covid-19 en el Reino Unido. Dada la presencia generalizada del virus en la población y la morbilidad significativa de la pérdida auditiva, es importante investigar esto más a fondo», escriben los autores del informe.

La farmacéutica estadounidense Eli Lilly ha anunciado este martes la pausa del ensayo de su tratamiento combinado de anticuerpos monoclonales para tratar la Covid-19 en pacientes hospitalizados aludiendo a razones de «seguridad». La Junta de Vigilancia de Seguridad de Datos (DSMB, por sus siglas en inglés) del ensayo ha sido la entidad que ha recomendado la pausa en el ensayo, patrocinado por el Instituto nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos. Trump promocionó el medicamento Lilly, junto con el tratamiento con anticuerpos de Regeneron Pharmaceuticals Inc REGN.O que recibió por su Covid-19, como equivalente a una cura en un video que publicó la semana pasada. No es raro hacer una pausa en los ensayos de medicamentos para investigar problemas de seguridad, y tales acciones no necesariamente indican un problema grave. Debido a la urgente necesidad de medicamentos y vacunas para hacer frente a una pandemia que se ha cobrado más de 1 millón de vidas en todo el mundo, y la velocidad con la que se están desarrollando, estos ensayos han sido objeto de un intenso escrutinio. No es raro hacer una pausa en los ensayos de medicamentos para investigar problemas de seguridad, y tales acciones no necesariamente indican un problema grave «Por precaución, la DSMB ha recomendado una pausa en la inscripción», dijo la portavoz de Lilly Molly McCully en un comunicado. «Lilly apoya la decisión del DSMB independiente de garantizar con cautela la seguridad de los pacientes que participan en este estudio». La decisión de Lilly se conoce un día después de que la farmacéutica Johnson & Johnson haya anunciado la suspensión 'temporal' de las pruebas de la fase 3 de su vacuna contra la Covid-19, debido a que uno de los voluntarios presenta «una enfermedad inexplicable».

Un estudio realizado en EEUU apunta que 1 de cada 5 jóvenes hospitalizados necesita cuidados intensivos. Lo han visto investigadores del Hospital Brigham and Women's que han analizado los registros de 419 hospitales utilizando la Base de Datos de Atención Médica Premier para estudiar las trayectorias clínicas de 3.222 pacientes hospitalizados con COVID-19 de 18 a 34 años. En su trabajo, publicado en «JAMA Internal Medicine», los investigadores encontraron que más de una quinta parte de los pacientes (21%) requería cuidados intensivos, el 10% requería ventilación mecánica y el 2,7% falleció. Para comparar, el equipo escribió que la tasa de mortalidad de los del mismo grupo de edad hospitalizados con ataques cardíacos es aproximadamente la mitad de esa cifra. Si bien se reconoce ampliamente que la edad avanzada es un factor de riesgo para el aumento de la morbilidad y la mortalidad debidas a covid-19, los pacientes más jóvenes han recibido menos atención como población vulnerable a los resultados clínicos adversos. «Vimos un índice significativo de resultados adversos. Aunque la tasa de mortalidad del 2,7 por ciento es menor que la de los pacientes mayores, es alta para los jóvenes, que normalmente se recuperan bien incluso cuando son hospitalizados por otras afecciones», resalta uno de los líderes del estudio, Jonathan Cunningham. Aunque la tasa de mortalidad del 2,7 por ciento es menor que la de los pacientes mayores, es alta para los jóvenes, que normalmente se recuperan bien incluso cuando son hospitalizados por otras afecciones Otra observación sorprendente para los investigadores fue que el 57 por ciento de los jóvenes hospitalizados por COVID-19 eran negros o hispanos, un hallazgo consistente con otros informes sobre la carga desproporcionada que la enfermedad ha tenido en estas demografías. Los individuos con factores de riesgo cardiovascular también estaban sobrerrepresentados entre los jóvenes hospitalizados: 36,8 por ciento y 24,5 por ciento de los pacientes tenían obesidad y obesidad mórbida, respectivamente; 18,2 por ciento de los pacientes tenían diabetes y 16,1 por ciento hipertensión. Los investigadores encontraron que los pacientes que presentaban estas comorbilidades también eran más propensos a experimentar resultados adversos. Los pacientes de obesidad mórbida, por ejemplo, constituían el 41 por ciento de los adultos jóvenes hospitalizados que murieron o necesitaron ventilación mecánica. Para los individuos con más de una de estas condiciones, los riesgos de resultados adversos fueron comparables a los riesgos que enfrentan los adultos de mediana edad, de 35 a 64 años, que no tienen ninguna de estas condiciones, como se observó en un estudio de 8.862 miembros de esta población

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La hermana Kate, una de las dos integrantes de las llamadas "monjas de la marihuana" en California, se dedica a elaborar un preparado con marihuana medicinal con fines curativos. Kate le contó a BBC Mundo para qué lo usan sus clientes.

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