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A veces me gusta entrar en una plataforma al azar y ver la primera serie que se cruce, como cuando en las películas compran billetes para el primer avión que despegue directamente en el mostrador de facturar. Como si fuera tan fácil. Así se pueden descubrir algunas joyas y grandes desastres, pero el tiempo es limitado y no vendrá mal desbrozar la jungla, aunque las recomendaciones sean necesariamente subjetivas. La lista de títulos que aparece en este texto no sigue ningún orden y es tan pequeña que las omisiones son escandalosas. Duele dejar fuera tantos títulos que, si el día de cierre fuera otro, podrían sustituir a los titulares sin despeinarse. Al final de cada apartado, se cita de pasada una alineación alternativa. Extranjeros «Oficina de infiltrados» , la apuesta personal. Sigue sin ser mayoritaria, pero he comprobado muchas veces que quienes la ven se enamoran. La mejor serie francesa de la Historia –el dato está pendiente de confirmación–, cuenta las peripecias de los miembros de la DGSE (la CIA francesa, para simplificar). Hay espías e historias de amor, pero que nadie espere a James Bond. Lo más parecido es un Mathieu Kassovitz imperial y Jean-Pierre Darroussin, jefe soñado en cualquier oficina. Tampoco es una serie para machitos: más bien parece un desfile de actrices y personajes femeninos fascinantes, nunca de adorno. Se puede ver en Movistar+. Cuatro temporadas y una quinta esperemos que al caer. «Friends», la apuesta popular. Marta Kauffman y David Crane encerraron la vida humana al completo en esta comedia que tampoco va sobre nada, como Seinfeld . Seis amigos a cual más tonto y adorable desperdician su juventud en Nueva York de la mejor manera posible, divirtiéndose juntos sin necesidad de salir demasiado a la calle o del mítico Central Perk. Visionarios ellos, no sorprende que todos se hicieran millonarios. Como comedia de situación, tiene pocos rivales y sus enseñanzas siguen vigentes, aunque tampoco estaría mal alternar sus capítulos con los de The Office (que acabe de cumplir 15 años y está en Amazon) o las diez temporadas gloriosas de Larry David (HBO). Friends se puede ver en Netflix, HBO y Amazon. Diez temporadas. «The wire» , la apuesta obvia para no perder el carnet de crítico, ni el calificativo de listillo. Es un clásico inmarcesible, una obra maestra que, sin embargo, se puede atragantar en las primeras cucharadas, como suele ocurrir con David Simon. El viejo periodista acaba de estrenar La conjura contra América sin ceder ni un milímetro. The wire no es una serie para entrar a vivir, pero sí para quedarse, aunque sus tramas sórdidas sobre el narcotráfico no son lo mejor con niños en casa. Hay clásicos que podrían competir por este espacio, como la carcelaria Oz y la historia de mafiosos Los Soprano (ambas en HBO), además de la política El ala oeste de la Casa Blanca , que, salvo error u omisión, solo está en DVD. The wire se puede ver en HBO. Cinco temporadas. «Line of duty», la apuesta por el maratón. Jed Mercurio fue médico antes de entregarse a la escritura y producción de joyas de la tele. Aquí nos cuenta las vicisitudes de la AC-12, una unidad con la desagradable misión de combatir la corrupción dentro de la Policía, los Asuntos Internos de toda la vida. Esta serie de la BBC sobresale por sus guiones adictivos, los cliffhangers de manual (imposible no ver un capítulo más) y unos interrogatorios que dan ganas de esposar a los niños o al perro y freírlos a preguntas, en busca de alguna contradicción. Se puede ver en Netflix y Movistar+. Cinco temporadas. «Inside No. 9» , la apuesta inesperada. Solo por este título la BBC demuestra que es distinta. Haga usted la prueba del 17. Si no tiene una hija de esa edad, busque en internet de alquiler o pregunte por Fernando León. El primer capítulo, que transcurre en un armario (es casi como Enterrado , de Rodrigo Cortés pero de pie y con más gente), estuvo a punto de romper la relación paternofilial. Al segundo no se pudo resistir la chiquilla, y eso que no hay ni una línea de diálogo hasta «the very end», como en La última locura de Mel Brooks. Esta comedia inclasificable de Reece Shearsmith y Steve Pemberton se puede ver en Filmin. Cinco temporadas y no pare usted de contar. Me quedo con unas ganas terribles de hablar también de Halt and catch fire, The Crown, La maravillosa Sra. Maisel, The night of y Chernobyl , todas ellas insuperables. Españolas «La casa de papel». Puede que no sea la mejor serie española, pero es la mejor serie para España. Netflix está a punto de estrenar la cuarta temporada, que mantiene el ritmo trepidante, a veces tanto que descuida una verosimilitud que a estas alturas no le hace demasiada falta. Desde Atraco a las tres , el audiovisual español no perpetraba con tanto acierto un golpe maestro. Álex Pina hace de Tarantino, de Spike Lee, de Soderbergh… Mete en la batidora títulos que todos hemos visto y extrae un zumo nuevo, que funciona también como fábrica de estrellas. Vayas donde vayas, te sientes orgulloso de ser español cuando escuchas hablar de la serie. Prueben a ir a una fiesta en el país más remoto (ahora no, claro), y a tomar un chupito por cada careta de Dalí que vean. Ni Don Draper aguantaría de pie. Se puede ver en Netflix. Cuatro temporadas con vistas a alguna más. « 7 vidas» . Nuestro Friends particular, escuela fabulosa de actores y guionistas (y todo lo demás), es una comedia de situación que soportó hasta la convivencia de unos actores que en el hemiciclo –alguno llegó–, ni se hablarían. Soportó también una cosa tan americana como el spin off, con Aída , que a su vez sobrevivió a la marcha del personaje que daba título al invento. Enternece ver a Javier Cámara tan joven y aún más a Amparo Baró, a quien ya no podemos disfrutar. Nacho García Velilla no podía saber que estaba haciendo historia y ayudando a crear una industria que ahora compite en todo el mundo. Se pueden ver doce de sus quince temporadas (¿y las otras tres?) en Amazon. «Hierro». Ya hemos comentado por aquí el compendio de virtudes que atesora esta miniserie de Pepe Coira para Movistar+, que aúna una intriga interesante, con sus cambios de ritmo e incluso de género, y un puñado de personajes que te dejan varado en la isla para siempre. Al talento inmenso de los dos protagonistas, Candela Peña y Darío Grandinetti, se une un equipo de secundarios formidable (pocas veces duele tanto una muerte como ocurre en El Hierro), y una brigada de actores locales que están a la altura, además de aportar credibilidad. La fotografía de los fabulosos escenarios naturales está servida además al ritmo preciso, para disfrutarla sin que nos distraiga. Hierro se puede ver en Movistar+. El rodaje de la segunda temporada se acaba de parar, por motivos obvios. «Merlí» (y «Sapere Aude»). Como mero concepto, que la filosofía sea el eje de una serie juvenil de éxito, también internacional, merece todos los aplausos. Lo mejor de todo es que la historia es apasionante, como entretenimiento y como producto educativo. Héctor Lozano ilumina esta hermosa carreta sedundaria de la ficción española, que gana en su versión original. Francesc Orella culmina por su parte uno de los papeles de su vida en la piel del carismático y discutible profesor protagonista, al frente de un grupo de veteranos de primera, secundados por unos jóvenes sorprendentes. Sus tres temporadas se pueden ver en Netflix, HBO y Amazon. De regalo, en Movistar+ hay una más de Merlí: sapere aude , dignísima secuela. «El Ministerio del Tiempo» . A punto de estrenarse la cuarta temporada, es la época perfecta para ver en familia las tres primeras. Al revisar sus historias se comprueba lo finamente urdidos que están sus guiones, a partir de la idea genial e inagotable de los hermanos Pablo y Javier Olivares. Al salvoconducto de los viajes en el tiempo se suma la exhibición didáctica de nuestra Historia, sin complejos ni paternalismo. Los tres primeros cursos se pueden ver en TVE a la carta. El cuarto está al caer en La 1 y en HBO. Aquí también es injusto dejar fuera El día de mañana, Perdida, Malaka, Vivir sin permiso y las comedias de Movistar+ Vida perfecta, Vergüenza y lo de Berto, además de Vota Juan y algunos clásicos. Por no hablar de Cuéntame cómo pasó .

Sun, 29 Mar 2020 01:54:45 +0100

En 1979 Greil Marcus pagó 200 dólares a unos veinte críticos musicales para que escribieran sobre «su disco de la isla desierta». Tal idea es fuente de inspiración para confeccionar esta lista de discos con el objetivo de convertir el confinamiento en un lugar enriquecedor y creativo. Y para estimular al intelecto y compartir belleza. Son sugerencias, por supuesto que cada uno elija los suyos. ¡Animo! 1. TOM PETTY & THE HEARTBREAKERS, AN AMERICAN TREASURE (2019) Somos rebeldes, supervivientes, nunca más hambrientos, nos levantamos a tiempo, no nos vamos a venir abajo, esperamos el momento de estar con nuestra chica, americana o de Alpedrete, soñamos con la lluvia de Lousiana, suplicamos que no nos traten como extraños, gritamos que vuelvas, andamos a través del fuego, porque sabemos que lo tendrás, antes o después, no lo dudes, mantén la esperanza, desde esos acentos sureños, porque lo mejor de todo está por llegar: escucha a tu corazón. Todas estas canciones y mucho más nos canta Tom Petty y sus rompecorazones en una caja enorme de la que es imposible cansarse. 2. JONATHAN RICHMAN, ACTION PACKED: THE BEST OF (2002) ¡Ay! los vecinos, ¿quién sería capaz de dedicarles una canción? Alex de la Iglesia les dedicó una película distópica que esperemos no se haga realidad con el encierro. Mucho mejor encerrarse con Jonathan, humor inteligente, simpatía a raudales, buen rollo continuo de un genio de la música americana capaz de cantar a una ciudad con tan poca gracia como «Reno», a una guitarra Fender Stratocaster, al grupo Velvet Underground, a la música que nos gusta; al abominable hombre de las nieves en el supermercado, a la ropa que usamos todos los días, a las vampiresas, a los bailes en el bar equivocado, a las fiestas en U.S.A.; de asegurar que Pablo Picasso no es un estúpido, de realizar odas a Vincent Van Gogh o, en fin, hacernos saber que algo pasa con Mary. Una buena dosis de baile en el confinamiento con Jonathan Richman nos ayudará a mantener el tipo. 3. J.J. CALE, ANYWAY THE WIND BLOWS. THE ANTOLOGHY (1997) No dudaría en identificar a JJ como uno de los mayores expertos mundiales en recogimiento. Como un moderno monje cartujo, artesano de la guitarra, admirado por Clapton o Marc Knopfler, el de Oklahoma se prodigó muy poco en directo, vivió grandes temporadas en una caravana con un estudio portátil desde donde, incansable, iba sacudiendo a la industria con sus impresionantes discos, sin darle mayor importancia, sin conceder entrevistas ni largas giras. Casero, su fama de huraño no hacía honor a la verdad. Simplemente, era un artista dedicado a sus canciones, a explorar sonoridades, atmósferas, emociones. Esta antología es terrorífica, porque cuando uno se adentra en sus cincuenta canciones, descubre que la barba le ha crecido diez centímetros, de tanto darle al botón de repetir. Ojo: no óptima para misántropos o agorafóbicos. A ver si le vamos a coger el gusto. 4. TELEVISION, MARQUEE MOON (1977) Raros donde los haya en la jungla que pobló el Nueva York nuevaolero del CBGB, su primer disco mostraba un sonido inigualable gracias a las guitarras de Tom Verlaine, hombre largo, alto y huesudo, quijotesca figura que hacía una pareja de amigos perfecta con Patti Smith, y de Richard Lloyd, escoltados por Fred Smith y Billy Ficca. Con su aspecto algo zombie hacía Verlaine «rizuras» musicales, espirales de fuego eléctrico que crean algo así como una capa de ozono musical que protege y cura de todo mal. Como luz en la oscuridad son «Venus», «Elevation« o los más de diez minutos de «Marquee Moon», una obra al nivel de «Stairway to Heaven», un lugar donde la mística y el rock se aproximan cuando no se tocan. Con este disco se pierde la noción del tiempo, tal es su magia. 5. TALKING HEADS, FEAR OF MUSIC (1979) Cuando David Byrne irrumpió en la escena del pop lo hizo con la ambición de un Indiana Jones, como un campeón de la aventura musical por todo el orbe, immune a los prejuicios. Su gusto por los ritmos africanos y tropicales ya estaba presente en este su tercer disco, un trance para bailar sin descanso en el salón de casa, sobre la alfombra, ejercicio suave pero enérgico para el cuerpo y la mente. Byrne, junto a Chris Frantz, Jerry Harrison y Tina Weimouth, bajista poderosa, hacen un disco especial gracias a la colaboración de Brian Eno, que respetó el sonido disco, orientado al baile, de unas canciones que suenan marcianas, robóticas, con historias futuristas que aún hoy nos parecen modernas. Y una canción como «Heaven», replica al «Heroes» de Bowie, perfecta para crear ingeniosas escenas frente a los fogones. 6. STEVIE WONDER, INNERVISIONS (1973) Considerada acaso la obra maestra de este niño prodigio, sus nueve canciones suponen un poderoso viaje interestelar. Así como Jack London, basándose en el prisionero Ed Morell recluido en San Quintín cinco años, nos hablaba del poder del hombre ante el sufrimiento, gracias a la imaginación, Stevie nos lleva a abrir nuestra mente hacia realidades más allá de nuestra visión cotidiana. Musculosa instrumentación grabada en los estudios The Record Plant, la temática es amplia, desde el amor, los derechos civiles o el consumo abusivo, cerrando con un mensaje directo al por entonces gobernante Nixon. Stevie toca todos los instrumentos, bajo, guitarras, teclados, voces, batería, en un esfuerzo encomiable. Disco repleto de soul, rabioso, pionero e influyente como pocos, es también un disco lleno de compasión y empatía. Todo un ejemplo. 7. LEONARD COHEN, SONGS OF LEONARD COHEN (1967) Este es el disco que a cualquiera nos hubiera gustado legar a la posteridad, esa forma de inmortalidad de la que hablara Unamuno. Grabadas en diferentes situaciones, pintorescas muchas de ellas, significan cimas de su cancionero, de «So long, Marianne» a «Suzanne», pasando por «Sister of Merci» o «Masterson». Cohen no quería mayor acompañamiento que una guitarra, para lo que reclutó al singular David Lindley, pero John Simon se impuso, incorporando algunos austeros arreglos. Pese a que pareciera a simple vista un disco de amor, es como toda su obra una indagación en lo apolíneo y lo dionisíaco, en Eros y Tánatos, en el cielo y el infierno de lo humano. Disco para el recogimiento, para pensar con él y acompañado por él, como una alfombra mágica para el espíritu. 8. TOWNES VAN ZANDT, THE NASHVILLE SESSIONS (1973) Este es el secreto mejor guardado del secreto mejor guardado. Estudiado en universidades de Estados Unidos como poeta a la altura, cuando menos, de Dylan, el que fuera hijo de una familia de petroleros y gobernadores del dinero viejo de Forth Worth, Texas, lo dejó todo para componer y cantar sus canciones, pasó por el calvario de los electroshocks, se repuso y creó una discografía corta pero impecable. «Me recordarán cuando haya muerto, como le pasó a Hank Williams», llegó a declarar. Aún un gran desconocido, el trovador de Texas solía reescribir y regrabar sus canciones, en un perfeccionismo sin límite. Fruto de ello son estas «Nashville Sessions», que no vieron la luz hasta veinte años después de ser grabadas. Con una banda que lo arropa como nunca, ofrece algunas de sus canciones más divinas, de «Snake Song» o «Bucksin Stallion Blues» hasta la gloriosa «Two Girls». 9. SIMON & GARFUNKEL, BOOKENDS (1968) Para su cuarto álbum el dúo se atrevió, tras su tremendo éxito, a realizar un álbum exploratorio que indagara en el misterio de la vida creando un rosario de ritos de paso, en un álbum que más parece un tratado antropológico que otra cosa. Eso sí, de belleza cegadora gracias a canciones de morirse de gusto como «America». Producido junto a Roy Halee, podría haber sido un descalabro si no fuera por incluir canciones capaces de derretir al corazón más gélido, véase la sin par «Mrs. Robinson», seguida de «A Hazy Shade of Winter» para terminar con «At The Zoo», uno de los más impactantes packs finales de la historia del pop. Aunque de Paul Simon, toda su discografía es bienvenida en estos tiempos y nunca genera empacho. 10. NICK DRAKE, FIVE LEAVES LEFT (1970) El hombre que susurraba al viento, el mismo que dejó el escenario a las primeras de cambio, al ver que el silencio no iba con el público, para enfado enorme de su productor Joe Boyd; el rey del encierro, el mejor guitarrista de su generación, la sensibilidad más extraordinaria de la historia del pop, todos estos y muchos otros son intentos para describir el indescifrable misterio que rodea la corta y, al mismo tiempo, inagotable fuente de inspiración de Nick Drake. Diez canciones en las que subirse como si fueran alas capaces de hacerte planear por campiñas llenas de flores en una primavera solo vista desde detrás de los visillos de casa. Paradojas que hoy se nos hacen comprensibles. Recuerden poner este disco cuando los brotes de hojas nuevas salgan estos días a saludarnos otro año más. Pongan «Time Has Told Me» y sigan del tirón hasta el final. Porque saldremos de esta, siendo mejores personas. Brindemos por ello. Con moderación.

A las dos semanas de confinamiento domiciliario, a muchos ciudadanos puede asaltarles el síndrome de ensoñación excesiva. Consiste en dejar volar tanto la imaginación que uno se pasa la mayor parte el día viviendo en mundos inventados sólo por su mente, o por los universos que ha visto en su pantalla privada. Eso experimentamos los cinéfilos estos días, buscando refugio en la colección de películas atesorada durante décadas. Recurrir a la comedia es una obligación. En la Gran Depresión de los años 30, los estadounidenses buscaron cobijo en los cines para escapar de la realidad y nació la comedia screwball. «La comedia de la vida» (1934) La parsimonia de un encierro obligatorio, donde todo es posible y el tiempo transcurre a velocidad desesperante, frente al vértigo de una trama alocada y al conflicto entre sexos tan propio de Howard Hawks. Las necesidades de evasión del siglo XX del título original, en realidad un tren entre Chicago y Nueva York, son adaptables al XXI, igual de necesitado de elevar la moral de la ciudadanía. Pura improvisación de un elenco de actores y actrices enajenados por el ritmo de la historia. De hecho, el director la usó como banco de pruebas sobre el diálogo-ametralladora, frases pronunciadas y digeridas a la velocidad del rayo. Y teatro dentro del cine: el alucinante empresario teatral John Barrymore resumirá ese momento y se anticipará casi un siglo a este: «Las penas de la vida son las alegrías del arte». «La Señora Miniver» (1942) Un homenaje a la resistencia heroica de los londinenses bajo las bombas de los aviones nazis nos recuerda hasta qué límite puede llegar la pasta de la que está hecho el humano cuando se trata de apretar los dientes y tirar adelante. Cualquiera de las frases del párroco a su comunidad puede sernos útil en el actual momento de desafío: «Esta es la guerra del pueblo, de todo el pueblo». La importancia del rol femenino en la resistencia de toda la sociedad es clave. Ellas lideraron y organizaron cada uno de los resortes sociales con los que Inglaterra logró resistir y garantizar la continuidad de su sistema de libertades. Los búnkeres excavados en el jardín de las pequeñas residencias de los habitantes del pueblo sirven de refugio tanto como los apartamentos en los que ahora se recluyen las familias modernas, y el concurso de rosas de Greer Garson es el Internet de hace un siglo, que conecta a la gente en su pesadumbre diaria. «Cantando bajo la lluvia» (1952) Si hay una película que sirva para levantar la moral y alentar la ilusión por vivir es el musical de Gene Kelly y Stanley Donen producido por Arthur Freed. Hay que buscarla cuando el ánimo desfallece. Es muy necesaria en tiempos de depresión colectiva, como Qué bello es vivir lo es en la melancólica época navideña. Con el pretexto de los cambios del cine mudo al sonoro, la película planteaba la necesidad de luchar siempre para conseguir las metas, como le ocurre a la joven bailarina Kathy Shelden que, pese a su calidad, se ve relegada a doblar a la estrella del estudio. Los números musicales elevaban la función hasta cotas artísticas altísimas: el archiconocido Singin’ in the Rain que baila Kelly con su paraguas; el trío que celebra la llegada de un nuevo día de ilusión en Good Morning; y el baile cómico en solitario de Cosmo Brown-Donald O’Connor Make ‘Em Laugh. «Scaramouche» (1952) Siempre hay un motivo para ver la vida como algo maravilloso. A André-Louis Moreau le ocurre, como escribe Rafael Sabatini en la primera línea de su novela: «Nació con el don de la risa y con la intuición de que el mundo estaba loco». Siempre que algo se nos priva obligadamente, otro don nos será concedido, como ocurre al perder a Diana en el albero y encontrar a Afrodita en una zanja. Las aventuras clásicas siempre son un recurso para la huida de lo real y para ingresar en un mundo de fantasía dieciochesca. En la Francia pre revolucionaria situó Metro Goldwyn Mayer su folletín romántico de capa y espada, que culminaba con el mejor duelo a espada de la Historia de las películas. «La ventana indiscreta» (1954) En Desde que te fuiste (1944) se definía acertadamente el domicilio de los estadounidenses en tiempos de guerra: «Esta es la historia de una fortaleza inconquistable: el hogar americano». Podemos considerar que eso es aplicable a los hogares de los españoles por el virus invasor amenazante, el epicentro de la privacidad y el dominio de la familia. Aunque el hogar también es la atalaya desde la que otear el exterior y comprobar la marcha de la realidad desde la ventana. La vena voyeur que todos llevamos dentro se desarrolla a sus anchas en un confinamiento como el que sufre el fotógrafo James Stewart, o como el que sufrimos todos con el virus. Pero Hitchcock sobre todo y el original literario de Cornell Woolrich nos advierten del riesgo de entrometernos demasiado en las apariencias de los demás, capturadas con teleobjetivo a través de los cristales. Un microcosmos expuesto a la mirada furtiva. «El ángel exterminador» (1962) Ensamblada en su habitual crítica a la burguesía, Luis Buñuel propone una ficción que encierra a un grupo de personas en una estancia limitada de la que ninguno puede salir por alguna extraña fuerza exterior que se lo impide. Dentro de ese espacio reducido comienzan a aflorar todas las miserias, en una obra profundamente pesimista sobre la naturaleza humana. La película es un compendio de las obsesiones buñuelianas, incluida lo difícil que resulta a veces a los hombres cumplir los pequeños deseos que le son inherentes como especie, como deambular libremente al aire libre, el gran perjuicio del momento actual. «Viaje alucinante» (1966) La invasión de elementos nocivos en el organismo humano deriva, cuando hay contagio masivo, en pandemias como la actual. Richard Fleischer demuestra en este clásico de la ciencia ficción cinematográfica que la invasión puede tener también fines curativos y de investigación científica. Extrañamente no ha sido esta una de las obsesiones de la literatura de anticipación, pese a lo atractivo de la propuesta: un grupo de médicos y militares son reducidos a tamaño microscópico dentro de un submarino para ser inyectado en el caudal sanguíneo del enfermo y bombardear con láser un hematoma cerebral desde dentro del cráneo. Como es previsible, el viaje a través de las arterias se complica y obligará a pasar por zonas de riesgo. «Un pez llamado Wanda» (1988) La parodia como fuente de evasión mental. La digresión de lo real hasta que queda convertido en cenizas, consecuencia de un guion que enreda las situaciones hasta la extenuación y que no pide posiciones filosóficas para su visionado. En la mejor tradición de Blake Edwards (Cita a ciegas podría haber ocupado esta misma recomendación) y de las comedias Ealing a la vez (ídem sobre El quinteto de la muerte), este robo de joyas terminará por convencernos de que es mejor quedarse en casa que planificar mal un golpe. Los gags visuales alcanzan la creatividad máxima, los actores interpretan los papeles más adecuados para ellos de todas sus carreras. «Solo en casa» (1990) La metáfora de Kevin McAllister es la de todos nosotros. Aislado en su casa accidentalmente, el niño de ocho años descubre inopinadamente lo grande que es un hogar para venirse encima de uno mismo y lo pequeño que puede llegar a ser, hasta despertar venas claustrofóbicas, incluso en los más hogareños. Un mega hit linchado por la crítica de su época y de las posteriores. Obra de una de las mentes más prolíficas y creadoras de los años 80 en el cine (Gremlins y Goonies), Chris Columbus, en su propia sencillez y ausencia de pretensiones radica su mejor baza: tener a toda la familia, mayores y pequeños con todo el catálogo de edades, entretenida durante dos horas. «La habitación» (2015) El título elegido en España mueve al engaño. El niño confinado en un cuarto desde que nace junto a su madre secuestrada denomina a ese espacio vital, a ese universo reducido dentro de cuatro paredes tras las cuales no existe nada para él porque nada ha conocido, lo denomina «habitación», sin el artículo. A pocos personajes en las películas como a este niño de corta edad les ha resultado tan confortable un cautiverio forzoso en un espacio cerrado. Lenny Abrahamson construye una primera hora fascinante de cine muy recomendable para retiros prolongados.

ARTURO PÉREZ-REVERTE. Escritor. «Un caballero en Moscú». Amor Towles. Salamandra, 2018. 512 páginas Hay un libro que leí hace poco tiempo, pero que me parece adecuado recomendar para estos días de confinamiento: «Un caballero en Moscú», de Amor Towles (Salamandra), es una historia que me parece deliciosa y me dio unas buenas horas de felicidad lectora. Condenado a muerte por los bolcheviques en plena Revolución Rusa, el conde Alejandro Rostov ve conmutada su pena gracias a un poema revolucionario escrito en su juventud, a cambio de pasar el resto de su vida confinado en el hotel Metropol de Moscú, del que en otro tiempo fue cliente respetado por el personal de servicio. Durante treinta años el conde vivirá allí sin pisar la calle, entre los antiguos sirvientes, y su vida se irá transformando a medida que lo hace el mundo que lo rodea. Disfruté muchísimo con esa novela elegante, llena de finísimo humor, que es también un manual para sobrellevar con dignidad y estoicismo los tiempos difíciles. FRANCESCA THYSSEN. Coleccionista. «La invención de la Naturaleza. El nuevo mundo de Alexander von Humboldt». Andrea Wulf. Taurus, 2016. 584 páginas Mi libro favorito con diferencia es esta increíble biografía sobre el visionario naturalista alemán cuyas ideas cambiaron nuestra manera de ver el mundo natural y que configuran la conciencia medioambiental moderna. Amigo de Goethe, influyó en Darwin, Thomas Jefferson y Bolívar. Él demostró tener una visión unitaria de la vida. Hoy nos ponemos en su piel cuando debatimos sobre cambio climático. Un pensador pasado por alto, pese a ser un poderoso recordatorio de voces que advirtieron sobre sobreexplotación, contaminación y derechos humanos. LUIS LANDERO. Escritor. «Robinson Crusoe». Daniel Defoe. Alianza. 2016. 416 páginas Es mi novela de aventuras favorita. No solo entretiene sino que nos hace mejores y más fuertes. Nos enseña a sacar ante la adversidad lo mejor de nosotros mismos, nuestras mejores cualidades, que acaso estaban adormecidas por la rutina del bienestar. Nos enseña a sobrellevar con entereza la soledad. Despierta y afina las viejas y a menudo desatendidas virtudes de la paciencia, el coraje, la serenidad, la resignación. Nos enseña a valorar las cosas que tenemos, el gran valor de las pequeñas y esenciales cosas, embrutecidos como estamos por el consumo sin control. Y vigoriza nuestra voluntad, para no sucumbir a los demonios del desánimo y de la rendición. Un gran libro para todas las edades. MANUEL BORJA-VILLEL. Director Museo Reina Sofía. «Llámalo sueño». Henry Roth. Alfaguara, 2004. 680 páginas Maravillosa novela que Roth publicó en 1934. Narra la iniciación al universo de los adultos de David, un niño inmigrante judío del Bajo Manhattan de principios del siglo XX. El libro, con un claro componente autobiográfico, expresa el ansia del autor por aprehender una existencia que se le escapa y que a menudo percibe como una pesadilla. Al final del relato, la descarga eléctrica de una catenaria, el equivalente de la fuerza poética del habla, despertará a David de su terror. Seguramente como despertaremos nosotros de la pandemia: llamémosla sueño. ISABEL BURDIEL. Historiadora. «Ascenso y crisis. Europa (1950-2017)». Ian Kershaw. Crítica, 2019. 790 páginas Estoy releyendo -ahora con papel y lápiz- este libro que analiza la situación de Europa entre la II Guerra Mundial y la última gran crisis económica. Quiero integrarlo como uno de los textos básicos en la docencia virtual de la asignatura de Historia del Mundo Actual a la que nos vemos obligados en estos momentos. Es muy claro, inteligente, documentado y bien escrito. Una valoración magnífica de los procesos fundamentales del período, desde la perspectiva europea, pero con un contexto más amplio y capacidad de conectar con los problemas actuales. Una lectura histórica altamente recomendable para todos. RICARDO MENÉNDEZ-SALMÓN. Escritor. «Cuentos». John Cheever. Literatura Random House, 2018. 880 páginas Las razones para escoger a Cheever podrían ser muchas. Todas las literarias, por supuesto, porque hablamos de un gigante, aunque hoy me interesan especialmente las humanas. Y es que creo que muy pocos autores contemporáneos han escrito con tanta piedad y, al tiempo, con tanta desnudez a propósito de nuestra fragilidad y de nuestras miserias, y también acerca de nuestra bondad y de nuestros logros. Y sospecho que hoy necesitamos mucho de ambas cosas: compasión y escrutinio, para entender que éramos felices sin saberlo y para confiar en que podamos aprender algo de este desconcierto en el que hemos caído. INOCENCIO F. ARIAS. Diplomático. «La telaraña». Juan Pablo Cardenal. Ariel. 400 páginas Ningún libro reciente es tan jugoso como este. Cuenta detallada y rigurosamente algo capital: los gobiernos españoles han sido increíblemente miopes hacia el brutal peligro que representa que los medios de información extranjeros no capten verdaderamente lo que estaba ocurriendo en Cataluña y «compren» la versión mentirosa y truculenta que les proporcionan con enormes recursos y atenciones los separatistas. Aquí, pasotismo y miopía. Allí, inventiva, trabajo y dinero sin escaseces ni escrúpulos. La imagen distorsionada difícilmente va a cambiar. Las «representaciones» catalanas en el exterior se quitaron la careta: dedican el 80% de su tiempo a vender las virtudes del proceso independentista y a denigrar a España. Permitimos y financiamos una quinta columna en un frente vital. STANLEY G. PAYNE. Hispanista. «España. Un relato de grandeza y odio». J. Varela Ortega. Espasa, 2019. 1.088 páginas La cuarentena ha provisto el tiempo para, entre otras cosas, terminar la lectura de la nueva obra de José Varela Ortega, España. Un relato de grandeza y odio. Se trata de un estudio magno de más de mil páginas que ofrece un panorama enormemente amplio y variado de aspectos clave de la historia de España y de la imagen española en el extranjero y la crítica al país y a sus habitantes. La primera mitad es la más original, pero el lector aprenderá muchísimas cosas novedosas y con frecuencia muy interesantes. FERNANDO ARAMBURU. Escritor. «A corazón abierto». Elvira Lindo. Seix Barral, 2020. 384 páginas Estoy leyendo estos días y lo recomiendo vivamente el último libro de Elvira Lindo, A corazón abierto, la historia de sus padres novelizada con gran acierto. La perspicacia literaria de la autora provoca el milagro de inducirnos a creer que, a pesar de tantos y tantos títulos dedicados al tema desde la noche de los tiempos, no estaba todo dicho sobre el amor. Aún me queda por leer un centenar de páginas; así y todo, a la vista de lo que llevo disfrutado hasta el momento, dudo que el pulso literario de la autora no se mantenga firme hasta el final. FÉLIX OVEJERO. Filósofo y economista. «La Muerte de Virgilio». Hermann Broch. Alianza. 632 páginas En los ratos más lúgubres volví sobre la Muerte de Virgilio de Hermann Broch y las Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar, no menos melancólica y más llevaderas. Luego, como otros ,supongo, cuando la información acerca del virus se fue extendiendo, acabé leyendo algunas cosas sobre cómo se extienden las enfermedades y las ideas, por ejemplo, Explicar la cultura, de Dan Sperber, sobre la epidemiología de las ideas. Incluso, a cuenta de las funciones exponenciales, volví sobre mis manuales de matemáticas de cuando estudié económicas. Y, si se puede añadir, he estado escuchando obsesivamente El cancionero de Sablonara, del grupo Vandalia, que me llegó precisamente el día en que comenzó el enclaustramiento. INÉS FERNÁNDEZ ORDÓÑEZ. Filóloga y académica. «La pasión de saber. Vida de Antonio de Nebrija». Pedro Martín Baños. Univ. de Huelva, 2019. 636 páginas Recomiendo dos de mi especialidad. La pasión de saber. Vida de Antonio de Nebrija, de Pedro Martín Baños. Es una biografía, basada en una investigación rigurosa y actualizada, del autor de la primera Gramática castellana (1492), primera gramática del castellano pero también de cualquier otra lengua romance. La obra de Nebrija representa un punto de inflexión, el hito que divide la Edad Media del Humanismo en la forma de estudiar el lenguaje. Esta biografía, escrita de forma amena y exquisita, además de novedosa, permite entender el derrotero humano que se esconde detrás. Un libro imprescindible para los interesados en la historia de la filología y de la cultura hispánica. Y de José Antonio Millán, Tengo, tengo, tengo. Los ritmos de la lengua. Un libro no destinado a especialistas, pero que divulga de forma magistral todos los aspectos del lenguaje que entrañan ritmo y que son compartidos por todos los hablantes («patatín, patatán», «a la bi, a la ba», «Qué listo, Calixto»). El objeto de este libro, tan ameno como fascinante, es explicar el porqué de la letra incomprensible que acompaña a los juegos infantiles, el sentido que entraña corear en un estadio de futbol o en una manifestación, los trabalenguas, las cantinelas que acompañan a los movimientos repetidos en el trabajo, los pareados y proverbios, etc. CARMEN POSADAS. Escritora. «Ellos». Francine du Plessix Gray. Periférica & Errata Naturae, 2018. 738 páginas Uno de los libros que me ha encantado leer estos días es Ellos, de Francine du Plessix Gray. Habla de la vida de sus muy singulares padres. Ella, Tatiana Yákovleva, musa y amada de Maiakovski; él Alexander Liberman, segundo marido de Tatiana y mítico director de Vogue. Du Plessix nos pasea por todos los escenarios en los que se desarrollan sus vidas. Desde la URSS de Stalin hasta la Nueva York de los ochenta, pasando por el París de los cuarenta, todo ello narrado con una prosa elegante y algo malvada. Ideal para hacerle caso a Flaubert en eso de que cuando vienen mal dadas, nada como sumergirse en la orgía perpetua de la literatura. Y si es inteligentemente frívola, mejor. ANA MERINO. Escritora. «Puedo contar contigo». Carmen Laforet / Ramón J. Sender. Destino, 2019. 288 páginas La cuarentena me ha pillado leyendo la correspondencia entre Carmen Laforet y Ramón J. Sender. El libro se titula Puedo contar contigo. Las cartas entre estos dos escritores están llenas de ternura y cotidianeidad. Conversan en la distancia y se apoyan, comparten los miedos y las aristas de su vida y se entienden. La amistad es un regalo y este libro lleno de guiños, de palabras cálidas, de reflexiones y afecto nos lo recuerda. Después me pondré a leer las novelas y ensayos de Gertrudis Gómez de Avellaneda. MARIBEL LÓPEZ. Directora de ARCO. «Sin noticias de Gurb». Eduardo Mendoza. Seix Barral, 2001. 144 páginas Es un librito desternillante escrito en 1990 por Mendoza. Está lleno de referencias muy concretas a la Barcelona preolímpica y a ese final de los 80 cargado de iconos (que no desvelaré). Esa exactitud hace que quizá no sea igual de divertido para todos los públicos, y dudo seriamente que superara un análisis de corrección política presente. Recuerdo haberme reído a carcajadas con situaciones surrealistas que crea en ese espacio de desencuentro con «lo otro». LUIS MATEO DÍEZ. Escritor. «Teatro (1877-1890)». Henrik Ibsen. Nórdica. 2019. 800 páginas Estoy leyendo, y recomiendo vivamente, el Teatro (1877-1890), de Henrik Ibsen, en una reciente edición de Nórdica con muy buena traducción de Cristina-Gómez Baggethum. Es una experiencia volver a Ibsen, uno de los grandes, y entrar en un mundo de graves asuntos morales y sociales, todo un tratado del comportamiento humano ante las responsabilidades individuales y públicas, y de inquietante actualidad. Por otra parte, leer teatro, ahora que no podemos ir a las salas, me resulta especialmente reconfortante, la imaginación escénica la pone uno, aunque echa en falta el montaje que llevara la esencia dramática de Ibsen a su grado límite. Leerlo es maravilloso también. DANIEL CANOGAR. Artista. «Cocinar: Una Historia natural de la transformación». Michael Pollan. Debate, 2014. 480 páginas La cuarentena está obligando a cocinar más de lo habitual. Por ello me parece apropiado recomendar Cocinar, que no es un libro de recetas, sino un bellísimo estudio antropológico del acto de cocinar como mediación entre Naturaleza y cultura. Su autor, conocido por sus ensayos contra la industrialización de la agricultura, combina nutrición, tecnología, política e historia para crear un fascinante relato que cambia la forma de ver un acto tan cotidiano. FERNANDO COLOMO. Cineasta. «Música contra los muros». Ana Arambarri. Galaxia Gutenberg, 2020. 224 páginas Acabo de empezar este libro pero me parece muy interesante porque aborda de una manera muy especial el conflicto palestino-israelí, desde perspectivas inéditas. En el fondo, se trata de recorrer la historia de la West-Eastern Divan, una orquesta formada por árabes, palestinos e israelíes que demuestran cómo, a través de la música, la convivencia es posible. Es un texto, además, que atrapa enseguida. JAUME PLENSA. Artista. «El cuarteto de Alejandría». Lawrence Durrell. Edhasa, 2012. 1.648 páginas Mi libro recomendado es El cuarteto de Alejandría, del escritor británico -nacido en la India- Lawrence Durrell. En realidad no es un libro, ¡son cuatro! Una tetralogía de novelas, publicadas entre 1957 y 1960, y unidas por una sola historia común vista desde distintos ángulos: Justine, Balthazar, Mountolive y Clea. El amor y la política como un espejo en el que se refleja el día a día de la sociedad. Este clásico contemporáneo es una auténtica joya. FÉLIX DE AZÚA. Escritor. «Il libro di tutti i libri». Roberto Calasso. Adelphi. 560 páginas Leo el último trabajo de Roberto Calasso, Il Libro di tutti i libri, publicado por su editorial, Adelphi. Es un largo ensayo sobre la Biblia, aunque, para mi disgusto, es más literario que ensayístico. Resume en doce capítulos las historias de los reyes hebreos, con añadidos como la destrucción del Templo de Jerusalén. Es entretenido como obra narrativa; no añade nada a lo que ya sabemos sobre la historia de Israel, pero es una buena compañía para la cuarentena. AURELIO ARTETA. Filósofo. «Chica de campo». Edna O’Brien. Errata Naturae, 2018. 424 páginas Soy devoto de los libros de memorias. El último que me cayó en suerte ha sido el de la escritora irlandesa Edna O’Brien. Ya había degustado Las chicas de campo, pero ha sido Chica de campo el que ha colmado mis expectativas. Ahí se juntan la denuncia del catolicismo de su tiempo, su fino sentido de la ironía, el detalle al describir la naturaleza irlandesa o la delicadeza de sus imágenes literarias. Les apenará terminar su lectura. ANDREA LEVY. Concejala de Cultura del Ayuntamiento de Madrid. «Novelas napolitanas». Elena Ferrante. De Bolsillo, 2018 Seamos realistas. Hasta los lectores empedernidos están encontrando dificultades para concentrarse en estos tiempos de incertidumbre. Por eso, busquemos lecturas intensamente adictivas. Necesitamos libros que nos agarren con fuerza, ellos a nosotros, y que no nos suelten. Y esto sucede con la saga de las novelas napolitanas de Elena Ferrante. Quien no conozca esta aventura es un privilegiado porque tiene más de mil páginas por delante, pero dosificadas en cuatro libros: La amiga estupenda, Un mal nombre, Las deudas del cuerpo y La niña perdida. Además, hay una serie muy fiel dirigida por Saverio Costanzo. Estas novelas, más que leerse, se viven. LORENZO SILVA. Escritor. «Días en blanco». José Luis Sampedro. Plaza & Janés, 2020. 464 páginas Recomiendo, por muchas razones, leer Días en blanco, la poesía completa (y secreta) de José Luis Sampedro recién publicada por Plaza & Janés. Recoge los poemas que escribió y guardó desde los diecinueve años, cuando le reclutó la guerra civil, hasta su vejez. Hay poemas de amor, existencialistas, satíricos. Estos últimos muestran al Sampedro burlón que mataba así el aburrimiento en congresos, reuniones o tribunales. Sobrecogen los que compuso al final de la guerra, desde la piel del sobreviviente. O la confesión del titulado Guardián: «Es otro quien escribe, no mi mano. / Alguien que no soy yo y está escondido». SANTIAGO POSTEGUILLO. Escritor. «Las delicias de la maternidad». Buchi Emecheta. Zanzíbar. 2004. 336 páginas No leo sólo un libro, sino que, en paralelo, navego por varios textos diferentes para cubrir los diversos ámbitos en los que me muevo. Si dijera qué libro estoy leyendo ahora mismo, descubriría de qué personaje pienso escribir una vez que he terminado de relatar la vida de Julia Domna en Yo, Julia y Julia retó a los dioses. En ese sentido, he de callar. Pero además, leo  o, mejor, releo, para preparar mis clases en línea. Recomiendo para momentos de lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, Las delicias de la maternidad, de Buchi Emecheta. La autora nigeriana nos habla de su mundo, pero la desigualdad no conoce fronteras y quien la lee se identifica de inmediato con su protagonista femenina. GONZALO SUÁREZ. Cineasta. «Juego de espera». Michael Powell. Reino de Redonda, 2019. 288 páginas No puedo responder a la demanda de ceñirme a un solo libro ya que una inoportuna conjuntivitis me impide leer con continuidad y, para colmo, el cúmulo de noticias reiteradas (y sombrías) me resta concentración. He optado por abordar diferentes libros en habitaciones diferentes para aderezar mis paseos por el pasillo de casa. Esta estratagema realza el carácter de aventura que para mí ha tenido siempre la literatura y el fraccionamiento de la realidad. Citaré al paso, nunca mejor dicho, Juego de espera, de Michael Powell, que me había enviado su editor, Javier Marías, cuyo último libro Berta Isla demuestra, una vez más, que es un novelista de raza y de nivel internacional. MANUEL VILAS. Escritor. «El escapista». Javier Sebastián. Alianza. 2020. 216 páginas El escapista es una novela escrita con una imaginación precisa y a la vez festiva. Es una historia de hombres altísimos. Los hombres más altos del mundo. La estatura física se convierte en un canto a lo desproporcionado. Solo a través de la desproporción vemos mejor la sociedad y la civilización. Javier Sebastián es un novelista extraordinario. Y esta obra indaga en la temática del doble a través de la vida de dos hermanos gemelos. En las novelas de Javier Sebastián siempre hay un viaje implícito a los límites de la condición humana. Lean esta tierna novela. Es un prodigio. FERNANDO SAVATER. Filósofo. «Goethe se muere». Thomas Bernhard. Alianza, 2012. 120 páginas Para escapar de esta plaga -casi peor que la enfermedad propiamente dicha- de cursiladas pseudo-poéticas y notas autobiográficas tipo aquellas de la pequeña Lulú que empezaban «Querido Diario», recurro a la prosa personalísima e inmisericorde de Bernhard en este libro que reúne cuatro relatos poco conocidos del austríaco genial. Agresivo, irónico, contundente, rechazando toda floritura innecesaria y cerrando las vías de escape, estas páginas de Benhard magistralmente traducidas por Miguel Sáenz nos obsesionan hasta mucho después de haber cerrado el libro. Más vale desesperarse con Bernhard que consolarse con los demás. IRENE ESCOLAR. Actriz. «Las pequeñas virtudes». Natalia Ginzburg. Acantilado, 2002. 168 páginas Desde siempre me ha gustado esta gran escritora italiana y soy fiel lectora suya. Entre sus libros, me parece especialmente recomendable para estos difíciles momentos por los que atravesamos Las pequeñas virtudes, formado por breves relatos, a caballo entre el ensayo y la autobiografía. Natalia Ginzburg nos habla desde una intimidad que emociona al compartir con nosotros sentimientos, sensaciones, detalles cotidianos, revelándonos su experiencia como mujer, escritora y madre. Vemos como vivió etapas trágicas, sobre todo la guerra y la postguerra, en una lucha personal y colectiva por salir adelante. A destacar también el homenaje que rinde a su amigo Cesare Pavese. BORIS IZAGUIRRE. Escritor y presentador. «Conversación en La Catedral». Mario Vargas Llosa. Alfaguara, 2019. 720 páginas En 2019 cumplió 50 años y cuando terminé de leer Tiempos recios, sentí que ambas novelas estaban muy vinculadas. Las dos exploran el gran fracaso que ha sido la democracia en Latinoamérica, como ha sido castigada por unos Estados Unidos intervencionistas. Y como los militares han favorecido esas intervenciones y la clase política ha sido incapaz de contenerlos. La frase que envuelve a las dos novelas, «En qué momento se jodió el Perú» se extiende a todo el mundo. ¿Cuándo se jodió la vida o nos jodieron nuestra vida? Intentar encontrar la respuesta en estas novelas, magistralmente escritas, salpicadas del absurdo cotidiano de lo latinoamericano, me hacen esta lectura de Conversación... absolutamente vital en estos días de encierro y reflexión. GUILLERMO SOLANA. Director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza. «El anillo de la verdad. La sabiduría de "El anillo del nibelungo" de Richard Wagner». Roger Scruton. Acantilado, 2019. 512 páginas Estoy leyendo (y recomiendo) el libro de Roger Scruton: El anillo de la verdad. La sabiduría de «El anillo del nibelungo» de Richard Wagner, con buena traducción de Juan Lucas. Roger Scruton, que falleció el pasado 12 de enero, fue un gran pensador británico, brillante y polémico. Este es uno de sus mejores libros. Una defensa del valor (musical, literario, filosófico...) de la Tetralogía, más allá de las taras del personaje Wagner, y rescatándola a la vez de sus seguidores nazis y de sus detractores contemporáneos. MARTA RIVERA DE LA CRUZ. Consejera de Cultura de la Comunidad de Madrid. «Fervor de Buenos Aires». Jorge Luis Borges. Emecé, 2007. 78 páginas Veinticuatro horas antes de que empezase este encierro forzoso, recogí en la pequeña librería de mi barrio una novela que había encargado, Un mal nombre, segundo volumen de la saga Dos amigas, de Elena Ferrante. Diez días después he sido incapaz de concentrarme para seguir las andanzas de Lila y Lenú. Leo poco, leo mal. La cabeza se me va a otras cosas y a otros sitios. Pierdo el hilo de la acción y de la historia. Y ayer, en un intento desesperado de conjurar la maldición, probé el antídoto de la poesía y volví a Borges. Fervor de Buenos Aires ha funcionado.

Sun, 29 Mar 2020 01:53:44 +0100

La paralización de la actividad taurina por la crisis sanitaria del coronavirus ha dejado al aficionado sin poder disfrutar de los grandes acontecimientos que aguardaba la temporada 2020, entre los que se encontraban las dos reapariciones más esperadas: la de Roca Rey y la de Alejandro Talavante. El joven peruano iba a regresar a los ruedos europeos en las Fallas de Valencia, la primera de las grandes ferias suspendidas por la pandemia, una tarde para la que ya se había agotado el papel, lo que denotaba la expectación que había puesta en volver a ver al peruano después de nueve meses sin pisar un coso nacional. Este acontecimiento se pospuso, inicialmente, al Domingo de Resurrección en Sevilla, donde también estaba anunciado Alejandro Talavante, el gran esperado por la afición después de un 2019 sabático, en la que iba a ser su primera actuación en España después de haber reaparecido ya en Arles (sur de Francia), otro de los ciclos condenado por el Covid-19. Como la propia corrida del Domingo de Resurrección en la Maestranza, a la que hay que sumar también la Feria de Abril y toda la temporada en la capital hispalense, sin duda, el primero de los grandes reveses sufridos por una temporada, la 2020, que ya quedará en la historia como una de las más negras de la historia del toreo. Drama económico Y es que la paralización total del sector ha condenado a la ruina a todos los estamentos taurinos: empresarios, ganaderos, toreros y pequeñas pymes que viven también de esta industria como las fábricas de banderillas y puyas, las cuadras de caballos, los sastres taurinos y numerosos negocios más que tardarán en salir a flote. También los aficionados, a los que a su sed de toros después de un largo invierno hay que añadirle la frustración de perderse otros sucesos importantes que aguardaba este 2020. Precisamente el ciclo isidril, cuyo futuro es igualmente oscuro a pesar de que su cancelación no se ha concretado todavía, hará que la temporada pierda su habitual termómetro, la feria de la que suelen emerger los toreros más nuevos y que sirve para refrescar un panorama que, si nadie lo remedia, seguirá igual (o peor) que estaba. Además, este año volvía a Madrid, entre otros, Morante de la Puebla, un ídolo de masas que, sin bombo de por medio, iba a anunciarse dos tardes; como también iban a hacerlo José María Manzanares o Cayetano, tres toreros que iban a completar las más de treinta tardes de una feria en la en la que, por el contrario, no iban a estar ni el Juli, ni Enrique Ponce, ni Diego Urdiales. Otro hito del año que muy posiblemente quede en el limbo será la primera de las dos tardes que tenía cerradas José Tomás en Nimes (sur de Francia). Al menos parece segura que la de mayo no la podrá llevar a cabo, aunque para la de septiembre todavía hay esperanzas, las mismas que albergan profesionales y aficionados en que se pueda retomar la actividad taurina durante los meses de verano. A día de hoy hablar de eso es una auténtica quimera, ya que, por lo pronto, los Sanfermines de Pamplona no tiene pinta de que vayan a celebrarse, y eso que es a primeros de julio. Lo que está claro es que el país necesita recuperarse al cien por cien de esta crisis sanitaria, que el coronavirus desaparezca completamente y, cuando lo haga, la gente deberá recuperar también la seguridad y la confianza para volver a ir a un recinto que congregue a miles y miles de personas. El caso es que más de un centenar de festejos y ferias tan importantes como Valencia, Castellón, Sevilla, Córdoba, Jerez de la Frontera, Valladolid, Zaragoza, Madrid, Granada, Burgos, Alicante o Pamplona, además de muchas otras en Francia y Portugal, van a sufrir sin duda, los efectos de una situación sin precedentes. Ojalá se puedan retomar antes de que acabe el año, aunque aún es demasiado pronto para aventurarse y darlo por hecho por mucho que algunas empresas ya hayan encontrado fechas para sus ferias en septiembre y octubre. Lo dicho: primero a recuperarse; segundo, a recobrar la confianza; y ya después de todo eso, que suenen clarines y timbales.

La peste siempre ha sido un azote de la humanidad. El Imperio Romano perdió un tercio de su población por la viruela, llamada peste antonina, pero los virus ya habían causado estragos en la Atenas de Pericles siete siglos antes. Nada nuevo bajo el sol. Las enfermedades contagiosas han diezmado la población, han provocado migraciones y han sido utilizadas como armas contra el enemigo. Lo que ha cambiado a lo largo de la Historia es la visión sobre estas catástrofes que han inspirado a escritores, pintores y artistas. Por decirlo con otras palabras, cada época ha tenido una diferente percepción de la peste en función de sus creencias y sus códigos morales hasta el punto de que la reacción frente a este fenómeno devastador sirve para retratar la mentalidad de su tiempo. Cuando el pueblo tebano se dirige a su rey Edipo para pedirle que acabe con la peste que asola la ciudad, éste achaca la desgracia a la voluntad de los dioses. Y por ello decide enviar a su cuñado Creonte a consultar al oráculo al templo de Apolo. Sófocles, que murió en el año 406 antes de Jesucristo, se inspiró para escribir su «Edipo rey» en la epidemia que masacró a Atenas durante la guerra con los espartanos. El historiador Tucídides contó con todo tipo de detalles los sufrimientos de la población. En su drama, el primero en el que la peste aparece como un motivo esencial de la trama, Sófocles presenta a Edipo como una víctima del destino ya que, aunque él recurre a todos los medios para aliviar a Tebas del mortal contagio, sufre un cruel castigo. El error que comete Edipo es un tema recurrente en la cultura griega: la hybris, el pecado de los hombres que, cegados por su orgullo, se creen iguales a los dioses. Voluntad de los dioses Por ello, el incrédulo y soberbio Edipo constata que el ciego Tiresías tenía razón cuando le había revelado que había matado a su padre y se había casado con Yocasta, su madre. Nada puede hacerse contra la voluntad de los dioses, como subraya el coro de este drama. Y, por ello, Edipo abandona Tebas para morir en soledad y bajo el peso de la culpa. En «Edipo rey» la peste no sólo es un castigo divino. Es, además, una demostración de la imposibilidad de evitar el destino que nos han impuesto los dioses. Y ése era, sin duda, el sentimiento de los atenientes que se habían concentrado junto a las murallas, que creían que Zeus y los dioses del Olimpo favorecían a los espartanos y castigaban a la ciudad que había aniquilado en Salamina poco años antes al poderoso ejército persa, mandado por Jerjes. Edipo es la prueba de que nada se puede hacer contra la voluntad de los dioses, que mueven a los hombres como marionetas en función de sus arbitrarios caprichos. En última instancia, la peste es una expiación de la hybris que personifica Icaro cuando Febo funde sus alas al volar por encima de los pájaros. «Puede que lo que hacemos no traiga siempre la felicidad, pero, si no hacemos nada, no habrá felicidad» (Albert Camus) En el fondo esa idea seguía latiendo en la Edad Media cuanto estalló la peste negra o bubónica en 1347, coincidiendo con la Guerra de los Cien años. Bocaccio se inspiró en la devastación de aquella epidemia que afectó a Europa para escribir su «Decamerón», en el que un grupo de jóvenes florentinos huyó del contagio en una casa de campo. En una sociedad feudal y religiosa, la peste bubónica fue recibida como un castigo de Dios a los pecados de la aristocracia y del clero, como una sanción a la impiedad de los ricos y poderosos. Por tanto, la peste tenía un sentido religioso y moral, que se expresa en los capiteles de los claustros de los monasterios y en las representaciones pictóricas de la época en las que se presenta asociada a la figura del diablo. Hay una maravillosa película de John Huston, «Paseo por el amor y la muerte», en la que un estudiante y una noble doncella huyen por toda Francia de la guerra y de la peste que finalmente les alcanza en la abadía en la que se han refugiado. Son dos seres inocentes cuyo amor es imposible en un mundo de odio y devastación. Es retrato conecta con el espíritu del «Decamerón» en el que la epidemia aparece de contrapunto a las ganas de vivir de los jóvenes. Dando un salto en el tiempo, el escritor irlandés Daniel Defoe escribió en 1722 el «Diario del año de la peste» en el que relata el azote de la plaga que causó una terrible mortandad en Londres en 1655. Defoe describe sus efectos con la visión de un periodista, que cuenta lo que ve, recurre a los datos e intenta buscar una explicación racional. La obra de Thomas Mann parece asociar la peste al castigo por el deseo homosexual, lo cual la dota de un sesgo moral, que conecta con la visión medieval de la epidemia («Muerte en Venecia») No en vano Defoe era heredero del empirismo inglés, representado por Bacon y Locke, que sostenía que sólo la observación de los hechos podía cimentar el desarrollo de la ciencia y del pensamiento. «Diario del año de la peste» es el primer gran reportaje periodístico de la modernidad. «La peste es como un gran incendio que, si se expande en una ciudad muy poblada, aumenta su furia y la destruye en toda su extensión», observa Defoe. El escritor irlandés abandona cualquier intento de analizar la peste desde el punto de vista moral y metafísico porque es muy consciente de que se trata de una enfermedad vinculada a las condiciones de vida de la urbe. Charles Dickens, que sobrevivió a varias epidemias de cólera, adopta el mismo enfoque. Nadie ha descrito como él los olores, los miasmas, las miserias de los barrios marginales de Londres como focos de incubación de enfermedades contagiosas. Es un punto de vista parecido al de Emile Zola, padre del naturalismo en Francia. Curiosamente Thomas Mann, nacido cinco años después del fallecimiento de Dickens, retoma el tema de la peste con un enfoque totalmente distinto en «Muerte en Venecia», una novela corta escrita en 1912. El protagonista de la narración, llevada al cine por Visconti, es un escritor bávaro llamado Aschenbach, que se va de vacaciones a Venecia. Allí conoce a un adolescente llamado Tadzio, del que se enamora. Pero Aschenbach se da cuenta de que la peste ha estallado en la ciudad adriática mientras las autoridades locales intentan ocultarla para no espantar al turismo. Finalmente, el escritor decide permanecer en su hotel del Lido y muere contagiado por el virus. La obra de Mann es extraordinariamente ambigua porque parece asociar la peste al castigo por el deseo homosexual, lo que confiere a la obra un carácter esencial moral y ejemplificador. Una visión muy parecida a la de los autores medievales que escribían sobre las epidemias. Una aproximación totalmente distinta es la de Jack London, autor de «La peste escarlata», publicada el mismo año que «Muerte en Venecia». La obra del escritor nacido en San Francisco tiene un carácter futurista y casi profético. Y ello porque la trama parte de una epidemia que mata a casi toda la humanidad en 2013, un siglo después de su publicación. «La peste escarlata», de 2072 La acción se desarrolla en el 2072 cuando un grupo muy pequeño de supervivientes viven en condiciones primitivas y salvajes. En ese contexto, un viejo maestro intenta reeducar a sus descendientes en los valores de la civilización desaparecida. Más que un relato de ciencia ficción, «La peste escarlata» es una distopía. London apunta que la letal enfermedad teñía la piel de color rojo, lo que ha sido interpretado como una referencia y un homenaje a Edgar Allan Poe, fallecido en 1849 cuando sólo tenía 40 años. Poe escribió un cuento hoy muy celebre, titulado «La máscara de la muerte roja», en la que el príncipe Próspero y un grupo de amigos se encierran en una remota abadía para protegerse de una peste que mata en medio de horribles sufrimientos en pocos minutos. Próspero organiza un baile para combatir el aburrimiento sin prever que de repente irrumpe un oscuro personaje, vestido con una capa y cubierto con una máscara, que encarna esa muerte roja, personificación del diablo, que propicia el horrible final de un Próspero que se creía invulnerable. «La máscara de la muerte roja» fue llevada al cine por Roger Corman, que acierta a reproducir el clímax de terror del cuento de Poe. El papel de Próspero es interpretado, como no podía ser de otra forma, por Vincent Price. A los jóvenes del filme «Paseo por el amor y la muerte» la peste les alcanza. Su amor es imposible en ese mundo (John Huston) Si la visión de Mann es moralista, la narración de Poe utiliza la epidemia para reavivar los temores profundamente enterrados en el inconsciente colectivo. Pero también en este cuento late una idea del castigo divino a los que se creen invulnerables por su poder y condición social. Por último, «La peste» de Albert Camus, muy citada estos días, es la obra que mejor representa la concepción moderna de la fragilidad del hombre ante las enfermedades contagiosas, ya que el escritor francés se plantea unos dilemas que son profundamente actuales. La novela fue publicada en 1947 en el mejor momento de creatividad de Camus, que, por aquel entonces, dirigía el periódico Combat. Había acabado una guerra en la que había sido testigo como miembro de la Resistencia tanto de actitudes heroicas como miserables. La acción de «La peste» se desarrolla en Orán (Argelia), donde se desata una epidemia, transmitida por las ratas, que diezma a la población. Pronto estalla el terror entre la gente, que intenta sobrevivir como puede mientras algunos echan mano de su poder y de sus privilegios para evitar el contagio. Ejemplo moral En medio de la miseria moral, el doctor Bernard Rieux se queda en el Orán para luchar contra la enfermedad, arriesgando su vida. Tras erradicar la peste, Rieux formula la reflexión de que es imposible vencer definitivamente a las epidemias porque los microbios no mueren jamás sino que reaparecen para destruir vidas humanas. Camus considera que la peste es un absurdo, un hecho sin sentido, dictado por el azar, que mata a las personas en función de una lotería siniestra. Y en esas situaciones caben dos actitudes: se puede actuar con dignidad o intentar huir sin pensar en los demás. Rieux es un médico que asume sus responsabilidades y da un alto ejemplo moral. Ya en «El mito de Sísifo», publicado cinco años antes, Camus había escrito en sus páginas iniciales que la única pregunta relevante es si la vida tiene sentido o es preferible el suicidio para poner fin al sufrimiento humano. El autor argelino pone a Rieux como ejemplo de que la existencia puede tener sentido si sirve para ayudar a los demás. Fue Camus el que escribió: «Puede que lo que hacemos no traiga siempre la felicidad, pero, si no hacemos nada, no habrá felicidad». Una filosofía que puede ayudarnos a luchar contra la peste del coronavirus que está destruyendo nuestra forma de vivir y poniendo en evidencia nuestra fragilidad.

Sat, 28 Mar 2020 23:53:32 +0100

Tony Aguilar y Eva González dieron el pistoletazo de salida ayer al festival de música online LaLigaSantanderFest, organizado para recaudar fondos para combatir la pandemia del coronavirus. El primer invitado fue Rafa Nadal, conectando desde Mallorca para dar la bienvenida a Alejandro Sanz, que cantó «Viviendo deprisa» desde la soledad de una habitación pero entregándose como si estuviera en el escenario de un estadio. Y eso debió llegar a los espectadores, pues en esos primeros minutos de conexión se recaudaron más de 17.000 euros. Sergio Ramos tomó el relevo para recordar que «la música es lo mejor para desconectar en estos días grises», y ceder el turno a Santi Cazorla, que confesó que la música de Sebastián Yatra le hace venirse arriba en el confinamiento. Precisamente el colombiano entró a continuación para cantar «TBT», y después el festival siguió conectando con América para recibir a Tini. El barcelonista Gerard Piqué también se unió a la fiesta para contarnos sus rutinas de confinamiento, y asegurando que «la iniciativa de LaLigaSantanderFest es algo único», señalando que la «rivalidad entre futbolistas se acaba cuando hay que estar unidos». Jesús Navas presentó a El Arrebato, que cantó «Aquí me tienes» desde su estudio casero. El bético Joaquín también se sumó al festival para prometer que «vamos darle una patada al virus y lo vamos a mandar a casa», y como no podía ser de otra manera para añadir un toque humor poniéndose bromista: «Yo estoy aprovechando para conocer mejor a mi mujer, y estoy viendo que es tela de buena persona». Manuel Carrasco recordó que «hay que estar unidos, y quedarnos en casa», antes de regalar «Siempre fuertes» a los oídos de los espectadores. Le siguió el joven Beret con «Lo siento», y después Antonio Orozco entró en pantalla junto a su hijo para cantar «Mi héroe». Una de las grandes sorpresas fue la aparición del pianista Lang Lang, que tocó desde París y mandó un «mensaje de amor» para todos. Su compatriota Wu Lei, del Espanyol, también participó recordando el mensaje de que «hay que quedarse en casa», antes de que Lola Indigo tomase su turno con «Mujer bruja». Rakitic presentó a toda una estrella mundial, Luis Fonsi, que interpretó una bien traída «No Me Doy Por Vencido» pidiendo a los espectadores que cantaran con él desde sus casas. La campeona de badminton Carolina Marín mandó un beso a todos los «festivaleros», y poco después el evento recibió al incombustible Raphael, que se incluyó a sí mismo hablando de las personas de riesgo por las que «hay que quedarse en casa», y cantó unos versos de «Como yo te amo» con un poderío, el de siempre, que resultó abrumador por el primer plano recogido por la videocámara de su ordenador. Lucía Fernanda y Antonio Carmona dedicaron un tema improvisado a los sanitarios y trabajadores que mantienen vivo al país, llamado «Por ti», y Rosario Flores interpretó al piano el clásico de su hermano Antonio, «No dudaría». Muniain aseguró que «siempre que pasa algo grave sacamos lo mejor», y después desfilaron por el festival Miriam Rodríguez, Ainhoa Arteta y los colombianos Morat, otra de las sorpresas ya que se había dicho que sus miembros podían estar contagiados. Tras una breve pausa a las ocho para aplaudir a los sanitarios como cada día, el festival entró en su recta final ya convertido en Trending Topic mundial. Ahí entraron Aitana, José Mercé (que cantó un fandanguito llamado «Coronavirus»), Antonio José, Juanes, WIlly Bárcenas, Pablo López, Vanesa Martín, Mon Laferte (que actuó sentada en el váter de su casa), David Bisbal, Pablo Alborán, que recomendó «aprovechar el tiempo que tenemos cuando todo esto acabe», y hasta J Balvin, con un gran final de fiesta cuando se cerró la cuenta de recaudación: 600.000 euros que irán a parar a la lucha contra este maldito virus que ha querido dejarnos sin conciertos, pero que no lo ha conseguido. Las donaciones -el Banco Santander anunció la donación de un millón de mascarillas- se podrán seguir haciendo hasta las 14 horas de hoy domingo 29 en la web de La Liga.

Plaza 1, la empresa de Las Ventas, acaba de hacer oficial la suspensión de las dos corridas programadas en Semana Santa, las de Domingo de Ramos y Domingo de Resurrección. Así lo comunica en esta nota informativa: «El pasado miércoles día 25 de marzo, el Gobierno de España votó a favor de prorrogar el estado de alarma hasta el día 11 de abril y siguiendo las indicaciones de la Comunidad de Madrid, Plaza 1 suspende los festejos programados para los días 5 y 12 de abril, las corridas tradicionales del Domingo de Ramos y Domingo de Resurrección, respectivamente». Respecto a la devolución de entradas, señalan: «Para las devoluciones de entradas de esos festejos se amplía el plazo y este se comunicará y concretará más adelante una vez finalice el estado de alarma. Las localidades compradas por internet se devolverán directamente a las tarjetas de crédito con las que se efectuó la compra. Una vez comience la temporada, la empresa informará a los abonados de temporada completa sobre el procedimiento a seguir para efectuar sus devoluciones». Aunque de momento no hay notificación oficial, dada la gravedad de esta crisis mundial por la pandemia, San Isidro, una feria de masas, también se da lógicamente por cancelado.

Plácido Domingo ha sido internado en un hospital de Acapulco tras haber sido infectado por el coronavirus, según informa el medio mexicano «Quadratin Guerrero», que cita fuentes oficiales. El martes, su hijo Álvaro Domingo decía a ABC que «aquí está mi Papá tranquilo y ya recibiendo el tratamiento indicado». Según la información del medio mexicano, Domingo, de 79 años, «ya ha superado la parte más crítica de la enfermedad», «será dado de alta del hospital Del Prado en los próximos días y seguirá su convalecencia en una casa del exclusivo fraccionamiento Brisas Guitarrón». Quadratin Guerrero asegura también que el foco de contagio fuera una fiesta celebrada hace unos días en Tequila, Jalisco, en honor al empresario Juan Domingo Beckmann (quien también dio positivo del virus) y en la que estuvo el cantante español. En España, varios de sus amigos cercanos no tienen noticias de Plácido Domingo desde hace un par de días, y la familia permanece en silencio en las últimas horas.

José Gómez Ortega «Gallito» (1895-1920) fue el gran arquitecto de la tauromaquia moderna y, hasta su muerte en Talavera de la Reina hace cien años, el hombre clave de una era desglosada en el libro «Dos temporadas y media», en la que el menor de los Gallo impulsó, influyó y mandó en el toreo desde la plaza Monumental de Sevilla. «El triunfo de Joselito» es el subtítulo de esta obra de los arquitectos Fidel y Julio Carrasco Andrés y Carmen del Castillo que reivindica la trascendencia del torero de Gelves en los cimientos del toreo, simbolizadas en las dos temporadas y media que transcurrieron desde la inauguración de la Monumental en el arrabal torero de San Bernardo y la aciaga tarde en la que «Bailaor», de la viuda de Ortega, mató a Joselito en Talavera. Con el antecedente del libro «Monumental Sevilla, la dignidad de un proyecto» sobre la efímera vida de este coso y las presiones que culminaron en su abandono tras la muerte el 16 de mayo de 1920 de José, su impulsor, quien la inauguró en junio de 2018 con Curro Posada y Fortuna y en la que se despidió su hermano Rafael el Gallo en septiembre de ese año. 1919 fue el año de Juan Belmonte como base en La Maestranza y de Joselito en «su» Monumental y en 1920, por acuerdo entre los dos protagonistas de la Edad de Oro del toreo, se llega a una gestión compartida entre los dos cosos, una vez vista y asumida la revolución que había supuesto la idea de José. El libro parte de la «dimensión inalcanzable» del coloso de Gelves, que, además de construir las monumentales para permitir el acceso a los toros de las clases menos favorecidas, dejó escritas las bases del toreo moderno, la selección del ganado, los veedores de toros para las figuras y un largo etcétera para un torero que murió con veinticinco años. Pretende, además, desmontar los lugares comunes que han cogido cuerpo a lo largo de las décadas sobre la figura de un torero que no tuvo la vertiente literaria de una figura como la de Juan Belmonte con la obra de Manuel Chaves Nogales «Juan Belmonte, matador de toros». La obra rebate aspectos como el carácter melancólico de José con episodios libremente interpretados como la huella de la muerte de su madre, la «Seña» Gabriela, o los amores imposibles del torero con Guadalupe Pablo-Romero por la oposición de su padre al noviazgo, además de otros como la rivalidad entre Joselito y su hermano Rafael ni que dejaran de hablarse, «sencillamente no volvieron a torear juntos», ha explicado a Efe Fidel Carrasco. Con epílogo de agradecimiento de Dolores Sánchez Mejías, nieta de Ignacio, en el que subraya su inteligencia y sentido de la familia y desmiente que José fuera un asceta -«tenía debilidad por las mujeres»-, en el libro subyace, además, el fondo definido por otro sobrino nieto, Ignacio: «La historia del toreo la han escrito los belmontistas». Sea o no así, el escritor Domingo Delgado de la Cámara destaca en el prólogo que las profesiones imprimen carácter cuando se ejercen con vocación y no para pagar las facturas, y que Joselito era y parecía torero «siempre y en todo momento». En un paralelismo entre profesiones y sus toreros, señala que los cirujanos suelen gustar del «largo y poderoso» y su arquetipo sería Pedro Romero; que Paquiro sería el favorito de los abogados por ser «el gran legislador»; que Manolete «inspira por igual a clérigos y militares»; que Belmonte tenía percha literaria, que Domingo Ortega es el toreo del campo, «poderoso y eficaz, ayuno de retórica», o que El Cordobés fue «la venganza de los desheredados». Considera que es «totalmente lógico» que los autores se identifiquen con José porque son arquitectos y Gallito es pura arquitectura porque «empieza a especular con el toreo en redondo que será el cimiento de todas las faenas actuales», desarrollado con posterioridad por Manuel Jiménez Chicuelo y Manolete; y porque desplegó una actividad frenética para construir las Monumentales de Barcelona, Sevilla y Madrid. Era una sociedad eminentemente rural en la que los niños jugaban al toro en las calles y los patios del colegio la que se vio conmocionada cuando José muere en Talavera, noticia en todos los periódicos españoles y portada de una edición especial de «The Times» en español del 23 de mayo de 1920. Las circunstancias en las que se montó la fatídica corrida de Talavera en la que se anunció mano a mano con su cuñado Ignacio hicieron que el rotativo, gallista, publicara una esquela en la que figura que el maestro de Gelves murió «vilmente asesinado», en referencia a la organización del festejo. La figura revolucionaria de Joselito trascendió a su muerte y la rivalidad de cierta Sevilla se trasladó a la oposición de sectores de la nobleza a su funeral en la catedral y que se levantara para ello un impresionante túmulo de tres cuerpos cubierto de terciopelo bordado, lo que rebatió punto por punto el canónigo Juan Francisco Muñoz y Pabón. Joselito, «sin esas prodigalidades chocarreras, ni eso rumbos chabacanos de los toreros del antiguo régimen», contribuyó «como un príncipe a todo lo noble, a todo lo grande, a todo lo santo que se proyectó en Sevilla», responde el canónigo a un anónimo de una dama de la nobleza sevillana. Una suscripción popular sufragó una pluma de oro en agradecimiento a su defensa a los funerales por José en la catedral: la lleva la Virgen de la Esperanza, Macarena, junto a un pañuelo que le regaló Fernando el Gallo, el patriarca, y las corona de oro y las cinco mariquillas de cristal de roca francés que le regaló el arquitecto del toreo moderno.

«Por El Gallo podrán los viajeros reconstruir el toreo cuando vengan a visitar nuestras ruinas. Por El Gallo sabrán cómo se vestían los toreros, pues hay que reconocer que la mayoría de los toreros no saben llevar la ropa. Por El Gallo sabrán todos el miedo que se derrocha en la fiesta del valor... Por El Gallo podrán ver lo que era la Fiesta, como nosotros ante las piedras incompletas de un castillo vivimos el siglo XVII». Son palabras de Gregorio Corrochano en su crítica abecedaria del 23 de marzo de ahora hace un siglo, cuando, pidiendo casi perdón a los «aficionados metódicos», se fue a la plaza carabanchelera de Vista Alegre a ver torear a Rafael El Gallo. «Nosotros sentimos hacia Rafael esa afición de curiosidad que sentimos hacia las ruinas... Y este matiz de evocación que ningún torero tiene es lo que nos atrae en Rafael, si no hubiera un motivo sentimental, al verle vencido, abandonado de los que tanto le cacarearon cuando este cacareo podía cotizarse en populachería y ruido», y sentenciaba: «Rafael, acabado, deshecho, con el miedo acentuado y su arte borroso, tendrá público porque tiene personalidad». En aquel comienzo de la temporada de 1920, el Divino Calvo no vivía sus mejores momentos, frente a la gloria que emanaba su hermano Joselito, en esos días recién llegado a Sevilla de su campaña americana y recibido por un gentío, con vítores y ovaciones, en cualquiera de sus apariciones por la ciudad. Rafael tuvo que recurrir a anunciarse en la segunda plaza de Madrid junto a dos diestros de escaso renombre. Las circunstancias le obligaban. «Absurdo lidiador» «Anteayer, fracasado una vez más, con sus dos toros muertos, cuando ya no había salvación para ningún torero la hubo para Rafael, cuando, acuciado por Torquito y Zapaterito en el tercio de quites del quinto toro, se hincó de rodillas, tomó el capote por una punta con la mano derecha, lo manejó en zig-zag luminoso y se echó el toro a la espalda en una larga cambiada», describe Corrochano, que añade con un punto de nostálgica admiración: «Los que sabemos lo que fue saboreamos en un capotazo aquellas tardes de gloria del absurdo lidiador». La crónica finaliza: «Yo sé que Rafael es un torero en ruinas, y le voy a ver con la curiosidad que visito Numancia o Itálica; por la fuerza evocadora que tiene». El Gallo, al que su madre, la «señá Gabriela», le había cortado la coleta dos años antes en la plaza de Sevilla, seguía toreando. Las circunstancias. Cerca estaba ya el mes de mayo y la cita de su hermano Joselito con la muerte en Talavera. El dolor, el abatimiento, el duelo. Lejana aún su retirada definitiva de los ruedos, que tuvo lugar en 1936. A El Gallo le quedaban muchas páginas que escribir en los ruedos. Cinco días después de aquella tarde en Carabanchel, en la plaza de Madrid, El Gallo, con muleta y espada, se acercó a la localidad que ocupaba Corrochano para brindarle un toro. ABC lo contó así: «No me acaba de llenar el toro -me dijo, reverencioso como un moro-; pero se lo voy a brindar. No me llena, porque el toro achucha mucho y no es de mi temple, pero no tengo otro», y añade Corrochano: «Después Rafael se extendió en consideraciones acerca de la crónica taurina moderna, y pude observar un sentido crítico que no tienen muchos escritores. El brindis fue largo y elocuente». Las cosas de El Gallo.

Cada día a las 19:58 (en mi calle debe haber varios con relojes atrasados) escucho a través de los cristales el estruendo de los vecinos aplaudiendo. El ruido entra a pesar de que las ventanas están firmemente cerradas. Para algunos será hermoso, no lo discuto. Catárquico, supongo. No me meto. Será la edad, será el encierro. Cada vez tengo menos ganas de dar lecciones o de juzgar a otros. Pero yo no he salido a aplaudir ni una sola vez. No, no tengo motivación alguna. Si es un acto de reafirmación, no me sirve. Si es un reconocimiento a nuestros sanitarios, me sirve aún menos. La manera de reconocer a nuestros excelentes profesionales sanitarios es pagándoles un salario justo. Es dándoles el equipamiento necesario. Es no ser maleducados en la consulta, porque no es culpa suya que hayamos tenido que estar dos horas esperando. Es no pedirle al fontanero que la factura nos la haga sin IVA. Es no votar a alguien que vaya a recortar la Sanidad. Hacer ruido desde un balcón no tiene sentido. La misma mano que aplaude es la que vota.

Sat, 28 Mar 2020 01:53:02 +0100

En estas siniestras jornadas al ralentí volvemos a encontrar voces que señalan nuestro modo de vida como plataforma propulsora de grandes problemas humanitarios. Por ejemplo, en la portada de ABC Cultural el pasado sábado leíamos al escritor Juan Eslava Galán: «La naturaleza nos avisa de que no todo vale, deberíamos reflexionar tras esta crisis». En este mismo diario, el pintor realista Antonio López comentaba sobre la pandemia: «Impresiona lo que estoy viendo, pero ha pasado muchas veces. El hombre tiene hoy demasiadas necesidades, y es muy invasivo. Se acabará volviendo contra él». O incluso el Papa Francisco, que afirmó en «Lo de Évole»: «La naturaleza está pataleando para que nos hagamos cargo de su cuidado». Y todo esto nos lleva a Paul Kingsnorth, un exlíder ecologista que ha terminado «en rehabilitación». Kingsnorth, nacido en Worcester (Inglaterra) en 1972, fue editor de la prestigiosa revista «The Ecologist», también de las publicaciones de Greenpeace y cofundó el proyecto literario «Dark Mountain», una red de escritores que se dedica a «confrontar las historias que nos impiden ver el cataclismo ecológico, social y cultural que ya está en marcha», lo que él llama ecocidio. También ha colaborado con «The Guardian», «Le Monde» o la «BBC», entre otros medios. Hace unos años, el que fuera el más comprometido de los ecologistas cayó en la desesperación. Le quemaba la falta de lucidez y eficacia del movimiento verde y también el fariseismo de la «sostenibilidad» tras la que se parapetaba la izquierda progresista. Y se retiró de esto y de casi todo, pues se mudó con su mujer y sus dos hijas a una zona rural e ignota de Irlanda donde compraron una casa en tierra baldía y que ahora cuenta con más de 500 fresnos y abedules. Al llegar allí, desmanteló el baño y habilitó un urinario seco. Y comenzó a convertirse en el virtuoso de la guadaña que es hoy, que hasta imparte clases. Todo esto lo cuenta en su libro «Confesiones de un ecologista en rehabilitación» (ed. Errata Naturae), en donde afirma que el futuro del mundo es «un duty free, un aeropuerto donde pasearte a tu antojo eligiendo baratijas sin historia, sin pertenencia y sin sentido». ¿Cree que la crisis del coronavirus supondrá algún replanteamiento de nuestro modelo de sociedad? En mi vida, las emisiones globales han caído solo dos veces. Cuando la URSS se derrumbó en 1990 y cuando la economía mundial estuvo a punto de colapsar en 2008. Este virus podría convertirse la tercera vez. Todas estas fueron reducciones involuntarias pero temporales en nuestras actividades destructivas. Lo que esto revela es que la fuerza que destruye la vida en la Tierra tiene un nombre, y ese nombre es «economía global»: eso en lo que se supone que todos debemos trabajar a diario para progresar y expandirnos. Critica que el movimiento verde esté obsesionado con el cambio climático. ¿No es tan importante? El cambio climático es sólo el síntoma de un problema mucho más grande: el atentado perpetrado por la humanidad contra toda la vida no humana. Otros síntomas son, por ejemplo, la extinción masiva, la acidificación de los océanos, la erosión del suelo, las megaciudades no sostenibles y muchísimos más. Nos centramos en el cambio climático porque es lo que nos hace entrar en pánico. Nos asusta que tumbe a la civilización de un golpe en la cabeza —algo que probablemente ocurra—, pero si se resolviera mañana, seguiríamos violando la Tierra. Deberíamos ser cuidadosos y no centrarnos sólo en este síntoma. Se retiró del movimiento ecologista bastante desesperado, ¿qué pasó? Me di cuenta de que, con las mejores intenciones, los verdes —entre los que me encontraba— estaban mintiendo a la gente. Les decíamos que el cambio climático podía revertirse si actuábamos lo suficientemente rápido. Les decíamos que las viejas tácticas —las manifestaciones, o la acción directa— eran efectivas para combatir este problema tan complejo, pasando por alto el hecho de que cada uno de nosotros era cómplice en la creación del problema que queríamos resolver. Me di cuenta de que no era posible darle la vuelta al barco en el que viajamos, que vamos directos hacia las rocas. Sostiene que el movimiento verde se ha torpedeado a sí mismo por su insistencia en la cifras. ¿No le parece sensato sustentar el activismo en base a la ciencia? Bueno, ¡hay un montón de gente haciéndolo! Piense de nuevo en el cambio climático: los científicos llevan décadas realizando investigaciones minuciosas y contrastadas. Las alarmas llevan sonando desde hace ya mucho, mucho tiempo. Está claro que está sucediendo. Y, aun así, las emisiones continúan creciendo. ¿Por qué? Pues porque no queremos oírlo, y porque lo que sería necesario hacer entra directamente en contradicción con el crecimiento financiero y los beneficios. La elección entre un planeta vivo o una economía en crecimiento ya se ha hecho. En términos de reducción de emisiones, ¿cree que es imposible hacer lo que debemos hacer? ¿Estamos perdidos? Mientras queramos vuelos baratos, ropa barata, cafeterías baratas, Internet, industria de la moda, economía y cultura globalizadas, Netflix y demás fuegos de artificio de la economía de mercado, pues, sí, es imposible. Todos tenemos ya un veredicto: sí, nos importa, ¡pero tampoco tanto! ¿Qué piensa de los negacionistas del cambio climático, como Donald Trump, cuando os llaman «Profetas del apocalipsis»? Realmente me sentiría halagado si Don Donald decidiera insultarme, pero, tiene razón, soy un profeta del apocalipsis. Muchos lo somos. Bien visto, es hacia una especie de apocalipsis hacia lo que nos encaminamos. Ataca a la izquierda porque afirma que se ha adueñado del movimiento verde. ¿Qué implicaciones negativas tiene esto? Démosle a la izquierda el crédito de haberse tomado en serio al menos algunos aspectos del ambientalismo, cuando la mayoría de la derecha lo descartaba de entrada y hacía una llamada a perforar, construir y crecer aún más. La mayoría de la derecha tradicional ha sido abiertamente anti-naturaleza. Bolsonaro y Trump son dos ejemplos obvios. Mis objeciones a la izquierda, sin embargo, son tres. En primer lugar, los verdes eran ecocéntricos, su preocupación se centraba en la red de la vida, que incluía, pero no se limitaba, a los humanos. La izquierda, por el contrario, es un movimiento profundamente centrado en lo humano, y que depende de las nociones de progreso o crecimiento tanto como la derecha. Sólo discuten sobre la propiedad y los derechos. Otro de mis inconvenientes respecto al dominio de la izquierda del pensamiento verde es que a menudo son centralizadores —la corriente izquierdista principal tiende a querer mejores países, mejor gobierno, mejor todo. El pensamiento verde debería centrarse en una localización radical. Así es como aprendemos a prestar atención a la vida tal como es. El problema final es táctico: cuando proteger la naturaleza se asocia con cualquier corriente política —derecha, izquierda, o la que sea— entonces todos los que no formen parte de ese equipo se volverán en su contra. Esto es lo que ha pasado con el cambio climático: que muchos conservadores ahora lo ven como un «plan socialista» para permitir un gobierno excesivamente intervencionista. Josep Borrell, alto representante de la Unión Europea, pidió perdón por decir: «Me gustaría saber si los jóvenes que se manifiestan por la lucha climática están dispuestos a rebajar su nivel de vida». ¿Por qué no se habla de esto? Eso no parece algo por lo que haya que disculparse. Es una buena pregunta. ¿Lo están? Va a ser necesaria una reducción radical en este nivel de vida que es industrial, fácil y rápido. Sobre esto he llegado a la conclusión de que no vamos a hacer nada. Nos gusta culpar a los jefes, a los políticos, a Trump, a quien sea. Pero, ¿quién está yéndose de vacaciones en avión con un smartphone en la mano? La clase media del oeste, en concreto, es la que está causando este problema. ¿Estamos preparados para pagar las consecuencias? No, y por eso no hablamos de ello. Si cada vez somos más humanos los que extraemos recursos a la naturaleza para vivir, ¿aboga por algún tipo de restricción del número de nacimientos o algo así Desde luego, la población de la Tierra está en un nivel sin precedentes muy dañino, y los verdes tienden a mirar para otro lado cuando se menciona este hecho tan incómodo. Y por supuesto, para que el crecimiento continúe, necesitamos más personas —poblaciones que crezcan infinitamente—. Algo tiene que ceder. De hecho, la herramienta más efectiva para la reducción de la natalidad es el capitalismo. Aquí en Europa, la mayoría de las tasas de natalidad de cada país está por debajo del nivel de reemplazo. Pero el capitalismo se está comiendo el mundo. Es un misterio. Pero nadie va imponer tasas de natalidad bajas, y tampoco deberían. Sólo el Gobierno chino lo ha intentado. ¿Por qué no le gusta la palabra sostenibilidad? Porque carece de significado. ¿Sostener qué? ¿La sociedad industrial global? ¿El confort de la clase media? ¿Las ganancias corporativas? «Sostenibilidad» significa actividades comerciales como siempre, menos carbono. Le han acusado de derrotista por retirarse del activismo. Es cierto que me he retirado del activismo. Desde que lo hice he plantado un montón de árboles, he educado a mis hijos en casa y he escrito algunos libros. Espero que haya sido un buen intercambio. Pero todos tenemos que hacer lo que hacemos. Nadie debería decirle a nadie qué tiene que hacer. Cada uno seguimos nuestro camino. ¿Qué opina del fenómeno Greta Thunberg? ¿Lo ve positivo para el movimiento verde? Tiene muy buenas intenciones y es admirable. ¿Supondrá una diferencia? Bueno, no está diciendo nada nuevo. Y su fama repentina me da qué pensar. ¿Por qué todos los líderes mundiales están haciendo el paripé de ser sus amigos? Se sientan y la escuchan mientras ella les regaña, y luego continúan como siempre. No la culpo por ello, pero simplemente parece que lo hacen para aparentar. Dicho esto, claramente inspira a muchos jóvenes, y eso es algo bueno. Nuestra cultura glorifica la acción y desprecia la contemplación. Usted, al contrario, hace una llamada a la no-acción. La acción tiene que venir desde el autoconocimiento porque, si no, puede empeorar las cosas. Darse golpes contra la pared solo por sentirse «activo» no es heroico. La acción sin resultados conduce a la ira y a la frustración —esa furia que vemos en todo el mundo ahora, amplificada de una manera terrible por las redes sociales—. Somos una cultura que no podemos dejar de movernos. Hacemos campañas por la «naturaleza» pero nunca la vemos. Nunca nos paramos para escuchar. Bueno, la naturaleza nos va a detener de una manera u otra. Pronostica que dentro de un siglo algún crítico literario, si es que existen por los problemas climáticos, dirá que nuestros escritores actuales son «un ejemplo patente de la locura de nuestra sociedad». Empecé el «Dark Mountain Project» hace diez años porque me pareció que los escritores no estaban escribiendo como si esto fuera algo real. Las novelas y la poesía seguían deslizándose por la superficie. Pero estamos en una época sin precedentes. ¿Dónde está el arte para poder igualarse? Esto está empezando a cambiar ahora. Veremos qué viene. Según el hinduismo, estamos en la época de Kali yuga, época de degeneración y avaricia, de falta absoluta de respeto por la vida. ¿Estamos en el tramo final de la ultima extinción masiva? Creo que nuestra «cultura» —es decir, la modernidad industrial y racionalista, tan alejada de la vida, tan destructiva, tan arrogante, tan desalmada— está en camino de salida. ¿Qué la reemplazará? Bueno, las civilizaciones han colapsado muchas veces anteriormente. Algo nuevo surge. Todo lo que diría es que aprenderemos a escuchar la canción de la Tierra de nuevo, o nos extinguiremos y nos lo mereceremos.

La cultura tiende puentes que a veces nos parecen imposibles dentro de la vida política. Este martes, Andrea Levy, Concejal de Cultura, Turismo y Deporte de Madrid, del Partido Popular, pedía a través de su cuenta de Twitter recomendaciones de libros, música y series para sobrellevar el confinamiento. Desde entonces, ha recibido miles de interacciones con un aluvión de propuestas, algunas de ellas desde el mundo de la política.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="es" dir="ltr">Confinamiento día.... no me acuerdo.<br>¿Me recomendáis libros, música, series...? <a href="https://t.co/WeQBOVplzS">pic.twitter.com/WeQBOVplzS</a></p>&mdash; Andrea Levy (@ALevySoler) <a href="https://twitter.com/ALevySoler/status/1242524894094557186?ref_src=twsrc%5Etfw">March 24, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> A través de este tuit se ha creado un diálogo muy interesante entre políticos de diferentes ideologías y partidos, que demuestra que la cultura puede utilizarse como elemento cohesionador, como un lugar de encuentro y conversación. A la pregunta de Levy, Borja Sémper, hasta hace poco presidente del PP de Gipuzkoa, apuntó que él estaba leyendo la novela gráfica «From Hell» por recomendación de Eduardo Madina, el que fuera candidato a la Secretaría General del PSOE.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="es" dir="ltr">yo estoy con “From Hell”, una novela gráfica flipante que me prestó <a href="https://twitter.com/EduMadina?ref_src=twsrc%5Etfw">@EduMadina</a> y que edita <a href="https://twitter.com/PlanetaAgostini?ref_src=twsrc%5Etfw">@PlanetaAgostini</a> <br>De música, momento bucle con <a href="https://twitter.com/LaBienQuerida?ref_src=twsrc%5Etfw">@LaBienQuerida</a></p>&mdash; Borja Sémper (@bsemper) <a href="https://twitter.com/bsemper/status/1243500585518759937?ref_src=twsrc%5Etfw">March 27, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> Madina, por cierto, le sugirió a Levy «M. El hijo del siglo», de Antonio Scurati.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="es" dir="ltr">Dale, sin dudar, a “M. El hijo del siglo”. De Antonio Scurati. Está en <a href="https://twitter.com/Alfaguara_es?ref_src=twsrc%5Etfw">@Alfaguara_es</a> y es un libro increíble. Ya me contarás...</p>&mdash; Edu Madina (@EduMadina) <a href="https://twitter.com/EduMadina/status/1243496666969387014?ref_src=twsrc%5Etfw">March 27, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> Un tuitero comentó, con guasa: «Que os llevéis mal, que la gente quiere carnaza». Madina respondió también con gracejo: «Lo hemos intentado. Pero no nos sale...» A la conversación también se sumó Gabriel Rufián, de ERC, que le recomendó «Maus», de Art Spiegelman, «Meridiano de sangre», de Cormac McCarthy, y la banda sonora de «Drive».<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="es" dir="ltr">Un cómic, un disco y un libro.<br><br>Abrazo. <a href="https://t.co/rfxZ6mKghj">pic.twitter.com/rfxZ6mKghj</a></p>&mdash; Gabriel Rufián (@gabrielrufian) <a href="https://twitter.com/gabrielrufian/status/1243506846608039937?ref_src=twsrc%5Etfw">March 27, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>

En estos días sombríos que vivimos, pocas cosas hay tan valiosas como la capacidad de recordar momentos felices. Albert Uderzo, el creador de Astérix junto con el guionista René Goscinny, nos dio tanta felicidad a lo largo de muchos años que ni siquiera el triste hecho de su muerte, ocurrida el pasado 24 de marzo, ha podido evitar que sonríamos al evocar su obra. Con Uderzo desaparece uno de los últimos protagonistas de la prodigiosa explosión de talento e imaginación que fue el cómic franco-belga en las décadas centrales del siglo XX. Las dos figuras más importantes de aquella «bande dessinée», Hergé (creador de Tintín) y Goscinny murieron hace muchos años. Y de los cuatro grandes dibujantes que colaboraron con Goscinny -Uderzo, Morris («Lucky Luke»), Tabary («Iznogud el infame») y Dino Attanasio («Espagueti»)- sólo este último vive. Hablar de la obra de Uderzo es imposible sin referirse a su larga colaboración con Goscinny. Es lo cierto que en el cómic guionista y dibujante se inspiran recíprocamente y que su interacción es más intensa que la de los autores de cualquier otra obra de síntesis. A esa especialísima compenetración aludía Goscinny en una entrevista concedida en 1965: «¿Mi dibujante? Eso no existe. Nunca. No hay de un lado un guionista y de otro un dibujante. Hay un equipo, un equipo de dos compañeros entregados a una historia (…). Nuestra inspiración es común y es una inspiración lograda cuando nos reímos hasta las lágrimas juntos». En el mismo sentido, el dibujante Morris decía: «Cuando Goscinny escribía un guión, yo veía exactamente lo que quería expresar y el veía ya el dibujo que yo iba a hacer». Una compenetración de este género sólo se da sobre la base de una gran amistad, que fue la que unió a Uderzo y a Goscinny desde que se conocieron en 1951. Entre las primeras tiras cómicas que tuvieron por dibujante a Uderzo y por guionista a Goscinny destacan las protagonizadas por Jehan Pistolet (aventuras marineras ambientadas en el siglo XVIII) y Luc Junior (héroe adolescente inspirado en Tintín). Su primera obra de madurez vino en 1958, con la entrada en la escena colonial norteamericana del indio Umpah-Pah y su amigo Hubert de La Pâte Feuilletée, un joven caballero francés de casaca y peluca. En el verano de 1959, Goscinny y Uderzo conciben el mundo de Astérix, cuyas historias se empiezan a publicar en la revista «Pilote» en octubre de aquel año. En 1961 se publicó el primer el álbum, «Astérix el galo», y a partir de entonces la progresión de las ediciones será imparable. Hasta la temprana muerte de René Goscinny en 1977, los dos amigos firmarán veinticuatro álbumes, de los que se venderán quinientos millones de ejemplares en todo el mundo, con traducciones a ciento veinte idiomas. Es imposible hablar en pocas líneas de la colección de aventuras de Astérix. Sí se puede, en cambio, tratar de destacar algunos aspectos de la obra de Uderzo como dibujante. ¿Cuál es la cuota de genialidad que le corresponde en la colección? Asombra, en primer lugar, su capacidad para la expresión humorística de estados de ánimo, verdaderos o fingidos. Así, por ejemplo, el pasmo amoroso de Obélix, mudo y absorto como un Bécquer cómico ante la bella Falbala («Astérix legionario»); su miedo escénico en la obra teatral de vanguardia en «Astérix y el caldero»; o los divertidísimos accesos de furia que finge en «La residencia de los dioses» para espantar a los colonos romanos. La imagen de la dignidad es otra especialidad de Uderzo: la dignidad solemne, aunque inevitablemente paródica, del jefe Abraracúrcix, la dignidad del jefe corso Ocatarinetabelachichix, tanto cautivo como en libertad, la gravedad sacerdotal del druida Panorámix… No hay que olvidarse del propio Astérix: Uderzo retrata a la perfección los gestos característicos de su particular tipo de inteligencia, la inteligencia asociada a la acción, que se ve en escenas en que Astérix resume con dos palabras una situación, como cuando le dice al jefe normando que lo que le ocurre es que tiene miedo. Pero quizá lo más duradero del arte de Uderzo sea la representación pictórica del mundo romano. Por supuesto, no falta aquí el lado humorístico: esos centuriones romanos de ancho pecho acorazado, piernas de alambre y dentadura canina no se olvidarán fácilmente. Pero hay más: aunque la colección de Astérix se basa en una parodia del Imperio romano, el tema se trata muy decorosamente. Y una gran parte del crédito pertenece a la nobleza de los dibujos de Uderzo, que tan adecuadamente representan los templos, edificios, calzadas, campamentos y barcos de Roma, y la imagen del propio Julio César. Pero tengo que concluir: Albert y René, nos acompañaréis siempre, pero muchas gracias por acompañarnos ahora, cuando las «lacrimae rerum», las lágrimas de las cosas, tanto nos agobian.

Sat, 28 Mar 2020 01:45:27 +0100

Como casi todos los museos del mundo, el Catharijneconvent de Utrecht (Países Bajos) está cerrado hasta el 1 de junio, por motivo de la pandemia del coronavirus, y con ello no es posible visitar la exposición "Todos los milagros", una muestra con un tema que hoy cobra gran actualidad y que abría sus puertas del 28 de febrero al 23 de agosto. Pero ya se sabe que las dificultades y las crisis agudizan el ingenio. A los responsables de la institución se les ha ocurrido una idea muy original: poder realizar una visita previa de la exposición a través de una especial línea telefónica, un «teléfono-milagro" (030-3071037). Según explica el diario británico "The Guardian", funciona así: "Aquellos que buscan un milagro deben elegir la opción dos en el menú. "¿Quiere experimentar un milagro?", se les pregunta a quienes llaman. La opción uno permite escuchar todo sobre un milagro experimentado por un miembro del personal, como es el caso de Simone, que sobrevivió al tsunami de 2004 en el Océano Índico. La opción tres ofrece la posibilidad de que las personas que llaman registren su propia descripción de una experiencia milagrosa en el sitio web del museo". Los milagros han estado presentes desde los albores de la humanidad. Y los artistas se han inspirado en ellos durante siglos. Representar lo que sucede entre el cielo y la tierra requiere su mayor imaginación. Ese desafío produjo el arte más emocionante y conmovedor. Desde Rembrandt hasta Mondrian y Marina Abramović, el museo ha reunido las obras más bellas y sorprendentes de colecciones internacionales para esta exposición. Los hechos milagrosos son especiales e inescrutables. Y son precisamente estas cualidades las que desafían a los artistas de todas las épocas a representar milagros. Dan vida a la historia y se dirigen directamente al espectador, a sus propias convicciones. ¿Siempre crees lo que ves? ¿Lo crees cuando alguien cuenta una historia maravillosa? ¿Y cómo explicas los hechos milagrosos que experimentas tú mismo? Las obras de arte entablan un diálogo con historias maravillosas de diferentes culturas, objetos históricos culturales y fascinantes testimonios de experiencias inexplicables. Los científicos también tienen su opinión acerca del fenómeno de los milagros. Los resultados de un estudio sobre milagros proporcionan información sobre cómo vemos los milagros hoy. Esto crea un nuevo contexto a través del cual el visitante puede crear su propia historia. El museo ha elegido tomar el ciclo de vida como punto de partida. Un viaje a través de los milagros, utilizando tres temas principales: nacimiento, vida y muerte. La historia del milagro en el arte se muestra y describe a través del tiempo. Pero, ¿de dónde viene nuestro deseo de milagros? La falta de evidencias acerca de la existencia de los milagros obligó al museo a mantener un escepticismo sobre el tema. Las obras de arte incluidas en la exposición incluyen representaciones de Lázaro tanto en un grabado de Rembrandt, como en una pintura de Carel Fabritius. Además, los visitantes pueden ver un video musical de "Lazarus" de David Bowie, una canción grabada poco antes de su muerte en 2016. Milagros cuestionados Pero el museo ha querido explorar todas las vías, incluidos los "milagros" cuya autenticidad había sido cuestionada. Así, los comisarios exploraron si era posible incluir una pintura de 1937, "La Santa Virgen de Welberg", de Wijnand Geraedts, que representa a Janske Gorissen, una joven de la aldea holandesa de Welberg que había adfirmado haber tenido visiones de la Virgen María y del arcángel Gabriel en la década de 1930. Su habitación se convirtió en un lugar de peregrinación para miles de personas, pero, debido a las crecientes dudas sobre la historia, una comisión del Vaticano en 1951 finalmente concluyó que no había ocurrido ningún milagro. "Desafortunadamente, el obispo de Breda ha puesto la pintura y todos los documentos sobre este caso bajo llave", dijo uno de los comisarios, Marije De Nood, al periódico "De Volkskrant". Sin embargo, sí se explora a fondo un segundo milagro controvertido. A principios de la década de 1930, cinco niños de Beauraing, una ciudad de Bélgica, afirmaron haber visto a la Virgen María. Parecían entrar en éxtasis cuando rezaban. Para comprobar si los niños mentían, los médicos pusieron una cerilla encendida en la mano de Gilberte Degeimbre, la más pequeña de ellos, con tan solo 9 años. Se dijo que Degeimbre no había sufrido quemaduras y el obispo de Namur confirmó la naturaleza sobrenatural de la experiencia en 1949. Degeimbre murió en 2015, a la edad de 92 años. La ropa que había usado de niña está presente en la exposición.

José Mercé participará hoy en LaLigaSantanderFest, el festival de música online organizado por la Liga de Fútbol con objeto de recaudar fondos para la adquisición de material sanitario para combatir la pandemia del COVID-19. Contará con medio centenar de artistas que cantarán una canción para la ocasión, y de un nutrido grupo de futbolistas que también entrarán en la emisión para apoyar la iniciativa. Podrá verse a partir de las 18 horas a través de los canales Movistar LaLiga, GOL TV y los canales sociales de LaLiga, tanto en YouTube como en Facebook y, en LaLigaSportsTV, además de en las redes sociales del Banco Santander. —¿Usted y los suyos bien, maestro? —Todo bien gracias a Dios, aquí metidito en casa. Confitado, como digo yo. —Qué necesario es el humor estos días. —En estos tiempos malos que corren, muchísimo. También hay que ver el lado positivo, intentar aprender algo de todo esto. A ver si nos humanizamos un poco, por ejemplo. Esto ha demostrado que estábamos deshumanizados. ¡Estamos conociendo ahora a nuestros vecinos de toda la vida! Parece mentira. Algo tan sencillo como conocer a tu vecino... Pues hasta ahora no era ni hola ni adiós, ni nada. Y gracias a los aplausos de las ocho hemos empezado a hablar, y nos estamos haciendo amigos. —¿Lleva bien el «confitamiento»? —Llevo «confitao» desde el trece de marzo, con mi mujer y mis niñas. Ya llevo aplazados seis conciertos, y por un lado ha venido bien porque estoy con mis nietos, estoy con mis hijas... y como los artistas estamos siempre pacá y pallá, pues hay que aprovechar eso. Llevo diez días maravillosos, ayudando a los nietos con los deberes, hablando con mis hijas de muchas cosas... con mi mujer no, porque con ella viajo siempre (risas). Pero me lo estoy pasando muy bien, y estoy escuchando más música que nunca. Me voy a convertir en un catedrático de flamencología. Y también estoy escribiendo mis letritas. —Esta situación debe hacer que se componga de una forma distinta, seguro. —Segurísimo, claro. Cada vez que veo las noticias, los fallecimientos, o la alegría de los curados... son cosas que inspiran. Estamos siendo muy valientes, aguantando el tirón en nuestras casas, con la excepción de algunos que están majaras perdidos o no se quieren enterar. El conjunto de los españoles se está portando muy bien. —¿Qué le parece la iniciativa de LaLigaSantanderFest? —Me parece maravillosa. Que el deporte y la cultura se unan en un momento así es muy bonito. Recaudaremos todo lo que se pueda para derrotar al bicho este de las narices, y vamos a tener tres horas de música y de futbolistas hablando para distraernos y ser solidarios. Esto sirve también para lanzar un grito de apoyo a los sanitarios, que están haciendo una labor tremenda, divina. Son un héroes. Y también los camioneros, las cajeras de los supermercados... todos los que están trabajando para que podamos aguantar esto. Hay que valorar su trabajo al máximo. —¿Qué papel deberían jugar los deportistas de élite en esta crisis, siendo referentes para tanta gente? —Además de los futbolistas también está Nadal, Gasol, y muchos otros que colaboran económicamente con lo que pueden. Los españoles, cuando tenemos que arrimar el hombro, siempre somos los primeros. En este país podemos estar orgullosos de eso. —La música ayuda mucho en estos momentos. ¿Quizá el flamenco se siente de una forma más especial, por aquella conexión con el blues en cuanto a la resiliencia, al saber pasar fatigas? —Pues sí. Nosotros nunca hemos estado de moda. Hemos pasado fatigas, como los músicos de blues. Somos de la calle, y nunca hemos tenido un pentagrama. El flamenco es de las culturas más grandes que tenemos, pero todos los estilos y todos los músicos estamos haciendo de todo, todo lo que nos piden. —¿Cómo cree que volveremos a las calles cuando todo esto acabe? —Yo espero que volvamos sin miedo, valientes y positivos, con ganas de gastar en los bares y los restaurantes, como siempre hemos sido los españoles. Pero siempre en positivo. —Cuando todo esto se calme, ¿querría ver a su Real Madrid jugando a puerta cerrada, o prefiere esperar a derrotar del todo al virus para que haya gente en las gradas? —Nada, nada, al virus hay que rematarlo del todo. Sin público yo no lo veo. A ver si esta pandemia canalla nos deja en paz ya y podemos ver fútbol en junio. Pero ahora, lo que hay que hacer es dar las gracias a los sanitarios y todos los trabajadores que he mencionado antes, a las Fuerzas Armadas, a la UME, a la Policía Nacional, la Municipal, a la Guardia Civil... a todos. Están haciendo algo que no olvidaremos nunca. Verlos trabajar hace que se te encoja el corazón y te salten las lágrimas.

Julián López «El Juli», una primera figura del toreo, se ha sumado a la corriente solidaria emprendida por dos deportistas de primera, el tenista Rafa Nadal y el jugador de baloncesto Pau Gasol, para aportar una dotación económica a Cruz Roja y hacer frente a la pandemia del coronavirus. <blockquote class="instagram-media" data-instgrm-captioned data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/B-P-DcSKqee/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" data-instgrm-version="12" style=" background:#FFF; border:0; border-radius:3px; box-shadow:0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width:540px; min-width:326px; padding:0; width:99.375%; width:-webkit-calc(100% - 2px); width:calc(100% - 2px);"><div style="padding:16px;"> <a href="https://www.instagram.com/p/B-P-DcSKqee/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" background:#FFFFFF; line-height:0; padding:0 0; text-align:center; text-decoration:none; width:100%;" target="_blank"> <div style=" display: flex; flex-direction: row; align-items: center;"> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 40px; margin-right: 14px; width: 40px;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 100px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 60px;"></div></div></div><div style="padding: 19% 0;"></div> <div style="display:block; height:50px; margin:0 auto 12px; width:50px;"><svg width="50px" height="50px" viewBox="0 0 60 60" version="1.1" xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" xmlns:xlink="https://www.w3.org/1999/xlink"><g stroke="none" stroke-width="1" fill="none" fill-rule="evenodd"><g transform="translate(-511.000000, -20.000000)" fill="#000000"><g><path d="M556.869,30.41 C554.814,30.41 553.148,32.076 553.148,34.131 C553.148,36.186 554.814,37.852 556.869,37.852 C558.924,37.852 560.59,36.186 560.59,34.131 C560.59,32.076 558.924,30.41 556.869,30.41 M541,60.657 C535.114,60.657 530.342,55.887 530.342,50 C530.342,44.114 535.114,39.342 541,39.342 C546.887,39.342 551.658,44.114 551.658,50 C551.658,55.887 546.887,60.657 541,60.657 M541,33.886 C532.1,33.886 524.886,41.1 524.886,50 C524.886,58.899 532.1,66.113 541,66.113 C549.9,66.113 557.115,58.899 557.115,50 C557.115,41.1 549.9,33.886 541,33.886 M565.378,62.101 C565.244,65.022 564.756,66.606 564.346,67.663 C563.803,69.06 563.154,70.057 562.106,71.106 C561.058,72.155 560.06,72.803 558.662,73.347 C557.607,73.757 556.021,74.244 553.102,74.378 C549.944,74.521 548.997,74.552 541,74.552 C533.003,74.552 532.056,74.521 528.898,74.378 C525.979,74.244 524.393,73.757 523.338,73.347 C521.94,72.803 520.942,72.155 519.894,71.106 C518.846,70.057 518.197,69.06 517.654,67.663 C517.244,66.606 516.755,65.022 516.623,62.101 C516.479,58.943 516.448,57.996 516.448,50 C516.448,42.003 516.479,41.056 516.623,37.899 C516.755,34.978 517.244,33.391 517.654,32.338 C518.197,30.938 518.846,29.942 519.894,28.894 C520.942,27.846 521.94,27.196 523.338,26.654 C524.393,26.244 525.979,25.756 528.898,25.623 C532.057,25.479 533.004,25.448 541,25.448 C548.997,25.448 549.943,25.479 553.102,25.623 C556.021,25.756 557.607,26.244 558.662,26.654 C560.06,27.196 561.058,27.846 562.106,28.894 C563.154,29.942 563.803,30.938 564.346,32.338 C564.756,33.391 565.244,34.978 565.378,37.899 C565.522,41.056 565.552,42.003 565.552,50 C565.552,57.996 565.522,58.943 565.378,62.101 M570.82,37.631 C570.674,34.438 570.167,32.258 569.425,30.349 C568.659,28.377 567.633,26.702 565.965,25.035 C564.297,23.368 562.623,22.342 560.652,21.575 C558.743,20.834 556.562,20.326 553.369,20.18 C550.169,20.033 549.148,20 541,20 C532.853,20 531.831,20.033 528.631,20.18 C525.438,20.326 523.257,20.834 521.349,21.575 C519.376,22.342 517.703,23.368 516.035,25.035 C514.368,26.702 513.342,28.377 512.574,30.349 C511.834,32.258 511.326,34.438 511.181,37.631 C511.035,40.831 511,41.851 511,50 C511,58.147 511.035,59.17 511.181,62.369 C511.326,65.562 511.834,67.743 512.574,69.651 C513.342,71.625 514.368,73.296 516.035,74.965 C517.703,76.634 519.376,77.658 521.349,78.425 C523.257,79.167 525.438,79.673 528.631,79.82 C531.831,79.965 532.853,80.001 541,80.001 C549.148,80.001 550.169,79.965 553.369,79.82 C556.562,79.673 558.743,79.167 560.652,78.425 C562.623,77.658 564.297,76.634 565.965,74.965 C567.633,73.296 568.659,71.625 569.425,69.651 C570.167,67.743 570.674,65.562 570.82,62.369 C570.966,59.17 571,58.147 571,50 C571,41.851 570.966,40.831 570.82,37.631"></path></g></g></g></svg></div><div style="padding-top: 8px;"> <div style=" color:#3897f0; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:550; line-height:18px;"> Ver esta publicación en Instagram</div></div><div style="padding: 12.5% 0;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: row; margin-bottom: 14px; align-items: center;"><div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(0px) translateY(7px);"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; height: 12.5px; transform: rotate(-45deg) translateX(3px) translateY(1px); width: 12.5px; flex-grow: 0; margin-right: 14px; margin-left: 2px;"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(9px) translateY(-18px);"></div></div><div style="margin-left: 8px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 20px; width: 20px;"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 2px solid transparent; border-left: 6px solid #f4f4f4; 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Por eso me sumo a la iniciativa de @RafaNadal y @PauGasol #NuestraMejorVictoria esperando que me ayudéis con esta causa. Yo ya he hecho una aportación personal. Únete en el proyecto de #CruzRojaResponde con vuestra aportación al ES44 0049 0001 5321 1002 2225</a></p> <p style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; line-height:17px; margin-bottom:0; margin-top:8px; overflow:hidden; padding:8px 0 7px; text-align:center; text-overflow:ellipsis; white-space:nowrap;">Una publicación compartida de <a href="https://www.instagram.com/eljulioficial/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:normal; line-height:17px;" target="_blank"> El Juli</a> (@eljulioficial) el <time style=" font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; line-height:17px;" datetime="2020-03-27T19:53:59+00:00">27 Mar, 2020 a las 12:53 PDT</time></p></div></blockquote> <script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script> El torero madrileño ha lanzado este mensaje: «Hola, soy Julián López El Juli. Desde el confinamiento en mi casa y agradeciendo el cariño por parte del público durante estos 21 años de trayectoria me quiero unir con mi aportación económica a esta gran causa iniciada por Rafa Nadal y Pau Gasol para conseguir nuestra mejor victoria. Os invito a que os unáis a este gran proyecto de Cruz Roja responde. #QuédateEnCasa». Cruz Roja ha realizado 160.000 intervenciones desde que el Gobierno decretó el estado de alarma, a través del Plan Cruz Roja Responde frente al Covid-19 para las personas vulnerables y población en general. Entre otras acciones, la ONG realiza traslados sanitarios a personas afectadas, entrega de comida y productos de primera necesidad en domicilios o despliegue de infraestructuras hospitalarias temporales.

Era una apuesta arriesgada –no es fácil controlar ni la lengua, ni los movimientos de Alberto García-Alix–, pero también garantía de éxito, en un creador de voz rasposa, que cada vez que habla sentencia, y que arroja mil titulares en sus sentencias, sean sobre la fotografía o la vida en general. Con este histórico de la Movida se estrenaban ayer de otra manera los de FotoColectania en redes sociales, convirtiéndolo en el primero de los muchos fotógrafos con los que quieren llevar a cabo charlas en directo en Instagram, ahora que es imposible reunirlos en sus instalaciones en Barcelona. Y como todo lo que empieza, o se hace bajo la presión del directo, dio para situaciones curiosas. Como contemplar, desde Barcelona para el mundo, las dificultades de Pepe Font de Mora, director de la institución y maestro de ceremonias en la tarde del jueves, por conseguir que García-Alix se conectase; o descubrir lo mal que este se lleva con las nuevas tecnologías (él sigue siendo, de hecho, un artista analógico: «En el laboratorio continúo porque ya no sé cambiar. Solo sé mirar por la cámara por la que miro», confesaba en la charla), o lo complejo que es tenerlo centrado en una única cuestión (el leonés hizo sufrir a su interlocutor cuando decidió continuar la charla sin mostar su rostro, o cuando movía su dispositivo para mostrar el espacio desde el que transmitía). Momentos de sinceridad Imposible atrapar a un león con una ratonera. Por eso, y aunque llegó al final, una de las preguntas era obligatoria: «¿Cómo está llevando García-Alix lo del confinamiento?». Su respuesta fue probablemente uno de los momentos en los que el veterano fotógrafo se mostró más sincero: «Asumiéndolo con normalidad frente a la gran monstruosidad que es esto –admitía–. La pregunta es qué va a salir de todo esto. Nos enfrentamos todos con la naturaleza de nuestra sociedad. Yo aprovecho para entrar al laboratorio, para matar el tiempo y disfrutar. Por primera vez en mucho tiempo estoy haciendo copias para mí mismo. También clasifico el archivo. Pero siento la misma angustia que estamos siguiendo todos, primero por los nuestros y luego por los demás. Hay gente muy desfavorecida que se llevará la peor parte». «La fotografía ha estado en perpetuo cambio. He visto pasar tendencias, pero, sobre todo, técnicas», afirma el leonés En los más de treinta minutos que duró la charla, hubo tiempo para hablar de todo: Para explicar cómo la fotografía es una necesidad para este artista («Nunca he dejado de hacer fotos. Lo que hay son épocas más brillantes o épocas menos brillantes. Pero necesito hacerlas para engrasar el nervio óptico»). También para confirmar, como consideraba Humberto Rivas, que la fotografía es un pulso entre fotógrafo y fotografiado, que siempre ha de ganar el primero («Yo prefiero situarme en la trinchera, pero, efectivamente, es un pulso para descubrir qué me ofrece el otro, qué me da de lo que le pido»). Asimismo, para intentar conocer qué ingredientes han conseguido mantenerle más de 40 años en activo: «La disciplina siempre me otorgó cierta independencia. Yo no tenía ambiciones, pero me permitía independizarme de todo. Luego se convirtió en una profesión y en un reto constante». El formato era sencillo: los seguidores de FotoColectania habían hecho llegar sus preguntas previamente a la institución, que el director iba leyéndole al encuestado. De ahí que en la conversación se colaran cuestiones sobre motos (otra de las grandes pasiones de García-Alix) o ese libro que le debe «al Jhonny» y que no termina de salir: «Hace falta más chicha», confesaba el autor. Respuestas que el fotógrafo lanzaba como alegatos, sin que los seguidores (que llegaron a ser más de 320 en su pico más alto) supieran si habían sido o no concluidos: «Tus silencios, Alberto... Hay que saber aguantarlos», confesaba Font de la Mora. García-Alix se remontó a sus orígenes, pero también parlamentó sobre los avances de la técnica: «La fotografía ha estado en perpetuo cambio. He visto pasar tendencias, pero, sobre todo, técnicas. Cuando yo empecé, la foto era algo muy técnico, no se tenía en cuenta el aspecto creativo. Que hoy existan espacios como FotoColectania demuestran la evolución. Entonces, todos querían ser reporteros. Luego se ha tendido al eclecticismo. Pero cualquier aparato con lente por el que podamos mirar es fascinante. ¿Hacia dónde vamos? Eso no lo sé». Y tuvo palabras para sus proyectos más recientes, como su no lejano viaje a Perú («A Lima, una ciudad dura para ser fotografiada porque no tiene sol») o su proyecto para el Museo del Prado: «No lo doy por concluido. Necesitaría más de un año para ello. A mí no es un sitio que me haya influido mucho, pero siempre lo vi como una gran escuela de retratos». «Algo de sibaritas» Y cuando parecía que nos embargaba la nostalgia –«espero que no se pierda la fotografía química, pero se está convirtiendo en algo de sibaritas: sus materiales cada vez son más caros, y cuesta reponer lo que se rompe. A mí me está convirtiendo en un ratón de mercadillos»–, García-Alix llega con su guadaña dialéctica: «Ya no hay piedad en mis búsquedas». «Nunca he dejado de hacer fotos. Lo que hay son épocas más brillantes y épocas menos brillantes. Pero necesito hacerlas para engrasar el nervio óptico» Con este superviviente de la Movida –etiqueta de la que también se habló y con la que no se siente muy cómodo–, un autor bien representado en FotoColectania y que protagonizó una de sus muestras colectivas más recientes («La Movida, crónica de una agitación»), la institución, en estos momentos excepcionales, apuesta de otra forma por la fotografía desde sus programas virtuales para seguir conectada con el público. De esta manera, su otra cita en cartel, la exposición «Daido Moriyama: A Diary», también cobra vida virtual en las redes y en la web de la fundación a través de imágenes, videos, textos y testimonios del propio fotógrafo japonés, premiado en 2019 con el Premio Hasselblad. La colección de Foto Colectania se mostrará así semanalmente con series de sus grandes fotógrafos, que arrancaban ayer jueves con la charla en Instagram con Alberto García-Alix.

Ha llegado en mitad de un cambio de zeitgeist que resta algo de trascendencia al valor de su mensaje, pero aun así «Gigatón» sigue siendo el disco de guitarras más esperado del año. El regreso de Pearl Jam tras siete años de silencio discográfico es noticia en la industria de la música, y aunque los de Seattle han tenido que paralizar su gira por el coronavirus, sus nuevas canciones ya están registrando cifras millonarias en las plataformas de streaming. Presentado con una portada que muestra el deshielo de un glaciar, «Gigatón» pone el acento en el desafío del cambio climático. Pero también en el distanciamiento social causado por las redes sociales y en las políticas de Trump, así que sus letras también tienen mucho que decir estos días. Musicalmente, este álbum coproducido por el proio grupo junto a Josh Evans mantiene la marca de la casa en casi todo su repertorio, con la excepción de algunos temas como «Dance of the Clairvoyants», donde despliegan un experimento de tintes ochenteros que ha generado una fuerte división de opiniones entre sus fans. Sin embargo, la prensa lo ha recibido con aplauso generalizado.<iframe width="500" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/ymf7DZUeVow" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe> Entre las muchas reacciones positivas sobre el álbum, Associated Press dice: «Pearl Jam han vuelto con un soberbio nuevo álbum». Rolling Stone le adjudica una puntuación de cuatro sobre cinco y asegura que «la banda ha mezclado el deprimente desasosiego y la angustia de “Jeremy” y de “Alive” con la ternura e incluso con ráfagas de esperanza». UPROXX dice; «Pearl Jam es un valor seguro en un momento donde hay una falta de fiabilidad notable», y Spin lo ha bautizado como «su mejor álbum desde finales de los ‘90».<iframe width="500" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/GjeRrJljrHs" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe> «Hacer este disco ha supuesto un largo recorrido», comenta el guitarrista Mike McCready. «A veces ha resultado desconcertante y emocionalmente oscuro, pero también a la vez una hoja de ruta experimental y fascinante hacia la redención musical. Colaborar con mis compañeros en “Gigaton” me ha otorgado básicamente mayor consciencia, amor y conocimiento de la necesidad humana de conexión en estos tiempos».<iframe width="500" height="315" src="https://www.youtube.com/embed/fYSazphh_C8" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe> Pearl Jam celebran en 2020 30 años de carrera en directo. Con 11 álbumes de estudio y lanzamientos de cientos de actuaciones únicas o ediciones piratas «oficiales» de conciertos, la banda sigue contando con las alabanzas de la crítica y disfrutando del éxito comercial con más de 85 millones de álbumes vendidos en todo el mundo y la inducción en 2017 al Rock and Roll Hall of Fame.

La "asfixia por ventiladores" ha sido considerada como una de las principales causas de accidentes durante el verano en Corea del Sur. Pero, ¿qué tienen de peligrosos estos aparatos en el país asiático?

“Siempre es más fácil obtener perdón que permiso”, decía la nota que dejó Banksy junto al mural que maravilló a los pequeños estudiantes.

Hace 25 años la lucha de Katie Koestner por impedir que su violación quedara impune ayudó a popularizar un concepto que sirvió para visibilizar un viejo problema: el “date rape”, las violaciones durante una cita romántica.

A mi mamá no le gusta el boxeo pero cuando le cuento lo que Alí dijo sobre el Parkinson muestra su aprobación. Uno de sus libros me abrió los ojos sobre cómo es vivir con la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente.

Esta semana, nos gustaría que compartieras con nosotros tus fotos de VIAJES: en tren, camino al trabajo, navegando en altamar ... todos realizamos viajes hacia alguna parte todos los días. Inspírate con esta galería.

En la era victoriana fotografiarse junto a los muertos se convirtió para muchas familias en la única forma de tener una imagen permanente de un ser querido que había fallecido muy pronto.

El surfista sudafricano Brett Archibald fue a disfrutar de su pasión con sus amigos. Pero el viaje se convirtió en una pesadilla cuando se cayó por la borda en medio de la noche en el Océano Índico. Y vivió para contarlo.

La familia del destacado boxeador, que murió hace dos días, organizará una gran procesión y celebración fúnebre el próximo viernes en Louisville, Kentucky, donde podrán asistir las personas que quieran de todos los rincones.

La ceremonia de inauguración este miércoles del túnel de San Gotardo, el más largo del mundo, fue, cuanto menos, rocambolesca. Te mostramos algunas imágenes de lo que sucedió. No siempre logramos comprender su significado.

Los nuevos planes papales incluyen la suspensión de aquellos obispos que no gestionen "adecuadamente" los casos de abusos sexuales por parte de algunos curas. Según el papa Francisco, las leyes actuales serán endurecidas.

Ver a Alí en acción era una experiencia electrizante, una combinazión de fuerza primaria y belleza artística. Pero el impacto más profundo y su verdadera grandeza se realizó fuera del cuadrilátero.

Imponente, provocador, filosófico y formidable. El mítico boxeador Mohamed Alí ganó el respeto de muchos alrededor del mundo tanto por su talento extraordinario como su postura ante la opresión de su raza.

Para muchos, Alí fue el atleta más grande de la historia, pero también una polémica figura con voz política que puso sus principios por encima de todo.

El montaje de la argentina Lola Arias pone a seis veteranos a hablar, cantar, bailar y pelear para reconstruir una guerra que jamás los abandona. El jueves se estrenó en el Royal Court de Londres.

La dramática saga de Yamato Tanooka, el niño de 7 años que fue abandonado en un bosque por sus padres pero luego encontrado sano y salvo, ha despertado una polémica en Japón sobre qué es la buena crianza de los hijos.

Con su simpleza e ingenio este personaje describe y aconseja con humor a la sociedad mexicana. Dice por ejemplo: "El que tenga burros que los amarre, y el que no, pues no"... Su creador murió esta semana.

El niño de 7 años estuvo extraviado casi una semana en un bosque espeso, con bajas temperaturas, sin alimento y con la amenaza de osos que habitan en la región. Te contamos qué le pasó y cómo logró sobrevivir.

Las inundaciones amenazan París, lo que hizo que el famoso Museo Louvre, el más visitado del mundo, fuera cerrado al público. En la capital francesa y sus alrededores 25.000 personas permanecen si electricidad.

Es uno de desiertos más calurosos y grandes del mundo, localizado entre México y Estados Unidos. Muchos migrantes mueren allí porque se ven forzados a tomar rutas más remotas y peligrosas en su intento de cruzar la frontera.

La oficina del forense que investiga la muerte del artista confirmó que la causa fue una sobredosis del analgésico fentanilo. Prince fue hallado sin vide en su residencia de Minneapolis el pasado 21 de abril.